Despedidas

El otro legado Messi: el genio silencioso que hoy dicta las palabras justas

Durante años habló poco. Después habló en caliente. Con el tiempo aprendió a cuándo y cómo hacerlo. El mejor de todos con la pelota también evolucionó sin ella y su última jugada en redes ofrece una lección que cualquier personaje público debería escuchar.

Lionel Messi Foto: CEDOC

Sin conferencia de prensa ni entrevista exclusiva. Sin periodistas de campo en un post partido. La despedida virtual de Messi como jugador de Selección incluyó una lapicera (una suerte de horrocrux) y tres hojas de agenda manuscritas. Así fue el adiós que rompió más métricas y corazones.

Profundo vacío. Infinito reconocimiento. Entrelazados en un caso de estudio, de interés cultural. El hombre y Pulga que durante el mayor segmento de su carrera se expresó mejor con los pies que con su voz eligió, para cerrar una de las etapas más importantes de su (nuestra) vida, el formato más humano posible.

La escena digital que suscitó empatía y aceptación por miles de millones permite valorar su periplo del héroe desde otro lugar: al rótulo de mejor futbolista de su generación por unanimidad, se sumó el gran switch a la hora de comunicar. Pasó del joven que hablaba a cuenta gotas al líder que, sin postergar la timidez y las abundantes reservas de humildad, aprendió a seleccionar palabras y tiempo para aquello que el público necesita escuchar.

El silencio comunica

En sus primeros años con la albiceleste, el estrado definía al rosarino por aquello que no decía.

Pese a la exigencia popular, no gritaba, no puteaba. No había indicios de rebelión. Cotejado versus colegas que alimentaban marcas personales con altas dosis de carisma, él transitaba la ruta inversa. Su fórmula marketinera era menos show y más goles.

Informar es administrar, dirigir sentidos. Y en esa etapa inicial el goat construyó los suyos a través de una conducta insonora para el grupo crítico de audiencia. La gambeta era jugar, ganar, perder algo y volver a intentarlo.

El núcleo del storytelling estaba en la cancha y fuera de ella sembró credibilidad por acumulación: él y la pelota. Con sus hijos, con sus compañeros. En estadios, en casa. Ploteado. En malla. Pero siempre con la pelota. No scrollen más. Es el cuento de un tipo que simplemente ama jugar al fútbol.

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El quiebre

Las derrotas decisivas a partir de 2014 abrieron una discusión que excedía el verde césped. Para los detractores (¿se acuerdan?) Mr. Balón de Oro no solventaba el estereotipo que ellos mismos habían edificado.

Y lo quebraron. Amagó con tirar la toalla al sufrir el segundo golpe consecutivo contra Chile por la Copa América Centenario 2016, en una clara demostración de que aquel genio silencioso convivía con la frustración, la presión y el deseo. “Se terminó para mí, no se me da”.

Intermitencias lejanas. El crack de los cracks volvió, en Rusia tambaleó, y en 2019 ya con Scaloni al mando y tras derrota en semis americanas con Brasil disparó fuerte contra los arbitrajes. Con el tan esperado trofeo continental se liberó. Y ahí sí, las segundas partes pueden estar buenísimas.

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Un ethos de diez

Del maracanazo argento en 2021 a la actualidad, el extraterrestre de esta historia lloró, gritó, pataleó; disfrutó como un niño otra vez. La transformación fue discursiva y fue corporal.

Dejó de intentar responder a una demanda externa sobre cómo debía comportarse una estrella y empezó a compartir una imagen mucho más cercana a quien realmente era. Un check para toda figura o figurita: la autenticidad garpa.

Aristóteles dijo hace más de dos mil años que la persuasión no dependía solo de los argumentos del orador sino además del carácter que proyectaba. Probablemente creamos en alguien antes de analizar por completo lo que dice.

¿Pertenencia? ¿Compromiso con el país más futbolero de todos? Sin declarar para la tribuna, el capitán actuó. Empujó. Compitió. Así consiguió lo que parecía imposible. La narrativa se dictó con hechos y amalgamó su ethos con consistencia. Cuando llegó el discurso, encontró un terreno apto y un auditorio universal dispuesto.

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La verdad apaga el ruido

Una carta elaborada dos días después de la fatídica final y revelada un mes más tarde. Leo explicó que, a raíz de la muerte de su padre, estaba más convencido que antes.

La temporalidad de la difusión reforzó su legitimidad y el modo acompañó el mensaje. Un mazazo furibundo pero procesado que ya nadie se animó a retrucar.

De manera similar había clausurado la grieta conspiranoica acerca de la coronación española en el MetLife. Al despedir a Jorge, contó a corazón abierto una verdad que solamente él podía contar. No necesitó discutir intrincadas teorías. Sin rodeos describió su padecimiento y en qué momento esas piernas marca patrimonio de la humanidad “ya no dieron más”. Su versión cambió el marco de interpretación de los hechos que nos anestesiaron, incrédulos, post ingleses y Malvinas argentinas.

Nueva lección de vocería: no sentirse obligado a responder al ruido hasta encontrar el mensaje capaz de ordenar la conversación.

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El otro legado Messi

Atrás quedó ese tóxico vínculo inicial con un sector de la sociedad. Hoy se respira una sensación colectiva de gratitud. Sus despedidas, sus mensajes, unen; y quedarán sellados en un último baile monumental.

Una personalidad pública, un vocero, no es únicamente alguien que habla. Debería ser alguien a quien los demás estén dispuestos a escuchar. Con frecuencia se confunde comunicar más con comunicar mejor.

Sin la pelota pegada al pie, el astro dibuja una jugada más para el manual: la eficacia en el mensaje se cultiva.

Es vigencia en el relato; es también prudencia. La leyenda viviente no solo perfeccionó su técnica con la derecha, con la cabeza y se erigió como orfebre de tiros libres. Rompiendo la tendencia, tejió un aparato de transmisión a la altura de su escala global.

Le tomó más de veinte años dribblear ese camino. Preparado y sofisticado como el de una celebridad. Original y potente como el de un mito.

Cuando un vocero consigue que su palabra sea propia y coherente ocurre lo más difícil de toda comunicación: ¡Qué te crean!

 


*Licenciado en Comunicación. Director de Vocerías de la Ciudad de Buenos Aires.