Mi marido no es espía
Hace más de 420 días que mi esposo, el suboficial de la Gendarmería Nacional Argentina, Nahuel Agustín Gallo, permanece detenido en Venezuela sin acceso real a una defensa legal, sin transparencia en su causa y sin garantías mínimas de un debido proceso. Desde el 8 de diciembre de 2024, cuando fue arrestado tras intentar reunirse con su familia al cruzar el Puente Internacional desde Colombia hacia el estado venezolano de Táchira, su nombre ha estado envuelto en silencio oficial y en contradicciones entre los anuncios del gobierno de Caracas y la cruda realidad de su cautiverio.
Desde ese día, para nosotros no se trata de una detención convencional: se trata de una desaparición forzada, de un hombre privado de libertad sin acusación pública clara ni acceso a abogados propios. Las únicas referencias oficiales que hemos recibido provienen de declaraciones genéricas o de terceros, pero nunca hemos visto documentos judiciales o pruebas que expliquen con precisión por qué está detenido ni qué cargos enfrenta realmente.
Mientras distintos gobiernos y medios internacionales anuncian liberaciones de presos en Venezuela, el gobierno encargado del país mantiene a Nahuel Agustín Gallo en situación de desaparición forzada. A pesar de los comunicados oficiales y de las versiones sobre posibles excarcelaciones, su nombre no ha sido incluido en ninguna instancia concreta de liberación, y hasta el día de hoy no existe información pública verificable que explique por qué continúa privado de su libertad ni bajo qué figura legal se lo retiene.
Sabemos que Nahuel Agustín Gallo se encuentra detenido en el centro penitenciario El Rodeo I, información que conocemos a partir de testimonios de extranjeros que estuvieron allí y que, al recuperar su libertad, pudieron confirmarnos su presencia y darnos al menos esa mínima tranquilidad. Sin embargo, esa certeza no alcanza. No existe un proceso judicial transparente, no hay una causa clara ni reglas mínimas que permitan comprender su situación. No hay debido proceso, no hay explicaciones oficiales, no hay certezas, y cada día pesa la impotencia de saber que ambos permanecen detenidos sin que exista una base jurídica reconocible que lo justifique.
Ante esta ausencia de datos y de respuestas concretas, más de 16 mil personas ya adhirieron a una petición ciudadana en Change.org que exige su liberación inmediata y su retorno seguro a Argentina. Esa petición, que acompaño con mi voz como esposa y madre que sufre esta espera infinita, no es un simple acto simbólico: es una herramienta para que la sociedad, la diplomacia argentina y los organismos internacionales exijan que se respeten los derechos humanos y las garantías consulares de un ciudadano que no cometió delito alguno.
Esta campaña de firmas refleja también el reclamo formal del gobierno argentino, que en los últimos días ha intensificado sus gestiones diplomáticas para lograr la liberación de Nahuel, llegando incluso a solicitar apoyo de autoridades internacionales para presionar al régimen de Venezuela por su excarcelación. La Cancillería ha reiterado públicamente que se trata de una detención “ilegal” y exigió que tanto Nahuel como otros ciudadanos argentinos detenidos sean liberados sin condiciones.
En paralelo, mientras otros argentinos detenidos arbitrariamente han recuperado su libertad en las últimas semanas, como sucedió con Gustavo Gabriel Rivara o Roberto Baldo, la situación de Nahuel Agustín Gallo y de Germán Giuliani no ha cambiado de manera concreta. Ambos continúan privados de su libertad en Venezuela, en un limbo que no ofrece respuestas ni plazos, y que acrecenta la angustia de las familias que los esperan. Para quienes amamos a Nahuel, el dolor es doble: por el hombre detrás del uniforme, por el padre de nuestro hijo y por el compañero que jamás mereció vivir semejante injusticia; y también por saber que otra familia argentina atraviesa la misma espera y el mismo silencio.
Nuestro hijo nos espera. Mis días están cruzados por la impotencia y el dolor de no saber si Nahuel está bien. La incertidumbre no tiene pausa, y cada amanecer es una nueva lucha por respuestas que nunca llegan.
Es momento de que el mundo, los Estados y la comunidad internacional no permitan que casos como este queden en la oscuridad. No se trata solo de un hombre injustamente privado de la libertad: se trata de un padre, un compañero, un argentino que merece justicia y libertad.
*Esposa de Nahuel Agustín Gallo, gendarme argentino detenido en Venezuela.
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