Finalmente tuvo media sanción en Diputados la llamada reforma laboral. El Gobierno fue modificando o eliminando algunos artículos del proyecto para sumar apoyo a la iniciativa.
Primero, cedió en la propuesta de transformar en voluntarios los aportes a sindicatos y a cámaras empresariales, los que continuarán siendo obligatorios, aunque con topes más bajos. También cedió con los gobernadores, los que reclamaban que el Ejecutivo diera marcha atrás con los cambios en el Impuesto a las Ganancias y su consecuente reducción de los montos coparticipables. Además, ante la presión de los sectores parlamentarios “dialoguistas”, el Gobierno aceptó eliminar el artículo 44 del proyecto de ley: este proponía que, en licencias por enfermedad o accidentes no laborales, los trabajadores cobrarán el 50% o el 75% del salario, según el caso.
El procedimiento fue siempre el mismo: eliminando lo que era cuestionado por sectores afines, el Gobierno sumó apoyos a la totalidad del proyecto de ley que quedaba en pie. Es decir: cada vez que cedía en algunos puntos extremos, reconstruía el frente parlamentario necesario para aprobar la iniciativa. Por supuesto, lo que quedó en la ley resulta tan regresivo para los trabajadores/as como lo que fue suprimido.
Entre otros puntos: el Banco de Horas, que en la práctica termina con las horas extras; la fuerte limitación del derecho de huelga mediante la generalización de las actividades esenciales; las vacaciones fraccionadas; los convenios por empresas y la eliminación de la ultraactividad; la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para indemnizaciones, que se integra con un aporte a cargo del empleador del 1% mensual para grandes empresas y 2,5% mensual para MiPyMEs, lo que se resta a las contribuciones a la Anses por el mismo porcentaje.
La votación se produjo en el marco de un fuerte paro de actividades con un muy importante acatamiento y nutridas marchas en innumerables ciudades en todo el país.
Casi en simultáneo, el miércoles, el directorio de la empresa de neumáticos Fate anunció el fin de sus actividades. Más allá del dramatismo de la pérdida del empleo para 920 trabajadores/as, no es un cierre más de una compañía. Un símbolo de la llamada “burguesía nacional” termina su ciclo. Una marca local emblemática que, desde su fundación en 1940, atravesó dictaduras y gobiernos neoliberales de distinto tipo. Ni Martínez de Hoz, ni Cavallo ni Macri, ni siquiera la pandemia pudieron con ella. Sin embargo, lo que no ocurrió en décadas terminó sucediendo en los últimos días. Es una consecuencia más de un modelo importador que sustituye la producción local.
Algunos datos: en 2025 se importaron en la Argentina 8 millones de neumáticos sobre un mercado que ronda los 10 millones. El 75% de este producto en el país fue abastecido por multinacionales que recurren a las importaciones. Pero no se trata de un fenómeno restringido a esta rama de producción.
En 2025, comparado con el año anterior, se produjo un aumento de 220% de las importaciones de la denominada línea blanca (heladeras, lavarropas, etc.); 121% en maquinaria agrícola; 56% en el sector automotor; 87% en juguetes; 79% en calzado; 67% en textiles, entre otros. Sucede lo mismo con productos alimentarios básicos: 171% en fideos secos; 109% en carnes; 95% en lácteos. De esto hablamos cuando hablamos de modelo.
Estamos ante un modelo que desindustrializa, desregula, quita derechos, y nos conduce al absurdo cuando utiliza la palabra “modernización” para retrotraer un siglo a la Argentina.
El presidente argentino impulsa esta y otras reformas sustentado en lo que él considera el apoyo popular logrado en las últimas elecciones. Sin embargo, el triunfo electoral parece tener otro autor. En la reunión de la “Junta de Paz” para la reconstrucción de Gaza, el presidente de los EE.UU. afirmó: “No se supone que deba apoyar gente, pero lo hago cuando la gente me gusta”. Luego agregó: “Tengo muy buenos antecedentes de apoyar candidatos en EE.UU, pero ahora apoyo líderes extranjeros. Apoyé a Orbán y a este caballero Milei, que estaba un poco detrás en las encuestas, pero terminó ganando en forma aplastante”.
También en lo que respecta a la soberanía estamos un siglo atrás: un presidente de otro país se adjudica el resultado electoral en la Argentina.
*Presidente del Partido Solidario.