Las paradojas de Eubulides de Olivos
Decir “yo soy el dueño de la verdad” es casi tan peligroso como afirmar “yo miento”.
1. Una cadena de hierro une a la salida de Marco Lavagna del Indec con la creación de la Oficina de Respuesta Oficial, para “desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia operaciones de medios de comunicación y de la casta política”. El nexo está en el corazón de la política del siglo XXI: se trata de quién dice la verdad y quién miente en el marco de lo social, de lo político. La historia de las sociedades demuestra que hay momentos, aquellos en que se pone en crisis la representación, en el que algunos se arrogan el derecho de determinar qué es verdad y qué es mentira.
2. Jorge Luis Borges escribió que “la mentira política es el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables y hacerlo a buen fin”, una cuestión que podríamos denominar como “maquiavélica”. Milei con su curiosa afirmación en Davos, cuando dijo “Maquiavelo ha muerto” quizás ya estaba pensando en el Indec y en la oficina recientemente creada, que tanto recuerda al Ministerio de la Verdad de la novela 1984, de George Orwell. El diseño de la política gubernamental 2026 quizás sea una demostración de la vitalidad de las ideas maquiavélicas.
3. Hablando de Borges. Se le suele atribuir la frase que dice que hay tres tipos de mentiras: las malditas, las piadosas y las estadísticas. No es del gran escritor argentino, pero sí existe en inglés “Lies, damned lies, and statistics”. Mentiras y estadísticas fue y es un problema del siglo XXI argentino. Un problema gravísimo, que empezó a minar la relación de la sociedad con una fuerza política –el kirchnerismo– y que abrió una grieta: aquel Indec no creíble fue parte de un relato.
4. El kirchnerismo en ese aspecto fue profundamente peronista: el general que fundó el Movimiento hablaba de mística revolucionaria. Sus seguidores de nuestro siglo hablaron de relato. Pero el relato chocó con un límite: se dio de lleno contra la verdad, que no era lo que decía Moreno o Cristina, sino lo que devenía de los datos.
5. La verdad es una cuestión demasiado importante como para que un político, aunque sea el Presidente, diga en qué sonsiste. En democracia, cuestiones como la verdad, la racionalidad, las explicaciones son necesarias. En democracia, la forma es también el fondo.
6. El pensamiento filosófico griego, aquel que se preguntó no solo por la verdad, sino también por qué existían las cosas, qué era el poder, para que servía el saber y otras cuestiones que parecen no estar en la consideración política actual, nació en Mileto, la ciudad de Tales. Allí nació un filósofo de nombre Eubulides. De su biografía brevemente se puede consignar que fue rival de Aristóteles y maestro de Demóstenes. Mucho más no se sabe. Salvo por una cuestión que dejó pensando a la humanidad en los 2.500 años subsiguientes. Fue la enunciación de lo que se conoce como la paradoja del mentiroso. Se le atribuye la afirmación: “¿Acaso dice la verdad quien dice que miente?”. El problema lógico es conocido. Si alguien afirma que miente y está diciendo la verdad, entonces no miente. Bertrand Russell, el matemático y lógico fue uno entre tantos que habló del problema. Propuso como posible solución la teoría de Tipos, que “prohibía jerárquicamente que un conjunto pudiera referirse a sí mismo, eliminando así la posibilidad de la paradoja en los fundamentos de la matemática”, según explican los manuales.
7. Y aquí volvemos a la política actual. Quien dice “yo sigo la verdad”, miente, de alguna manera. El problema de la frase, y del autoritarismo está en el “yo digo”. La verdad no tiene dueños, aunque sí guarde relación directa con el poder. Y tiene una deriva peor: que del “yo digo qué es verdad” nace toda una política. Por ejemplo, cuando se le preguntó a Donald Trump en una amplia entrevista con The New York Times si había algún límite a sus poderes globales, dijo: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.
8. La oficina argentina de la verdad antiperiodística es una copia de la generada por el propio Trump. Tanto es así que el propio nombre de Oficina (que en los Estados Unidos se llama de Pronta respuesta) no resulta una traducción del todo correcta. La historia del arte puede corroborar que copia y verdad no son lo mismo.
9. Es discutible que un gobierno que se asuma como portador de la verdad pueda considerarse como liberal. El problema está en la sociedad que escucha esos mensajes. Recordemos que no fue inmediata la respuesta ante la no verdad del Indec del kircnherismo. Y a eso se suma un elemento que no puede desdeñarse. Hoy existen herramientas más poderosas para transmitir ciertas ideas. Las redes y las inteligencias artificiales funcionan como propaladoras tan fuertes que tapan otro tipo de sonidos, ideas, expresiones, explicaciones. Que tapan razones.
10. Esta misma semana apareció una entrevista en el diario El País a Yoshua Bengio, ganador del premio Touring, especialista en redes neuronales. El título parece el de un capítulo de la serie Black Mirror: “Hay evidencia empírica de IAs que actúan contra nuestras instrucciones”. Y este es un problema que tiene sus ecos en la cuestión de la oficina gubernamental y su capacidad de persuasión. Considerando que la dirección está en manos de uno de los difusores de las Fuerzas del Cielo (las fuerzas del celu, como las llamó el psicoanalista Sergio Zabalza), estamos frente a un hecho que parece destinado más a los propios que los ajenos a la LLA. Es Milei, el mileísmo, hablando a los propios. Aún así hay que tener en cuenta dos elementos. En la era que empezamos a vivir, herramientas como estas tienen dos capacidades, según Bengio: a) Pueden persuadirnos cada vez más. B) Hoy, estos mecanismos, también saben cómo mentirnos. Una vez más, la cuestión de la verdad es un tema político y social de enorme importancia.
11. Volvamos al Indec. La reacción de los mercados, la suba del riesgo país (que a nivel global también tuvo que ver con noticias económicas vinculadas a las IA) parece indicar que aún no toda arbitrariedad es tolerable. También en el primer gobierno de Trump cierta parte de la sociedad, lo que podríamos llamar el círculo rojo, tuvo respuestas al autoritarismo emergente. Sin embargo, la segunda gestión parece permitir frases como: “la moral soy yo” o “la verdad soy yo”. El problema no es solo quien enuncia estas cosas: el desafío es para la sociedad que recibe esos mensajes.
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