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La manipulación del IPC y el comienzo de otro apagón estadístico

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Se repite. Como Guillermo Moreno, Luis Caputo retoca la inflación oficial. | NA

Los números de la inflación no cierran, y el Gobierno prefiere ocultarlos. En efecto, la renuncia de Lavagna a la dirección del Indec pone de manifiesto, una vez más, la manipulación deliberada de las estadísticas oficiales por un gobierno. La partida del exfuncionario se debería a la negativa de Milei y Caputo de publicar el índice de precios con los cambios metodológicos de una estructura de gastos de los hogares basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018, calculada con mayor peso de los servicios, los alquileres y el transporte público. De este modo, el Gobierno prefiere continuar con un índice de precios cuya estructura de gastos corresponde a una encuesta realizada hace más de veinte años y que subestima la inflación real.

Esta subestimación de la inflación tiene consecuencias determinantes en la economía, aunque algunos funcionarios, periodistas y analistas prefieran hacernos creer que no tiene mucha importancia. En efecto, el pago de jubilaciones y AUH se indexan por inflación, los gremios discuten paritarias en base a la evolución de los precios, el PBI muestra una evolución mayor o menor según el nivel de precios, lo mismo ocurre con las canastas de indigencia y de pobreza, los bonos o títulos que se ajustan por el CER o por UVA. Incluso, las bandas de flotación del dólar evolucionan en base a la inflación. Si esta aumenta, los pagos de la seguridad social suben, el gasto crece, el déficit fiscal amplía su brecha, sobre todo en un contexto de caída de la recaudación, y el relato libertario se desmorona junto con el equilibrio fiscal y la economía toda.

Al parecer, la inflación de enero 2026 sería del 3%, es decir, mantendría una tendencia alcista desde el 1,5% del mes de mayo anterior. A estos ocho meses de incremento consecutivo se sumaría un mayor aumento en febrero, impulsado por la quita de subsidios y la suba de las tarifas de servicios públicos, combustible y transporte en el AMBA. Son números que superan, incluso por varios meses, la inflación estimada con los índices alternativos al oficial durante la intervención del Indec entre 2007 y 2015.

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En efecto, no es la primera vez que un gobierno “dibuja” la inflación. Ya lo hizo el kirchnerismo cuando Guillermo Moreno intervino el Indec en 2007. En ese entonces se trastocó el índice de precios y luego dejaron de publicarse las cifras de pobreza, para no “estigmatizar” a la población, dijo Kicillof en su momento. Varios técnicos del organismo denunciaron esa manipulación y fueron expulsados o

renunciaron por aprietes de patotas. El apagón estadístico fue alevoso y los analistas comenzamos a buscar índices de precios alternativos procedentes de las direcciones de estadísticas provinciales. Uno de los primeros en elaborar un índice alternativo, antes de incorporarse al gobierno de Cristina, fue el mismísimo Kicillof con su grupo Cenda. Por supuesto, una vez inserto en el kirchnerismo, borró toda la evidencia. Hubo índices de precios

de nueve provincias, de siete provincias, luego fue de cuatro provincias, hasta llegar a utilizarse solo el de San Luis. En la medida en que se intervenían las direcciones provinciales, se reducían las alternativas. El Congreso elaboró su propio índice con los mismos criterios.

La manipulación fue de tal magnitud que hasta la desocupación disminuía, también estadísticamente. Pues resulta difícil de creer que el aglomerado del Gran Resistencia, Chaco, provincia gobernada por Capitanich (en ese entonces, de licencia por el cargo de la jefatura de ministros de la Nación), tuviera “pleno empleo” en 2014 como mostraba el Indec. Incluso, el organismo había elaborado una encuesta de gastos en los años 2012 y 2013 cuyos ponderadores de consumo no fueron utilizados para actualizar el IPC debido a que no habría tenido la “validez” suficiente por datos insuficientes y por ausencia considerable de respuestas.

Evidentemente, estamos ante una manipulación al estilo de Cristina, con menos violencia, pero con los mismos efectos: que no se note la elevada inflación para mantener el relato. Aunque más no sea en las estadísticas, porque en el supermercado el ajuste se nota, al igual que en la verdulería, en la carnicería y al pagar el alquiler de la vivienda. A su vez, otros indicadores ya son cuestionados, como las cifras

de pobreza y la evolución del índice salarial no registrado, pues resulta extraño que el consumo se desmorone, la mora en los pagos con crédito crezca, mientras la pobreza supuestamente baja y los salarios “en negro” suben. No resulta casual que la renuncia de Lavagna no sea la primera en el Indec: en septiembre de 2025 lo hicieron los encargados de la Dirección de Estadísticas de Condiciones de Vida y de la Dirección de Índices de Precios de Consumo. La subestimación deliberada de la inflación evidencia el comienzo de un nuevo apagón estadístico o al menos una “moreneada” de Caputo.

* Sociólogo, doctor en historia (UBA) y miembro del Ceics (Oficina de Estadísticas Sociales).