MÍSTICA BARRIAL

Belgrano y las luchas populares: ¿romance real o relato épico?

La inédita consagración ‘pirata’, coincidente con un nuevo aniversario del Cordobazo, reavivó una narrativa histórica cuyo eco excede lo deportivo. Murales, canciones, dirigentes y huelgas obreras emergen detrás de una discusión que Córdoba sostiene desde hace décadas: hasta dónde el club representa la identidad combativa de Alberdi.

. Foto: Club Belgrano

“Vengo del barrio del Cordobazo, vivo en el barrio más popular”. El hit tribunero que se canta en el Gigante tiene su correlato gráfico en las paredes de Alberdi. En murales a pocas cuadras de la cancha, se leen trazos explícitos de historia social: “Primer Territorio Libre de América”; “Alberdi, barrio de luchas populares”; “Bienvenidos al barrio más popular”. Son marcas identitarias en un sector de la ciudad que se autopercibe diferente; algo que “no se compara”.

Belgrano acaba de coronarse campeón de la Primera División de AFA por primera vez en su historia y la celebración no cesa. Sin embargo, la coincidencia temporal del título con el 57° aniversario del Cordobazo vuelve a poner en circulación otra discusión: ¿qué hay de verdad histórica y qué de construcción mítica en la idea de que el club representa las luchas populares cordobesas? ¿Es una identidad real construida históricamente en Alberdi o apenas una narrativa bien capitalizada?

La respuesta habita en archivos, relatos familiares, decisiones institucionales y en una memoria colectiva que engloba tres hitos cordobeses del siglo XX: la Reforma Universitaria, el Cordobazo y la toma de la Cervecería Córdoba.

Mucho antes de convertirse en uno de los clubes más populares del país, Belgrano fue una travesura de chicos en una Córdoba de tranvías y patios de tierra. Para Gustavo Farías, director del Museo Provincial del Deporte, esa matriz es clave: “La fundación fue una historia de niños sin más respaldo que sus propios padres. Es milagroso que de allí emergiera una institución enormemente popular”.

A diferencia de los clubes nacidos bajo estructuras ferroviarias o corporativas, la "B" brotó en 1905 de un núcleo afectivo. “Todo fue en equipo. No hay muchos así”, resumió Farías. Uno de esos fundadores fue Arturo Orgaz, primer presidente del club y activista clave en el movimiento reformista, quien como senador provincial socialista (1932-1936) impulsaría la histórica ley del “Sábado Inglés”.

Deportivamente, el despegue llegó en 1913 con la creación de la Liga Cordobesa. El 30 de noviembre, Belgrano goleó 6 a 2 en la final a Escuela de Agronomía —el coloso de la época— e inició una hegemonía que pronto chocaría contra Talleres (entonces Central Córdoba), respaldado por el poder económico del riel.

Pero el factor crucial fue el territorio. Farías explicó que, a comienzos del siglo XX, los barrios con mayor desarrollo deportivo eran General Paz y Alta Córdoba. Alberdi todavía no ocupaba ese lugar. Belgrano emergió desde allí absorbiendo su carácter. “El barrio le dio al club una cualidad identitaria”, afirmó.

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El club tenía sólo 13 años cuando aconteció la Reforma Universitaria de 1918. Alberdi —conocido entonces como “barrio Clínicas” por albergar el Hospital Nacional de Clínicas— fue el epicentro logístico y bastión de los estudiantes de medicina. La revuelta estudiantil logró un vasto apoyo popular en el vecindario. En su libro “El corazón sobre sus ruinas. Crónicas de una reforma que fue revolución”, el periodista Juan Cruz Taborda Varela rescata un hito institucional: Belgrano organizó un partido a beneficio contra Juniors y aportó toda la recaudación para sostener la causa reformista. Acaso ese “mojón” marcó el nacimiento del compromiso social de la institución.

Territorio

Apenas unas cuadras separan al Gigante de Alberdi del Clínicas. En esa cercanía geográfica convivieron estudiantes, obreros, empleados públicos y sindicatos; una Córdoba donde el fútbol jamás fue un termo aislado de la política. El 29 de mayo de 1969, el barrio se convirtió en el corazón de las barricadas y la resistencia contra la dictadura de Onganía. Aunque Belgrano no participó institucionalmente, absorbió de manera inevitable la mística contestataria de sus calles.

Esa ligazón quedó expuesta de inmediato. Tras el estallido del 29 y 30 de mayo, el fútbol local fue suspendido por la militarización. Días después, el gobierno provincial forzó la reanudación del torneo para simular normalidad institucional tras la renuncia del ministro de economía de la Nación, Adalbert Krieger Vasena. El tiro salió por la culata. “Durante el partido entre Racing y Belgrano en Nueva Italia, se produjeron duros enfrentamientos entre los hinchas piratas y la Policía, que tuvo que retroceder”, recordó Farías. Las tribunas también funcionaban como cajas de resonancia de la agitación callejera.

