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Veranos

Cortázar cortito

Cortázar da para todo. O casi. Cuentos oscuros, inquietantes, también lúdicos y filosóficos, novelas para vivir que incluyen poemas, canciones, películas, palabras inventadas, deseo y melancolía; novelas para armar, protestar, destituir; cartas a montones, poemas, sueños, traducciones; amigo de Pizarnik, de Peri Rossi, admirador de Borges y Felisberto, Cocteau, traductor de Defoe, Poe, Yourcenar. Cortázar da para todo y para muchos. Hasta el propio César Aira que habló con tanta desazón (o jocosa indulgencia) de ciertos cuentos, considerándolos agotados, comparte referencias parecidas, y toma la posta, renovando el desconcierto de lo cotidiano. Ha dicho que de joven lo leía con pasión, como de jóvenes leímos desaforadamente a Aira. Podría aplicarse la premisa del filósofo apócrifo Victor Miesel: “Ningún autor escribe el libro del lector, ningún lector lee el libro del autor. A lo sumo pueden coincidir en el punto final”.

La coincidencia se optimiza cuando los relatos son cortitos. Se terminan pronto y el encuentro es prometedor. Cortázar, un adelantado del género microficción, tiene unos cuantos, acordes con estos tiempos de acotada atención. Me refiero a sus “Instrucciones”, algunas geniales –muchos años después Georges Perec publicaría su gran novela La vida instrucciones de uso. Cortázar parodia a los instructivos (hoy podrían ser tutoriales) con propuestas surrealistas que relajan toda obsesión. Más que un “cómo se hace” se trata de “quién es uno o deja de ser”. Recomiendo sobre todo el preámbulo de las instrucciones para dar cuerda al reloj que empieza así: “Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, un calabozo de aire. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben–, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa, te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que otras; no te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. En lugar de “reloj”, pongamos “celular”, y después, ¡a escribir las instrucciones de cómo desatenderlo! El verano es buen momento para librarse de ataduras.