El FMI aprobó, pero le tiró las orejas a Caputo: hubo advertencias sobre reservas, ajuste y deuda
El organismo validó la gestión y respaldó el rumbo general de la economía, pero marcó con claridad los puntos sensibles del programa. Reclamó mayor acumulación de reservas, ratificó el equilibrio fiscal como eje central y puso la lupa sobre la estrategia para afrontar vencimientos futuros. También exigió avanzar con reformas, financiamiento externo y uso específico de eventuales privatizaciones. El desembolso restante dependerá ahora de cumplir medidas aún no explicitadas, mientras el Gobierno busca sostener el optimismo oficial, zamarreado ahora por denuncias de corrupción.
El “Gran Hermano” fue diplomático. Optimista. Incluso, algo festivo. Pero, en puntos importantes, implacable. El Fondo Monetario Internacional (FMI), el gran veedor a lo Santiago del Moro, venía observando en silencio lo que sucedía en la economía y las finanzas (y algo de la política) de la Argentina del primer trimestre. Anotó todos los logros y cambios de estrategias oficiales, como la decisión de, ahora sí, comprar todos los dólares que se puedan para reforzar las reservas del Banco Central. Pero también las importantes deudas del arranque del complicado 2025. No hubo reparos del organismo en los reclamos por la poca fortaleza de la recaudación, el sostenimiento del gasto y las dudas sobre la estrategia financiera para conseguir los dólares para cumplir con los pasivos de deuda. Fundamentalmente con los US$ 21 mil millones que hay que pagar en 2027. Especialmente los 7 mil millones que hay que liquidarle al propio Fondo.
Solo hay que seguir el texto que el Ministerio de Economía y el “Gran Hermano” distribuyeron en conjunto el miércoles pasado a la tarde, luego de presentar en sociedad la firma de la aprobación de la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas, correspondiente al cierre del ejercicio 2025.
- “El impulso de las políticas se ha fortalecido en los últimos meses con la aprobación por el Congreso del Presupuesto 2026 y legislación clave de reformas, así como con ajustes al marco monetario y cambiario que han dado lugar a una incipiente acumulación de reservas, mejorando la capacidad de Argentina para manejar shocks”. Aquí la clave se encuentra en la palabra “incipiente” en la manera de describir la política de compra de dólares por parte del Banco Central, y por orden de la Casa Rosada. Fue una de las mayores críticas del Fondo la decisión oficial (venida directamente del Poder Ejecutivo) de no acumular reservas en el primer semestre de 2025, buscando que la banda cambiaria llegue a los 1.000 pesos para ahí recién comenzar a adquirir divisas. El que criticaba esta medida era calificado de “mandril”, lo que implica una curiosidad, dado que también el FMI militaba la necesidad de comprar dólares y mejorar las defensas del BCRA. La historia es conocida. En septiembre el oficialismo pierde las elecciones en la provincia de Buenos Aires y semanas después, sobre el abismo de las clásicas corridas cambiarias criollas, el gobierno de Javier Milei recibió el rescate financiero de los Estados Unidos, que incluyó hasta compra de pesos para demostrar que la alianza venía en serio. Desde 2026 la estrategia cambió y el Central no deja de comprar dólares, algo que hasta la primera quincena de abril no se reflejó en las reservas, y de ahí la calificación de “incipiente” y la orden de seguir en este sentido.
- El equilibrio de caja cero seguirá siendo el principal ancla del programa, consistente con un superávit primario del 1,4% del PBI este año y respaldado por un control firme del gasto, al tiempo que se mantiene espacio suficiente para asistencia social focalizada. Si bien el párrafo se puede interpretar como una flexibilización de la meta de superávit primario (recaudación menos gastos), ya que la meta original para 2025 pasa del 2,2 al 1,4%, sigue siendo en las circunstancias actuales un desafío importante teniendo en cuenta que la recaudación impositiva del primer trimestre del año está casi un 7% por debajo de la inflación. Lo que el FMI está diciendo es que se actualiza para menos exigente el norte del superávit, pero que el Ejecutivo debe continuar con su política de motosierra. La buena noticia quizá es que en algún sentido, y con la vuelta de la inflación a niveles preocupantes, se puede sumar a la fórmula también a la licuadora. Para esto el Gobierno congeló gastos en el primer trimestre, política que puede continuar hasta junio. Por ahora, en este capítulo, las cosas van relativamente bien. En la semana, el Ministerio de Economía informó que el superávit primario llegó al 0,5% del PBI, con lo que repitiendo la experiencia en lo que resta del año ese 1,4% será cumplido con solvencia, pero sin sobras. Pero surgen problemas. Si la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo, obliga al Gobierno a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario (algo que, parece, sucederá), el gasto tendrá un incremento del 0,4% de piso, con lo que la meta comenzará a complicarse. Y podría ser el tiempo de ponerle kerosene a la motosierra. Algo que podría ocurrir en el segundo semestre.
