El Gobierno atraviesa un momento crítico. Las denuncias de corrupción y las conductas éticamente cuestionables generan ruido, pero el malestar profundo proviene de la economía cotidiana. Entre tensiones internas, defensas fallidas y declaraciones que exhiben desconexión con la vida real, la gestión aparece cada vez más paralizada y cuestionada.
Entre quienes están intoxicados de información política suele suponerse que la ciudadanía puede recitar detalles sobre los casos de corrupción o las situaciones dudosas que involucran al oficialismo, como el caso $Libra, las propiedades de Manuel Adorni o cuántos funcionarios accedieron a hipotecas en el Banco Nación. La mayoría no sigue esos expedientes con precisión. Lo que sí percibe son conductas inapropiadas en el poder, en un contexto de deterioro económico que obliga a ajustar hábitos de compra, endeudarse o resignar consumo. En ese marco, el acceso de funcionarios a hipotecas en condiciones ventajosas funciona como un símbolo irritante. No importa si el hecho encaja o no en un tipo penal; importa que contradice la lógica de quienes padecen un ajuste mientras ven a dirigentes ligados al poder obtener créditos inaccesibles para el resto. “Si no llego a fin de mes cómo puedo pensar en comprarme una propiedad. “La sanción pública a Adorni responde al mismo sentimiento.
Las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, en su entrevista con Luis Majul ilustran esa distancia con el sentido común. Cuando afirma que alienta a sus funcionarios a endeudarse porque eso beneficia al país, o que Argentina debería avanzar hacia un sistema hipotecario similar al estadounidense, donde el impago es un problema de los bancos, parte de un diagnóstico equivocado: describe un problema que no existe y omite el que sí afecta a la mayoría.
Los datos de opinión pública muestran con claridad las dificultades actuales de la población. En nuestro estudio nacional de marzo, solo el 27% de los hogares declaró llegar a fin de mes sin problemas. El resto recurre a estrategias defensivas: 50% dejó de comprar productos necesarios, 23% se endeudó con tarjeta, 22% pidió dinero prestado y 14% debió usar ahorros. No se trata de hipotecas impagas, sino de endeudamiento para subsistir.
La desagregación por nivel socioeconómico confirma que el ministro expresa la lógica de los sectores más altos de la sociedad. Entre los más empobrecidos, 55% cambió hábitos, 36% pidió dinero prestado y 26% usó la tarjeta para financiar gastos básicos. En la clase media baja, la mitad modificó hábitos de compra, 21% pidió dinero prestado y otro tanto se endeudó con la tarjeta. Incluso en la clase media típica, 50% cambió hábitos, 24% tomó deuda vía tarjeta de crédito y 15% necesita que le presten dinero para cubrir gastos corrientes. El endeudamiento dejó de ser una herramienta de inversión familiar y se convirtió en un mecanismo para compensar ingresos deteriorados.
En los barrios populares del Conurbano, la falta de ingresos y la necesidad de crédito abren espacio a prestamistas informales que operan con tasas usurarias. En algunos casos se señala que estructuras vinculadas al narcotráfico ocupan el vacío dejado por el Estado y se convierten en referencia financiera para sectores sin acceso al crédito formal.
Milei enfrenta ahora el riesgo de la desilusión. Como muestra la mayoría de las encuestas, un sector de sus votantes comienza a preguntarse si el esfuerzo del ajuste vale la pena. Su triunfo se apoyó en un enojo profundo con la dirigencia anterior, cuando el encierro por el covid-19 y el temor a la muerte fueron burlados por una fiesta de cumpleaños Si la situación económica no mejora y los gestos de privilegio se acumulan, ese enojo puede reorientarse y volverle como un bumerán.
*Escritor y periodista.