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CóRDOBA
EL LEGADO DEL PAPA ARGENTINO

Guillermo Karcher: “Francisco llevó adelante un movimiento de diálogo y respeto interreligioso”

A poco más de un año de la muerte del Papa argentino y la designación de su sucesor, León XIV, Perfil Córdoba dialogó en Roma con el monseñor Karcher, representante argentino en Ceremonial y Protocolo del Vaticano.

karcher y francisco
33 AÑOS JUNTO A BERGOGLIO. Karcher y el Papa argentino se conocieron en 1992 cuando le tocó organizar la ceremonia en la que fue ordenado obispo de Buenos Aires. | CEDOC PERFIL

Es un martes más en la Piazza del Popolo en Roma. Dentro de la Basílica di Santa Maria in Montesanto, monseñor Guillermo Karcher recibe a un grupo de argentinos en el día previo a una Audiencia General papal. En los primeros bancos, un grupo lo escucha contar parte de la historia de Roma, la plaza y la basílica. Karcher es oriundo del barrio porteño de Saavedra, llegó a Roma en 1993 para hacer su doctorado, pero se quedó para trabajar en la organización del Jubileo del 2000. Hoy forma parte de Protocolo y Ceremonial del Vaticano. En 1992 estuvo a cargo de la ceremonia en la que Jorge Bergoglio fue ordenado obispo de Buenos Aires y allí comenzó su vínculo con quien luego fue elegido Papa. Francisco, apenas asumió, le encomendó “recibir a los argentinos”, una tarea que aún desempeña. Desde la Piazza del Popolo, Karcher le contó a Perfil Córdoba su experiencia junto a Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV.

—¿Qué aprendiste de cada uno de los pontífices con los que trabajaste?

—Juan Pablo me pareció un hombre con una visión de mundo muy grande, en un momento en el que el gran desafío era el comunismo. Admiré su política, con una ‘P’ muy mayúscula, para cambiar un momento de la historia. Benedicto era el gran intelectual, yo lo llamaba el “San Agustín del siglo 20”. Supo expresarse de manera muy profunda y ver la importancia de la presencia de la fe cristiana como una fe que crea cultura. Francisco, el hombre más humano que conocí, una persona extraordinaria que acercó mucho el amor de Jesús y el Evangelio a la gente común. Abrió la iglesia a todos.

—Muy pastoral…

—Sí, era el hombre que entregaba su vida cotidianamente. Él usaba un término muy lindo que tenía un significado muy grande: el de “tener olor de ovejas”. A los curas les decía que tenían que tenerlo para no volverse seres alejados de la realidad. Y él era el ejemplo en su coherencia de vida. Tal es así que, al principio, me preguntaban: “¿es una actuación?”. Y yo decía que no, que él era auténtico. Algunos pensaban que actuaba para ganar popularidad.

—¿Y de León?

—Tiene esta síntesis de ser un norteamericano con experiencia de 20 años en Sudamérica, un hombre que escucha. Todo el que sale de un encuentro con él admira su capacidad de escucha. Creo que va haciendo las cosas con mucha calma, muy reflexivo.

—Lo conociste a Bergoglio, y tuviste la fortuna de acompañarlo a Francisco, ¿notaste algún cambio entre Bergoglio y el ungido Papa?

—No, la personalidad siguió siendo la misma, creo que agudizó mucho sus intuiciones. En las primeras audiencias pide que se detenga el papa móvil y abraza a una persona cuadripléjica. Más allá de que salió en los diarios, al día siguiente le pregunté cómo hizo para descubrirlo desde el coche, porque recorre la plaza y ve tantas escenas, y me dijo: “Lo sentí”. Cuando me dijo eso, dije: “Ah, estoy delante de una persona que además de tener un carisma, tiene una presencia de Dios muy fuerte”. No me olvido más.

—El Papa es la cabeza de la Iglesia Católica, pero también es el obispo de Roma. ¿Por qué creés que Francisco hacía tanto hincapié en que él era el obispo de Roma?