- Las autoridades están comprometidas a seguir fortaleciendo la capacidad de Argentina para gestionar shocks. Se proyecta que las reservas internacionales netas aumenten al menos US$ 8 mil millones en 2026. Aquí el “Gran Hermano” es claro y directo: el Banco Central debe aumentar sus reservas en no menos de US$ 8 mil millones, partiendo de los aproximadamente US$ 50 millones en positivo que hay de cierre de semana. Es la meta más dura a ejecutar y la de más difícil cumplimiento. Y que, spoiler alert, probablemente no se logre. Pero no será lo mismo no conseguirla por unos 1.000 o 2.000 millones; que estacionarse en el nivel de enero 2026. Esto es, cero reservas netas. Es la gran jugada de este segundo trimestre del año, coincidiendo con la “temporada de soja”, donde se esperan las liquidaciones anuales más importantes del campo, con una proyección de ventas en dos meses de más de 10 mil millones de dólares. Hay algo positivo en la expectativa: el resultado se conocerá pronto. Para julio las reservas del BCRA deben estar en un nivel positivo y aceptable, porque en el segundo semestre comienza la mala hora de salida de divisas de todos los años. Incluyendo los US$ 1.400 millones que habrá que pagar de importaciones de GNL para pasar el invierno. La buena noticia en este dato es que quizá sea el último año en que se tengan que perder dólares por este capítulo. Vaca Muerta y sus gasoductos mediante.
- Se está implementando una estrategia multifacética para refinanciar obligaciones en moneda extranjera, mediante la continuidad de emisiones de deuda en dólares bajo ley local, ventas de activos del Estado, operaciones repo del Banco Central y préstamos externos, potencialmente respaldados por organismos financieros internacionales. Algo de lo que dice el “Gran Hermano” en este párrafo se conoció horas después de la publicación de este comunicado conjunto entre el gobierno argentino y el FMI. El jueves se anunció que el Banco Mundial aportaría garantías por unos US$ 2 mil millones para conseguir financiamiento externo. Y que desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF vendrían otros mil millones más. El texto habla además de más operaciones del tipo REPO y la colocación de deuda en dólares en el mercado criollo, especialmente a través de los bonares 2027 y 2028 que esta semana tuvieron una vuelta exitosa con unos US$ 300 millones de pesca para el Central. Lo interesante está en los detalles del párrafo. Especialmente cuando se menciona que las “ventas de activos del Estado” deben ir a solidificar la posición financiera para el pago de pasivos, y no para otro destino. Hay que recordar que se vienen las privatizaciones de Transener, corredores viales y, quizá, el Ferrocarril Belgrano, lo que le permitiría al Gobierno conseguir unos miles de millones de dólares más durante este año. El problema es que este dinero debe ir a pagar deudas, no para otros fines. Por ejemplo, el que anunció Javier Milei hace diez días, sobre que el 10% de las privatizaciones irían al presupuesto para la compra de armamento militar, como otra tanda de aviones supersónicos.
- Sobre la base de avances significativos en desregulación y apertura de la economía, las reformas continuarán enfocándose en impulsar el empleo formal, los mercados de capitales domésticos, la inversión privada y la productividad, incluyendo el desarrollo del potencial de sectores estratégicos como la agricultura, la energía, la minería y la economía del conocimiento. En este párrafo el Gran Hermano reconoce una gran situación de la economía real argentina: solo hay cuatro sectores que representan una locomotora de crecimiento. Se menciona específicamente al agro, oil & gas, minería y, como novedad, a la economía del conocimiento. Faltaría el sector financiero, y se habrá cubierto el espinel de rubros de ganadores del modelo oficial. El FMI, por omisión, descarta al comercio, la construcción y la industria como intervinientes en el proceso de crecimiento de la economía argentina. Una manera de decir “lo sé”.
- Una vez completadas las medidas pendientes, la revisión será elevada al Directorio Ejecutivo del FMI para su consideración. Con esta despedida, el FMI refiere a unas supuestas medidas pendientes, sin especificación, y como condición para que el Board del organismo apruebe la revisión final. Surge la incógnita: ¿cuáles son esas medidas pendientes necesarias para que lleguen los US$ 1.003 millones que el FMI debe liberar por haberse aprobado el ejercicio 2025? Otra vez, lo bueno es que la incógnita se develará rápidamente. No hay mucho tiempo para esperar la liquidación de ese dinero.
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