opinión

Gobernadores mileístas

Tiempos posmodernos. Foto: Pablo Temes

Ninguno de los resonantes triunfos legislativos que lleva cosechados en estas sesiones extraordinarias Javier Milei puede explicarse sin ellos. Pese a que nadie tiene adn libertario y hasta muchos son peronistas, la mayoría de los gobernadores respaldaron al Gobierno en estas leyes tan medulares como polémicas. En estos días se hicieron notar más que nunca ante la reforma laboral, nada menos.

Lo curioso es que gran parte de esos mismos mandatarios provinciales durante el año pasado y hasta hace cuatro meses mandaban a votar todo en contra de los proyectos oficialistas. Incluso hicieron su aporte para voltear vetos presidenciales.

Pasaron cosas, claro. Muchas. Todas con un halo de complejidad que debería evitar la tentación por argumentaciones agrietadas.

La principal, acaso, tenga relación con la sólida victoria electoral nacional de LLA en octubre. Sus secuelas fueron múltiples. Mejoró notablemente la representación mileísta en el Congreso, que además se nutrió del efecto arrastre que conlleva la aspiración de subirse al carro de los triunfadores.

A un puñado de gobernadores les costó poco la sociedad, si hasta compartieron sus listas y las pintaron de violeta. Tal el caso del porteño Jorge Macri (golpeado por el shock libertario en los comicios locales), el entrerriano Rogelio Frigerio, el mendocino Alfredo Cornejo, el chaqueño Leandro Zdero o el puntano Claudio Poggi (que ni boleta propia presentó).

Todos ellos pertenecen (¿o hay que conjugarlo en pasado?) al PRO o la UCR, que formaban parte del extinto sello de Juntos por el Cambio. Qué tiempos aquellos.

A este grupo hay que sumar al radical correntino Juan Pablo Valdés y al sanjuanino Marcelo Orrego, pese a que compitieron en sus distritos con LLA. Todos ellos son habitués del auxilio a la Casa Rosada y la reforma laboral no fue la excepción.

Como satélites del planeta oficialista suelen orbitar algunos peronismos provinciales, alejados hace tiempo de la marca PJ o del kirchnerismo. Allí figuran el salteño Gustavo Sáenz y el misionero Hugo Passalacqua, a quienes suele agregarse el santacruceño Claudio Vidal, proveniente de la galaxia sindical, y el neuquino Rolando Figueroa (ex MPN). Más votos a favor de los flamantes cambios en la normativa del empleo.

Quedaron en falsa escuadra los miembros de Provincias Unidas. Quienes representan al radical santafesino Maximiliano Pullaro avalaron la reforma, los del peronismo cordobesista de Martín Llaryora se dividieron (entre positivos, negativos y ausencias, como la de Juan Schiaretti y su esposa Laura Vigo), al igual que los jujeños del radical Carlos Sadir o los chubutenses de Ignacio Torres, del PRO.

El rompecabezas variopinto en ayuda de Milei se completa con dos gobernadores peronistas que se mantienen dentro de la estructura partidaria. Uno es el catamarqueño Raúl Jalil, cuyos legisladores aportaron su trasero en las bancas para que LLA consiguiera el quórum, contra la estrategia del bloque de UxP al que pertenecen. Después, rechazaron el proyecto. Picardía pura.

El caso más curioso sigue siendo, como se ha contado ya varias veces en este espacio, el del mandatario tucumano Osvaldo Jaldo. A partir del arribo de Milei a Balcarce 50, se convirtió en el primer peronista libertario y promovió un bloque aparte, al punto que el fino humor provincial lo rebautizó como Jaldei.

Llegada la campaña electoral del año pasado y un acuerdo para que el peronismo de Tucumán evitara dividirse, Jaldo se convirtió en un casi feroz opositor al Presidente. Como un therian político, se sacó la máscara de lobo y se volvió a poner la del león pasados los comicios. Bancó la reforma laboral, obviamente.

¿Por qué estos vaivenes de los gobernadores? La afinidad político-ideológica puede ser una de las tantas respuestas. Hay más.

Varios de ellos toman nota de los vientos electorales. Tienen detectado y estudiado que muchos de sus votantes a nivel local apoyaron a Milei. No sólo en la segunda vuelta presidencial de 2023, sino sobre todo en la legislativa de medio término. ¿Están dispuestos a confrontar con la voluntad que expresan sus propios electores? Difícil.

Existen además necesidades materiales, en nombre de gestionar distritos que sufren en carne propia las dificultades económicas en amplios sectores productivos.

Para peor, las provincias no lograron eludir la motosierra libertaria y menguaron los fondos que recibían de la Nación. Tanto por coparticipación (por la caída de la recaudación de impuestos que se distribuyen), por obras públicas que el poder central dejó de financiar y por el brutal recorte de los Aportes del Tesoro, que se reparten de manera arbitraria. Dentro de la escasez general, los más beneficiados son los mandatarios más amigables. Debe ser una coincidencia.

Como extra, para endeudarse en el exterior, cualquier provincia requiere del aval nacional. Ya emitieron bonos en dólares Córdoba, Santa Fe y Ciudad de Buenos Aires. Axel Kicillof sigue esperando una luz verde que se demora.

Esta suerte de extorsión político-financiera implica un arma de doble filo. Es cierto que Milei (como hicieron otros presidentes en el pasado reciente, empezando por Néstor Kirchner) puede y la usa para obtener respaldos. Sobre esa estrategia, ejecutada por el ministro del Interior, Diego Santilli, se monta para conseguir próximamente sacar en el Congreso nuevas y controvertidas leyes. Esto no termina acá.

Pero también le impone un límite al Gobierno: fueron los gobernadores los que impusieron bajar de la reforma laboral la reducción del Impuesto a las Ganancias para las empresas, porque les impactaría en menos fondos coparticipables. El promocionado lema oficial de “No hay plata” sabe de singularidades. Y los mandatarios de las provincias intentarán utilizar ese arma a su favor. A cambio de votos legislativos, claro.

Contra lo que podría creerse, el grupo de gobernadores peronistas que se oponen férreamente al mileísmo vuelve a mostrarse funcional. Salvo el pampeano Sergio Zilliotto, ni siquiera se sientan a dialogar. Menos aún a armar proyectos alternativos serios, sostenibles y consensuados con otros sectores.

El bonaerense Kicillof, el formoseño Gildo Insfrán, el fueguino Gustavo Melella y el riojano Ricardo Quintela cargan encima con el peso de recordarle a una parte importante de la sociedad que el pasado no quedó tan atrás. 

La persistencia de ese alto porcentaje de rechazo social es otro crédito del que todavía disfruta Milei. Habrá que ver hasta cuándo. La misma incógnita envuelve la inestable fidelidad de los gobernadores mileístas. Nada es para siempre.