ENTREVISTA

Cristian Buttié: “El 2026 será bisagra para muchos: Milei será pragmático y Llaryora debe crear un núcleo fidelizado”

El encuestador y analista político advierte que el respaldo electoral a presidente tiene límites claros y que sin mejoras palpables en la economía será difícil ampliar su base rumbo a su reelección. En Córdoba, destaca la gestión de Martín Llaryora como un activo central frente al desgaste del peronismo. Cómo ve a la oposición.

ANÁLISIS. Cristian Buttié analiza el escenario político con foco en 2026 como año de preparación para la disputa de poder. Foto: CEDOC PERFIL

Es el encuestador que adelantó el triunfo de La Libertad Avanza en las pasadas elecciones legislativas y que, por caso, también acertó con exactitud el resultado del balotaje chileno. Todos miran sus números. Con la mirada puesta en 2027, Cristian Buttié trazó un diagnóstico crudo del escenario político que empieza a configurarse en la Argentina y, en particular, en Córdoba.

Desde Río Cuarto, consideró que el 2026 será un año bisagra, un período de preparación decisivo que puede consolidar o erosionar proyectos de poder tanto a nivel nacional como provincial. En ese tablero, Javier Milei deberá “mostrar mejoras concretas en el bolsillo de la gente”, mientras que Martín Llaryora apostará a consolidar la gestión como su principal activo de supervivencia política con una oposición fragmentada con todas figuras competitivas, como Luis Juez, Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni.

-El 2026 parece ser un año bisagra: dependiendo lo que pase marcará la hoja electoral del 2027.
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En el plano nacional, el gran desafío de Milei es perforar su techo electoral. Hubo personas que hasta octubre de 2025 no opinaban bien de Milei, pero lo votaron porque su mal mayor era que se cayera el gobierno y volviera el kirchnerismo. Su mal menor fue renovarle una cuota de confianza a Milei, que ya llevaba dos años gobernando. Esa cuota de confianza no fue un cheque en blanco. Si esa mejora no llega de manera clara al bolsillo de la gente, es muy difícil que se repita en 2027. Por eso digo que 2026 es un año de preparación: el gobierno debe seducir al voto blando. Un dato claro es que en el balotaje de 2023 Milei obtuvo el 55%, pero ahora (legislativas) rondó el 41%.

-¿Alcanza con controlar la inflación?
-En primera instancia tiene que lograr estabilidad. Hoy muchos sectores por fuera del núcleo duro sienten que este gobierno tuvo tres salvatajes: el FMI, el blanqueo y Estados Unidos. Eso no transmite solidez de proyecto. Además, el foco está puesto en el conurbano bonaerense. El programa económico de Milei puede ser beneficioso para provincias productivas como Córdoba o Santa Fe, pero los votos están en el conurbano. Ahí, la apertura de importaciones y el enfriamiento de la economía golpean fuerte, en un electorado que ya tenía una predisposición negativa hacia Milei.

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-El economista Ricardo Arriazu expresó que el conurbano bonaerense fue el gran perdedor con las políticas de Milei.
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En la tercera sección electoral del conurbano, donde se concentra un tercio de los votos de la provincia de Buenos Aires, no hay intendentes que no sean peronistas. Milei no tiene socios políticos ahí y tampoco le fue bien electoralmente. Para que ese sector lo acompañe, debería percibir una mejora sin la mediación del dirigente peronista de turno. Eso sería una victoria conceptual enorme para Milei, pero es difícil que ocurra.

-¿Se viene un Milei más pragmático?
-Una estrategia posible es cambiar las reglas del juego en Buenos Aires y acordar la reelección con los intendentes a cambio de la boleta única provincial. En los próximos dos años el pragmatismo va a ser la gran herramienta del gobierno. El desafío es mantener la expectativa de los primeros dos años para los últimos dos, algo que históricamente les cuesta a los gobiernos no peronistas. El pragmatismo va a ser protagonista en 2026 y 2027, más allá del color político.

-¿Cómo se lee ese pragmatismo en Córdoba y en la gestión de Llaryora?
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Las políticas tributarias recientes del gobierno provincial son coincidentes con la demanda del cordobés. Al cordobés le gusta la baja de impuestos, pero también valora un Estado que ordene sin asfixiar. Llaryora tiene como gran activo el pragmatismo y una enorme capacidad de lectura del electorado. Tiene un perfil más pragmático que Schiaretti y una gran habilidad para interpretar el clima social. Pero debe crear un núcleo duro, un “llaryorista” de paladar negro. Que defienda su imagen de manera espontánea, recordando sus buenas gestiones en San Francisco y principalmente la de la ciudad de Córdoba, que lo llevó a ser gobernador. Eso hasta el momento no se observa de manera contundente, como sí pasa con Milei u otros protagonistas de la política.

-¿Ese pragmatismo alcanza frente al desgaste de más de 20 años de peronismo en Córdoba?
-Hay desgaste, sin dudas, pero también hay una marca construida. Lo que pasa en una legislativa no necesariamente se replica en una ejecutiva. Llaryora no genera la misma empatía que Schiaretti, pero es sinónimo de gestión y tiene una capacidad electoral que pocos dirigentes muestran. Además, puede encontrarse con una oposición muy fragmentada. Eso termina siendo un activo del oficialismo.

-Hay tres figuras que hoy aparecen con chances en la oposición: Luis Juez, Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni. ¿Cómo los ves?
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Los tres tienen condiciones para competir porque parten de una base electoral similar, todos por arriba de los 10 o 12 puntos. Ninguno arranca desde cero. Eso hace que todos se sientan con derecho a competir y que todos tengan aspiraciones legítimas. El problema es sentarlos en una misma mesa. Históricamente eso no ocurrió, salvo en 2023, cuando estuvieron a tres puntos de ganar. Cada uno tiene argumentos: De Loredo se siente relegado, Juez tiene alto conocimiento y Bornoroni se apoya en la figura presidencial.

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-¿Ves posible un acuerdo entre ellos?
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Hoy, es difícil. Tenés a De Loredo totalmente lanzado, a Bornoroni tratando de construir por su lado y a Juez con una identidad propia muy fuerte. Cada uno tiene argumentos para decir “me toca a mí”.

-Da la sensación de que Juez podría acordar con La Libertad Avanza y que De Loredo se va alejando de ese espacio. ¿Lo ves así?
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A De Loredo lo dejaron afuera en las legislativas del año pasado en el marco de un acuerdo nacional de La Libertad Avanza. No es que se despertó un día y decidió correrse: lo corrieron. Eso generó ruido y distanciamiento. En ese contexto, cada uno empezó a reconstruir su propio camino.

-¿Eso vuelve a beneficiar al oficialismo
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Claramente. Si tenés tres candidatos competitivos que van separados, el oficialismo parte con ventaja. Esto ya pasó muchas veces en Córdoba. En las legislativas la oposición se entusiasma, cree que el peronismo está terminado, y después en la ejecutiva se encuentra con un oficialismo ordenado y una oposición fragmentada. Hoy puede pasar lo mismo. Bornoroni, Juez y De Loredo tienen condiciones reales para competir, pero si no logran unificar, ese va a ser el principal activo de Martín Llaryora de cara a 2027.