Beneficio con riesgos

Milei: ¿el mejor aliado de EE.UU. o de Trump?

La relación entre Estados Unidos y la Argentina vive su punto más alto por la sintonía entre Trump y Milei. El alineamiento automático con Washington le dio al Gobierno respaldo financiero y estabilidad, pero también evitó definir una política exterior propia.

President Trump Meets With Visiting Argentine President Milei At The White House Foto: Foto: Kevin Dietsch/Getty Images 

“La relación entre Estados Unidos y la Argentina está en el punto más fuerte de la historia”. Un vocero autorizado del Departamento de Estado, no de la Casa Rosada, confirmó en las últimas horas lo que ya sabemos desde el último año, desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca y Javier Milei ejerce la Presidencia de la Nación.

Podría incluso asegurarse que este vínculo empezó a construirse antes, cuando el Milei ya instalado en Balcarce 50 hizo esfuerzos indisimulables por congraciarse con Trump mientras éste desarrollaba su campaña electoral contra el oficialismo demócrata.

La apuesta libertaria a ganador salió bien. ¿Salió bien? El alineamiento automático argentino con Washington le trajo dos grandes beneficios a Milei.

Por una parte, EE.UU. garantizó estabilidad financiera, clave en el FMI y ante los nubarrones previos a la elección legislativa de octubre pasado.

El seguidismo a ultranza de la política exterior norteamericana evitó que el mileísmo tuviera que debatir o pensar una propia. Puede ser errada o exitosa, pero es esa: se apoya todo lo que Trump decida o diga respecto al mundo.

De hecho, el portavoz de lo que sería la cancillería estadounidense lo acaba de resaltar con todas las letras, al destacar la  “alineación en torno a prioridades compartidas de crecimiento económico, gobierno democrático y estabilidad regional”.

Y, por las dudas, subrayó: “EE.UU. elogia el liderazgo continuo de Milei y los esfuerzos de su gobierno por fortalecer el papel de la Argentina como socio constructivo a través de reformas orientadas al mercado, una mayor participación global y la cooperación en materia de seguridad”.

Habría que volver a un interrogante planteado como al pasar hace un par de párrafos. ¿Salió bien? Y agregar: ¿A quién?¿Para qué?

Más allá de que en el aspecto financiero el auxilio norteamericano es clave, respecto al aparato productivo y al comercio internacional, las economías de los dos países compiten más que complementarse. Se verá cómo se maridan esas características en el demorado acuerdo anunciado a fines de 2025.

Javier Milei habla hoy en Davos y crece la expectativa por un encuentro con Donald Trump

Ni hablar de la pelea de fondo de Trump con China, uno de nuestros principales socios comerciales y de inversiones. Hay un punto ahí de Milei. Sin gritos, aspavientos ni visitas incómodas, consolida los nexos con Beijing.

La cuestión más delicada quizás luzca lejana. Argentina ha acompañado las salidas de Trump de organismos internacionales, ha desairado a la Ucrania invadida tras tenerlo a su presidente en la asunción, respaldó la intervención militar en Venezuela y mira con expectativa el capricho trumpista de anexar Groenlandia, ante la indignación europea (nuestros flamantes socios comerciales desde el Mercosur).

La parábola se completa con la decisión de Milei de aceptar formar parte del Consejo de la Paz, el organismo multinacional que armó arbitrariamente Trump para reconstruir y garantizar la seguridad en la Franja de Gaza.

Lo alejado a veces se torna muy cercano por los lugares impensables. La última vez que siguió las controvertidas y espasmódicas actitudes de EE.UU. en Oriente Medio, Argentina fue receptora de dos cruentos atentados terroristas. Nunca esclarecidos ni juzgados, pero siempre con Irán en bajo sospecha.

También en los últimos días, la decisión argentina de establecer como organización terrorista a una fuerza militar iraní, motivó una amenaza del régimen con sabor a represalia.

Los peligrosos caprichos de Trump podrían arrastrar a Milei y a nuestro país a conflictos imprevisibles. E innecesarios.