Milei lo hizo: macrismo sin Macri
La tensión entre el presidente y el expresidente crece a partir de la incorporación de muchos ex PRO a la gestión nacional.
“Qué mal bicho”. La reacción pública de Mauricio Macri al nombramiento de Diego Santilli como nuevo Jefe de Gabinete le volvió a restar puntos ante Javier Milei, cuya consideración hacia el expresidente ya venía en declive. La respuesta del mandatario se mantuvo en privado, hasta ahora, y fue compartida con alguno de sus colaboradores.
En un posteo, Macri había “celebrado” a su modo la designación de Santilli: expuso que el flamante ascendido le había avisado antes del anuncio oficial sobre su nuevo cargo. “Mauricio siempre busca mostrarse como jefe”, lo justifican en lo que queda del PRO.
En su clásica lógica de mostrar que nunca le entran las balas, Santilli le restó importancia. “Es un problema de él”, se le escuchó decir con una sonrisa. Lució cero sorprendido, lo conoce bien tras acompañarlo desde que Macri inició su carrera política en los albores de este milenio. El “Colorado” venía de ser funcionario en el menemismo, como sus amigos Cristian Ritondo y Horacio Rodríguez Larreta.
Desde ya que el episodio se infiere anecdótico. Pero refleja que bajo la superficie subyace mucho más que una simple disputa personal de egos, por el liderazgo de la derecha o centroderecha argentina y de las promocionadas “banderas del cambio”. Sobre todo con las elecciones de 2027 en el horizonte cercano.
Milei observa la agitación macrista del “Próximo Paso”, el pomposo nombre de las periódicas apariciones del expresidente en diferentes lugares del país, o las supuestas demandas del Círculo Rojo de presidenciables “racionales” que le compitan el año próximo, donde obviamente está incluido Macri junto a nombres tan lustrosos como forzadamente improbables: Jorge Brito, Carlos Melconian, Daniel Hadad…
A esta suerte de artificioso plan de sucesión de un mileísmo sin Milei, el Presidente insiste en mostrarse como un político pragmático y elige ejecutar antes que proyectar, como lo ratificó con la promoción de Santilli: consolida un Gobierno de macristas pero sin Macri. La vio primero.
Ese proceso en continuado exaspera al exmandatario, que intuyó de manera errada (una actitud que ha repetido con demasiada frecuencia) que Milei estaba casi obligado a cogobernar con él, después de sus acuerdos para apoyarlo en el balotaje 2023 ante Sergio Massa y la fragilidad de cuadros propios para desembarcar en el Poder Ejecutivo.
Sin pedirle autorización a Macri, en su primer gabinete Milei sumó a dos exfuncionarios PRO: Luis ‘Toto’ Caputo en Economía (por el que desechó a su equipo económico original, dolarizador y anti Banco Central) y Patricia Bullrich en Seguridad. Lo de ella le dolió más. Caputo no era militante ni dirigente de la fuerza amarilla, mientras Bullrich fue su candidata presidencial, a la que respaldó en su PASO con Rodríguez Larreta. Lo tomó como una traición.
En ese sentido, todo fue peor para Macri. Con la nueva investidura de Santilli, ya son seis de los nueve integrantes del actual Gabinete que se desempeñaron bajo su presidencia.
Corresponde agregar a las decenas que hay en las segundas y terceras líneas, como también a la influyente Bullrich, que se hace sentir –en muchos sentidos– como líder oficialista en el Senado, bajo la mirada desconfiada de la hermanísima Karina. En simultáneo a esa cooptación, el Presidente cada tanto dispara contra algún aspecto de la gestión macrista: esta semana la emprendió contra el “reperfilamiento” o default de la deuda en pesos.
La profundización de la absorción del violeta al amarillo ofrece argumentos desde uno y otro lado. Tras probar ciertos experimentos propios fallidos –el caso más paradigmático fue Manuel Adorni–, los Milei se convencieron de que para asegurar la gobernabilidad y las chances de reelección, sectores claves de la administración debían ser manejados por “profesionales”. Además de Santilli, los refuerzos en el área comunicacional y, antes, en el Ministerio de Justicia con Juan Mahiques. Último adiós a la lucha contra la casta.
La tentación amarilla también tiene múltiples explicaciones. Desde la identificación ideológica y la oposición al kirchnerismo, hasta la asunción de que la sociedad privilegió a Milei como el abanderado del cambio y la seductora sensación que otorga el calorcito del poder. El llano suele ser desagradecido.
Sea causa o efecto, el propio Macri con su liderazgo ondulante y part time hizo su contribución a la crisis de identidad del PRO. El espacio se desdibujó internamente (lo que provocó por ejemplo la resonante renuncia al partido de Esteban Bullrich) y entre el electorado, que lo percibe como una simple colectora libertaria, ahora que se volvió a poner de moda el concepto.
Se tornó complicado para Macri fundamentar sus críticas hacia Milei (con quien no habla hace meses) con el acompañamiento casi sistemático de sus legisladores en el Congreso. Salvo, claro, que se bucee en cuestiones vinculadas a la vanidad o a los negocios, como elige creer el mundo libertario.
Tampoco el expresidente exhibe generosidad con los propios. Desde hace semanas es quien hace trascender la posibilidad de que Santilli vuelva a CABA como candidato a Jefe de Gobierno. Eso no sólo
choca con la decisión del “Colorado” de ir por la gobernación bonaerense, en teoría con el respaldo de los Milei, sino que sobre todo boicotea el intento reeleccionista porteño de su primo Jorge.
En la Jefatura capitalina descreen que signifique algo más que una chicana. Desde la campaña electoral local del año pasado, donde el PRO quedó tercero, las relaciones entre los Macri distan de transcurrir por buenos momentos.
De hecho, Jorge Macri preferiría que el exmandatario le despeje a Milei cualquier duda sobre su compromiso por el cambio ofreciéndole participar ambos de una primaria presidencial. En la sede de Uspallata intuyen que ninguno de los dos aceptaría semejante idea, pero igual cantan retruco. Como hacen todos, en el prólogo de una elección crucial. Y esto recién empieza.
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