La ficción colectiva del dólar barato y un mercado financiero que ahoga a los cumplidores
El atraso cambiario enciende alarmas mientras la morosidad trepa al 25% y las tasas para préstamos personales se vuelven inviables incluso para clientes premium.
Hay un problema central de la economía argentina en este momento que no podemos seguir ignorando, y es la velocidad de la apreciación cambiaria. Los números son contundentes y eximen de mayores comentarios: en lo que va del año, la inflación acumulada ya alcanza el 13%, mientras que el dólar, lejos de acompañar esa dinámica, cayó un 3,7%. Esto configura un escenario de atraso cambiario clásico.
Como bien sabemos, el valor de una moneda y la estabilidad de este tipo de esquemas financieros se sostienen sobre una suerte de ficción colectiva. Mientras todos confiemos en eso, funciona. El problema es que las ficciones, por definición, tienen fecha de vencimiento, aunque hoy no sepamos cuándo se acaba. Yo no creo, como regla general, que ninguna regulación de un Banco Central sea capaz de contener a un mercado cuando este decide expandirse. No hay pulseada en la historia en la que una autoridad monetaria le haya ganado a la realidad profunda del mercado, por más trabas, por más cepos y por más bandas de flotación que intenten imponer. Evidentemente, es un tema de mediano plazo y el curso de la historia dirá cuánto tiempo dura esta ficción colectiva aquí en la Argentina.
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La consecuencia directa de este fenómeno es que hoy una persona puede ganar un 15% más en dólares, pero paradójicamente eso le alcanza para comprar menos cosas en pesos. Para el sector empresarial, el impacto es demoledor: se traduce en un costo adicional en dólares altísimo para las empresas argentinas.
Paralelamente, el frente financiero interno muestra señales de fatiga extrema. Yo presumo que los bancos deben estar pensando que, viendo que hay mucha gente que no está pagando, ese agujero finalmente lo va a tener que pagar alguien. Las estadísticas que maneja el economista Ricardo Delgado son radiografías de una crisis silenciosa: hay 20 millones de argentinos que mantienen deudas. La gran mayoría, unos 15 millones de usuarios, está atrapada entre los bancos, las fintech y las cadenas de venta de electrodomésticos. Lo verdaderamente alarmante es que, de esos 20 millones de deudores, el 25% ya se encuentra en situación de mora tardía, registrando más de 90 días sin pagar sus cuentas.
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¿Y qué pasa con los que sí cumplen? Ahí está la mayor perversión del sistema. Yo soy cliente de la misma entidad bancaria desde hace muchísimos años. Me considero un cliente muy razonable: no tengo deudas, mantengo un comportamiento impecable desde hace 40 años y solo tengo un préstamo personal vigente. Hace apenas unas horas, mi oficial de cuenta me avisaba que las tasas actuales para un préstamo personal oscilan entre el 60% y el 80% anual. Reitero: para un cliente con cuatro décadas de fidelidad y legajo intachable. Es inviable.
Si el sistema financiero castiga de esa manera al tomador de crédito premium para cubrir el rojo de la morosidad generalizada, el circuito productivo se corta. Tenemos un problema grave con la apreciación cambiaria, y el verdadero interrogante que nadie en el gobierno puede responder es: ¿cuándo se termina la ficción?.
MEG/ff
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