La Galaxia Gutenberg y las instituciones
La erosión de la democracia no se explica solo por liderazgos estridentes o campañas virales. La cuarta revolución industrial alteró la forma en que percibimos, procesamos y compartimos la información. Del orden lineal de la imprenta a la inmediatez emocional de las redes, el cambio de medio reconfiguró al ciudadano y descolocó a las instituciones. Entender esta mutación cultural es clave para repensar la representación política en una era de hiperconectividad y crisis de sentido, donde la emoción desplaza al argumento y la identidad prevalece sobre la deliberación racional.
La crisis de las instituciones democráticas, exacerbada por la cuarta revolución industrial, exige un análisis profundo que supere la crítica a la estridencia política o a la banalidad de contenidos diseñados por algunos candidatos, para captar votos en plataformas como TikTok. La comunicación política debe revisar su teoría y práctica en serio. Es indispensable analizar mucha investigación empírica, compararla, y reflexionar sobre los fundamentos del paradigma político actual –en decadencia– para proponer nuevas herramientas de investigación y comunicación que nos permitan comprender a un electorado que ha pasado de la antigua pasividad a una activa participación a través de la red.
El legado de la imprenta. Para comprender el fenómeno, es útil retomar el concepto de Galaxia Gutenberg, concebido por Marshall McLuhan, quien definió con ese nombre a la era iniciada en 1452 con el dominio de la imprenta. Este hito democratizó el acceso al libro, pero sobre todo reconfiguró la percepción de la realidad que tenemos los seres humanos, gestando el pensamiento liberal y las instituciones políticas actuales.
En la sociedad tradicional, la comunicación fue predominantemente oral y auditiva, inmersa en una “resonancia tribal” con liturgias comunitarias, guiadas por la fe y la superstición. La imprenta extrajo al individuo de la tribu.
En la sociedad tradicional los libros eran escasos, accesibles solo para una élite. La imprenta desplazó el eje sensorial de la mayoría de la gente hacia la vista, fomentando una comunicación lineal, lógica y secuencial. Leer y escribir se convirtieron en habilidades indispensables para pensar y para hacer política.
Al organizar el texto de forma sucesiva (línea tras línea, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo), la imprenta impuso una estructura lógica que evitaba el caos del conocimiento.
Esta experiencia cimentó la concepción kantiana del espacio como una estructura fija y geométrica, previsible. El formato permitió que se establezca una distancia entre el lector y el texto, que situó al sujeto como un observador externo y neutro. Esta separación fue la piedra angular del racionalismo y la “crítica” kantiana, que definieron a la mente como un procesador lógico universal.
La proliferación de textos de todo tipo permitió la especialización, motor indispensable para el desarrollo científico y para la Revolución Industrial. Esta habría sido imposible si el conocimiento hubiese permanecido confinado en unos pocos textos sagrados. La verdad dejó de ser un conjunto de dogmas inmutables contenidos en libros esotéricos, para convertirse en un horizonte inalcanzable que impulsa la búsqueda crítica del conocimiento científico.
El medio es el “masaje”. En 1967, McLuhan publicó El medio es el mensaje (message), título que por un error de la imprenta apareció como El medio es el masaje (masage). Marshall McLuhan usó ambas frases para explicar que lo relevante en la comunicación no es el contenido sino el medio, que es el que modela y “masajea” al receptor. En redes como X (Twitter), lo más relevante no es el tema de la discusión, aunque sea sobre Kant o el meme de Trump contra Obama. Lo que impacta en el receptor es la estructura de la red: su brevedad, inmediatez y necesidad de constante interconexión. Más allá de transmitir contenidos, los medios digitales alteran nuestras percepciones e influyen en nuestros comportamientos. Mientras un texto escrito ayuda a elaborar conceptos, lo digital promueve una conexión inmediata entre los receptores-emisores, que los lleva a moverse priorizando el impacto sensorial.
Retribalización digital y crisis institucional. McLuhan anticipó el fin de la Galaxia Gutenberg, provocada porque la electrónica nos llevaría a una comunicación tribal planetaria, en la “aldea global”.
En esta sociedad, la razón individualista y lógica propia de la Ilustración cede frente a las emociones caóticas y contradictorias que mueven a las comunidades virtuales.
El triunfo abrumador de Trump en los estados que, en su momento, prohibieron la enseñanza de la evolución, no se debió a un discurso racional, sino a la apelación a una identidad compartida mediante un “masaje” sistemático al cerebro de electores conservadores. Más que con palabras, Trump los convocó con actitudes contrarias a la tradición ilustrada, que chocaban con las buenas costumbres de los “cultos”, pero agradaban a los menos educados.
Las instituciones de la democracia representativa ahondan su crisis de representación cuando pretenden actuar como “viejos medios” que transmiten “nuevos mensajes”. Se las percibe como reliquias tediosas de la edad de la imprenta, incapaces de competir con la comunicación emocional de la red que masajea a la multitud en la nueva era.
No solo están naufragando las instituciones, sino que internet y la IA han desmantelado el imperio de la lógica ilustrada, sustituyéndola por un caos conceptual que navega en un confuso mar de sensaciones.
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