—Lo hizo desde el primer momento. Subrayó de entrada ser obispo de Roma, creo, porque estaba convencido de que al presentarse así tenía más posibilidad de diálogo con las otras confesiones cristianas. Era un motivo ecuménico. Otros cristianos como un luterano, anglicano, ortodoxo, tienen la misma fe, pero no se sienten bajo la jurisdicción del Papa. Presentándose como obispo de Roma, le abría una posibilidad mayor de diálogo.

—¿Era una cuestión estratégica?

—Él ya la venía viviendo en Argentina. Allá hizo un laboratorio muy lindo de diálogo, no solamente ecuménico con las otras confesiones cristianas, sino también interreligioso con los judíos y con los musulmanes. Y a eso lo trasladó acá. Creo que mucha experiencia que vivió como obispo de Buenos Aires, la trasladó como obispo a Roma. Y logró mucho con eso. De hecho, llevó adelante un movimiento de diálogo y respeto interreligioso. Incluso la encíclica “Fratelli tutti” es un fruto de la convicción de que todos somos hermanos.

—Decías que para Juan Pablo II el desafío era el mundo de la Guerra Fría. ¿Cuál fue el de Francisco?

—El de Francisco fue romper muchos prejuicios con el diálogo. Para él contaba la persona, que es criatura de Dios, y que tiene toda su dignidad. Iba más allá de su fe religiosa, buscando esta fraternidad que la plasmó en la encíclica.

—¿Y qué pensás de que se decía que era un Papa populista?

—Me reía. Sí, me lo dijeron más de una vez. No era verdad. Un populista lo puede hacer al principio para ganar la simpatía de la gente, pero a la larga te mostrás como sos. Y él era esta persona abierta al pueblo de Dios. Y tenía tantos gestos. Era tan rico en su gestualidad. Dios lo había llenado de una personalidad tan rica. Para mí, era una falta de respeto decir que era populista. Tenía esa sensibilidad de captar al que tenía enfrente. Y no se perdió nunca en medio de la multitud. Porque el populista tiene de frente a una masa de gente y trata de convencer con sus arengas. Él no. Él tenía de frente personas. Y se relacionaba con cada una de las personas que componían la masa. Pero no se dirigía a la masa.

—La iglesia en Argentina y Córdoba está hablando públicamente de pobreza o conflictividad social, que también es una respuesta a la época que le toca, ¿qué lectura hacés?

—Creo que en eso Francisco enseñó mucho a ser una iglesia profética, a hacerse voz de lo que no tienen voz, que es propio de Jesús. Así como ahora el propio León tuvo que responder ante las frases que le llegaban y decir: “Yo no voy a dejar de predicar el evangelio de la paz, el de la reconciliación”. Creo que la misión profética en este momento es muy marcada. Sobre todo que hay que hacer escuchar la voz en un mundo en el que hay mucho vacío de líderes morales. Y eso es función del Papa y los que representan a los apóstoles, que son los obispos.

Vivir solo no es lo mismo que sentirse solo y Córdoba acaba de medir la diferencia

El papado de León XIV

La iglesia católica es una institución milenaria en la que cada elección papal va en sintonía con la era histórica. Cuando León XIV eligió su nombre, la relación con León XIII, el creador de la encíclica Rerum Novarum en plena revolución industrial, fue al instante. La conversación con Guillermo Karcher se dio unos días antes de la publicación de la primera encíclica de León XIV en la que habla sobre los desafíos que enfrenta la humanidad ante la inteligencia artificial.

—¿Cuál es su desafío en estos primeros años?

—Su primera encíclica tiene que ver con esta continuidad que ya no es el mundo laboral solamente, sino el desafío de la humanidad con la inteligencia artificial y la sociedad que tiene que convivir y desarrollarse con este nuevo instrumento.

—Es un Papa que habla mucho de la paz…

—Él se presenta así, su primer saludo fue: “La paz sea con ustedes”, que fue el saludo de Jesús resucitado. Le toca un mundo muy agrietado con las guerras y los conflictos. Su misión parece ser esa.