Identidad

En aquellos años, muchos jugadores tenían empleos paralelos y compartían la vida cotidiana con obreros y dirigentes sindicales. Tomás Rodolfo Cuellar, capitán y prócer celeste, era empleado de EPEC, la empresa estatal donde Agustín Tosco comandaba el sindicalismo combativo de Luz y Fuerza. Durante décadas circuló el mito de que Cuellar —fallecido en 2007— había sacado a Tosco de la ciudad oculto en el baúl de su auto. Pero una entrevista televisiva que “Tito” concedió al programa “Línea de Cuatro” en los años ’90 aclaró la historia, volviéndola aún más simbólica.

Cuellar relató que una tarde accedió a trasladar en su auto a dos trabajadores perseguidos en la clandestinidad, cuando se topó con un retén militar camino a La Calera. “A 50 metros estaban los militares, y no había chance de volver o intentar escaparse”, contó. El capitán apeló a su chapa de ídolo: “Cuando el soldado me hace señas, bajo la velocidad, me asomo y le digo: 'Hola, soy Cuellar, de Belgrano'”. La respuesta fue el salvoconducto: “'Ah, Tito, pase, pase, no hay problema'. Los muchachos no lo podían creer”. El fútbol y la solidaridad obrera respiraban el mismo aire.

Más de medio siglo después de su muerte, la figura de Tosco sigue en disputa en las tribunas cordobesas. Frente a las versiones que lo mencionan como simpatizante de Talleres, su nieto Agustín Tosco lo desmiente: “Se instaló eso porque alguien escribió un libro y puso que era de Talleres, pero los compañeros de EPEC nos dicen que era de Belgrano. Estaba muy metido en el barrio y tiraba para el celeste”. Y agregó que su abuelo simpatizaba en Buenos Aires con Huracán de Parque Patricios por su extracción popular. Para el nieto del líder sindical, el lazo es nítido: “Belgrano encarna rebeldía. Se opone a las sociedades anónimas, es financiado por sus socios, está lleno de obras autogestionadas y representa al pueblo trabajador que defendía mi abuelo”.

Persistencias

Esa cultura solidaria no prescribió en los ‘70. Detrás de la popular pirata se erige la estructura de la ex Cervecería Córdoba, emblema industrial liquidado bajo la Ley de Quiebras en 1998. El lunes 4 de mayo de ese año, los obreros iniciaron una histórica toma de 105 días. Durante el conflicto, subían a las torres con banderas de protesta mientras Belgrano jugaba. Y, desde las tribunas del Gigante, bajaban aplausos cerrados. Fútbol, barrio y conflicto social en una sola postal urbana.

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Para Taborda Varela, que también es socio de la institución, este vínculo no es una idealización retrospectiva: “A mí la palabra romantizar me suena a mitificar leyendas. Este romance es real, incluso en una Córdoba donde hoy estas causas no gozan de prestigio”.

El periodista de los SRT tiene una particular vocación por la investigación histórica y destaca que Belgrano “fue el único club de Córdoba que siempre le abrió las puertas a las Abuelas de Plaza de Mayo”, consagrando como socia honoraria a Sonia Torres. Valora también que las últimas tres gestiones —encabezadas sucesivamente por Armando Pérez, Jorge Franceschi y Luis Fabián Artime— sostuvieron una línea institucional orientada a reivindicar esa memoria cultural y barrial. “Mucha gente viene trabajando para marcar que se va por este rumbo. No se puede negar dónde está Belgrano”, explicó.

Esa matriz, sin embargo, no implica uniformidad ideológica. “En el club también conviven distintas maneras de ver el mundo”, aclaró Taborda Varela, reconociendo que existen socios conservadores incómodos con las banderas de derechos humanos. Pero advierte: “Algunos preferirán que los trabajadores no se manifiesten o que los estudiantes no hagan revoluciones, pero eso ocurrió y está en nuestro ADN. Caben todas las expresiones, pero no se puede negar lo original y originario”.

La consagración ante River Plate reactivó lecturas que pueden tildarse de políticas, aunque son históricas. Para muchos fue “un nuevo Cordobazo” por el hito de ser el primer club indirectamente afiliado en conquistar un campeonato de Primera División. La analogía puede sonar desmesurada, pero expone la persistencia de esa narrativa en la que Belgrano es sinónimo de resistencia, representación popular y desafío al poder central.