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Prohibiciones

Frontera digital

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Ellos. Los niños no poseen las barreras madurativas necesarias. | shutterstock

Recientemente reflexionábamos sobre un fenómeno que marca un antes y un después en la gobernanza de internet: países como España, Francia y Nueva Zelanda han decidido poner un límite legal y prohibir las redes sociales a menores de 16 años. Como alguien que ha analizado la vulnerabilidad de nuestras infancias desde la gestión pública y la academia, mi postura es firme: celebro que el mundo desarrollado deje de ser espectador para convertirse en protector.

Desde mi experiencia como exdirector del Observatorio de Familias y Juventudes de la Cámara de Diputados, he visto cómo la falta de regulación y de políticas públicas activas a partir de lo ya normado transforma un espacio de conexión en un territorio de riesgo. Hoy, desde el Consejo Consultivo de Ciberseguridad de la Fundación Metropolitana y en mi labor diaria como colaborador de la Fundación LEA, observamos que las redes no son herramientas neutrales. Están diseñadas bajo una ingeniería de algoritmos de recompensa inmediata, creados específicamente para generar comportamientos adictivos, capturar la atención y exponer a cerebros aún en desarrollo a estímulos que no pueden procesar.

Los niños deben estar alejados de estas plataformas porque no poseen las barreras madurativas para defenderse de la manipulación algorítmica ni de los peligros latentes como el grooming y el ciberbullying. Sin embargo, la prohibición por sí sola es apenas un torniquete. La solución de fondo es la alfabetización crítica.

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Es por esto que, insistimos en que la formación debe ser el eje central de la educación secundaria. Debemos preparar a los adolescentes para que comprendan la dualidad de las nuevas tecnologías y el mundo digital:

-El potencial: el acceso al conocimiento soberano, las nuevas formas de teletrabajo y la expansión de la creatividad.

-La amenaza: la ingeniería social detrás de los delitos, la violencia digital y el uso de datos personales para la manipulación.

Hacerse cargo de la vida digital de los pibes no es censurar el futuro, es garantizar que lleguen a él con las herramientas necesarias para no ser víctimas. El Estado, las familias y nosotros, desde los espacios de formación docente, debemos construir hoy esa sana convivencia virtual. Prohibir en la niñez para educar en la adolescencia es el puente para la construcción de personas adultas que también sean ciudadanos digitales, para que el ejercicio de derechos en la red sea, finalmente, un acto de responsabilidad y libertad.

*Abogado y especialista en Ciudadanía Digital.