opinión

Trances de un Gabinete atrofiado

¡¡¡Pocas semanas para el impacto!!! Foto: Pablo Temes

“No fluye. Estamos muy trabados en la coordinación y comunicación de gestión. Se puso difícil. Qué vamos a salir a decir si ustedes se la pasan preguntando por Adorni”. A pesar del sobreactuado respaldo de los hermanos Milei al problematizado jefe de Gabinete, en el elenco ministerial se extiende la sensación de ciclo cumplido, tal como lo admiten integrantes de ese ámbito.

Según describen fuentes gubernamentales, el único equipo que mantiene su dinámica autónoma de Manuel Adorni es el de Economía. De hecho, el ministro Luis ‘Toto’ Caputo es de los pocos que evitó el desfile fotográfico que el resto de sus colegas mantuvo con Adorni, con la idea de promocionar la supuesta hiperactividad del funcionario más jaqueado del Gobierno.

La línea directa y el interés del Presidente en las cuestiones económicas justifican que Caputo además siempre se haya salteado a la Jefatura de Gabinete. Ya había sucedido en los casos de Nicolás Posse y Guillermo Francos.

Ese mecanismo, obviamente avalado por Milei, excede las cuestiones protocolares. Desde el Palacio de Hacienda se define dónde, cuándo y cómo recauda y gasta el Estado.

El sistema provocó varias tensiones entre Caputo y otros sectores del Gobierno, sobre todo a la hora de negociar con los gobernadores auxilios legislativos en el Congreso. Los acompañantes más fieles consiguieron hasta adelantos de la coparticipación, eso sí.

Pero últimamente, de la mano de la caída de la recaudación y del compromiso bíblico de mantener el equilibrio fiscal, las rispideces se expandieron a otros sectores de la gestión.

Capital Humano (por la ayuda social), Salud (PAMI, medicamentos y discapacidad), Seguridad (sueldos de efectivos) y Defensa (su calamitosa obra social) se quejan en voz baja de que les pisan los recursos que necesitan. Ni hablar dentro de la propia burocracia económica, cuando esta semana quedó en evidencia el retraso en Transporte para ponerse al día con los subsidios a las líneas de colectivos interjurisdiccionales.

Mancha venenosa. Estas asperezas se potencian ante el problema Adorni. La crisis del jefe de Gabinete en torno a su posible enriquecimiento ilícito, dádivas y lavado de dinero (lo que es investigado de manera acelerada por la Justicia) obligó que ante otra situación difícil de defender, como el otorgamiento de créditos hipotecarios del Banco Nación a funcionarios y legisladores violetas, debieran salir a hablar los propios Milei y Caputo.

El mal clima interno se agravó al conocerse que la ministra Sandra Pettovello había decidido echar del cargo a su jefe de Gabinete, por no haberle avisado que era beneficiario de esos créditos oficiales. Dejó en offside al Presidente y al jefe económico, que salieron a bancar a sus funcionarios deudores. Ni hablar a Adorni, quien tuvo la suerte de conseguir jubiladas financistas.

Lo peor del escándalo en torno al jefe de Gabinete es que Comodoro Py y el periodismo todos los días entregan malas nuevas. En muchos casos, por las inconsistencias de Adorni para justificar el crecimiento de su patrimonio y su nivel de vida desde que llegó al Gobierno.

En ese sentido, el juzgado del muñequero Ariel Lijo levantó el secreto bancario y fiscal de Adorni, su esposa Bettina Angeletti y las cuatro mujeres que oficiaron de convenientes prestamistas para la adquisición de sus nuevos inmuebles.

A semejante bomba de tiempo se sumarán el detalle de los viajes al exterior de Adorni y su mujer, así como los contratos entre la productora de su (¿ex?) amigo Marcelo Grandio y la TV Pública. Todo negativo.

Encima, las estrategias adornistas para bajar la espuma del caso aumentan la efervescencia. La prohibición del ingreso de algunos acreditados a la Casa Rosada, porque sus medios presuntamente quedaron involucrados sin pruebas en una sinuosa trama de campaña rusa antimileísta, subió la temperatura.

Otro jalón fue la aparición mediática de la escribana Adriana Nechevenko, quien intervino en todas las curiosas operaciones inmobiliarias de Adorni & Cia. Agregó más leña al fuego de lo inexplicable, lo que obligó a cancelar el resto del rally previsto por las oficinas oficiales de Comunicación. 

Existe una alerta todavía mayor, de imprevisibles efectos. En los tribunales federales de Retiro se encendió la sospecha de que el renovado nivel de vida de Adorni podría obedecer no sólo a los súbitos ingresos de su esposa Angeletti (un clásico en este tipo de maniobras), sino también a un refuerzo salarial de su marido. Lo que en otras administraciones se ejecutó bajo el concepto de sobresueldo. En esa hipótesis, ¿sólo lo habría cobrado Adorni? ¿Y el resto del Gabinete, que hasta febrero tuvo dos años de congelamiento en sus remuneraciones?

Boleto picado. Ante semejante escenario, ni quienes integran el Gabinete entienden por qué la hermandad presidencial continúa sosteniendo a Adorni. Salvo Toto Caputo, nadie del staff ministerial da entrevistas, siquiera ante medios amigables. ¿La vocería del caso pasó a la escribana? Insólito el costo que deciden pagar por este nudo.

Las especulaciones al respecto varían, a caballo de refriegas internas que se mantienen activas aunque esté claro quién manda: Karina. El asesor Santiago Caputo intenta resistir en ciertas trincheras con su poder de daño, acaso sobredimensionado. O no. ¿Tendrá algo que ver en la sorprendente activación en la causa Adorni del juez Lijo, su frustrado candidato para la Corte Suprema y ahora para la Procuración, en competencia con el flamante ministro Juan Mahiques? Mucha gente malpensada.

Brotan intrigas más complejas, de espinosa comprobación. Como el posible vínculo de Adorni con los secretos de la criptoestafa $Libra. O la decisión de los Milei de que la permanencia del jefe de Gabinete funcione como un distractivo en la agenda política de otros problemas, económicos, con impacto directo en la población. ¿Serán esas dificultades o Adorni lo que explica la caída del apoyo social a Milei, según las encuestas que llegan a la Casa Rosada?

La tesis más extendida en el Gobierno es que la salvaguarda del jefe de Gabinete es que la hermanísima aún no halla el reemplazo que la satisfaga y le haga olvidar su frustración por haber invertido en Adorni. 

A esa tarea de selección encubierta, desde hace algunas semanas, está abocado Eduardo ‘Lule’ Menem, su dilecto colaborador. Los nombres se suceden y todos integran el Gabinete, salvo alguna excepción que hace denodados esfuerzos –hasta públicos– por aparecer en la lista. 

Allí figuran de Sandra Pettovello y Diego Santilli a Pablo Quirno y Federico Sturzenegger. Bajo la máxima de quien suena, suena, cada candidatura fue negada por quien está involucrada. Pero cada vez falta menos para que suceda el recambio. Inexorable.