Lionel Messi emociona. No digo nada nuevo. Nada nuevo se puede decir del capitán de la Selección argentina. Lionel Messi eriza la piel con su juego y con sus formas. Tampoco es original. No hay forma de ser original ante semejante deportista (DEPORTISTA en mayúscula). Como quisiera tener el talento de Clarice Lispector o Jorge Luis Borges para encontrar palabras justas para armar un texto que lo justifique. Mis carencias como narrador quedan expuestas.
Lo intentaré.
Crecí en la década en que Diego Armando Maradona hacia cosas imposibles y me enseñó que jugar en la Selección argentina era lo más importante. Nunca hay que olvidar que hasta la llegada de César Luis Menotti antes no era prioridad la selección. Maradona, Ruggeri, Burruchaga, Kempes, Pasarella, Bilardo y tantos más nos dejaron ese legado: amar la camiseta de la Argentina. Crecí admirando al Diego y el Diego era (es) mi superhéroe. Cuando el Diez se retiró creí que jamas volvería a ver nada igual y me dio melancolía por los pibes que no habían visto a semejante futbolista.
Me equivoqué. Lo admito. Llegó Lionel Messi.

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¡Como envidio a los niños de hoy que pueden mirar con esos ojos únicos a Messi! Los envidio, quisiera ser como ellos y sorprenderme en cada acción, en cada gol, en cada festejo, en cada participación. Qué hermoso debe ser mirar a Messi y maravillarse con la mirada infantil.
Pero me freno en la escritura. Escritura que sale urgente y con la necesidad de decir lo que siento en este instante, donde Messi acaba de sorprender a propios y extraños con su fútbol. Me freno para decirle gracias, porque él se está transformando en mi momento para volver a ser un niño y emocionarme con él. Para volver a creer que siempre puede haber magia, que la magia existe, que los Maradona existen, que los Messi existen. Y me maravillo con el Creador que nos lo regaló: los hizo argentinos.
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Y disfrutamos un nuevo mundial y nos ilusionamos y volvemos a ser niños creyendo en superhéroes. No me piden que sea racional, no puedo: escribo con el corazón, con la alegría de haber sido contemporáneo de Maradona y Messi... y con la felicidad de aplaudir a rabiar las estelaridades de Leo. Messi le sigue mandando mensajes a los pibes y pibas: es hermoso jugar en la Selección.
Qué lindo es ser por un ratito un niño, una niña y creer que el futuro puede ser esperanzador gracias a los pies de un héroe con la camiseta número 10 en la espalda.
