Cristian Buttié: “Milei puede quedar en su núcleo duro si no la economía no mejora”
El consultor advirtió que el gobierno de Javier Milei atraviesa una caída de imagen “exponencial” que resulta difícil de revertir sin mejoras económicas concretas. Señaló que, sin cambios en el rumbo ni resultados visibles, el oficialismo corre el riesgo de quedar limitado a su núcleo duro.
—¿Cómo se analiza la caída de imagen que viene experimentando Milei?
—Entendiendo que es exponencial esa caída. Es un efecto muy difícil de revertir si no hay un cambio radical, por lo menos en la política económica, y si no se siente una mejora concreta en la gente. La principal preocupación ya no es la inflación, sino la baja del salario y la pérdida de poder adquisitivo: el 46% de la gente nos dice eso. Incluso va sobre una estrategia que ya dejó de ser prioridad como lo era hace dos años. El presidente plantea que el rumbo es el correcto y que no va a haber modificaciones, pero al mismo tiempo hay cuestiones políticas polémicas que no se corrigen, se banalizan acusaciones, como en el caso de Adorni, y se genera un cóctel que termina alimentando una ‘espiral negativa’. Sin mejoras visibles en la economía y profundizando la narrativa como lo está haciendo Milei, indefectiblemente esa espiral continúa.
—¿Ese deterioro lo deja sólo con su núcleo duro?
—Sí, se va a quedando con un núcleo duro que ronda el 30%, que viene de las elecciones de 2023 y que básicamente lo define a Milei como el mal menor, en el peor de los casos. Ese núcleo se mantiene firme en gran parte porque existe un fuerte rechazo al peronismo, teniendo en cuenta que hay un tercio del electorado que es antiperonista y vota cualquier opción con tal de que no gobierne el peronismo, y otro tercio que es antiderecha y hace lo mismo en sentido inverso. En el medio está el tercio pragmático, que es el que define las elecciones. Ese vota con el bolsillo: acompaña cuando la economía funciona y suelta la mano cuando no. Es el que inclinó la balanza en distintos momentos, tanto para continuidad como para cambio.
—Esa caída está siendo proporcional a las expectativas que originó Mieli.
—La imagen de un dirigente se apalanca en la confianza y en la expectativa que genera. Cuando esa confianza se rompe, deja secuelas. Hay hechos que la erosionan porque la gente percibe privilegios o incoherencias, y eso impacta directamente. Incluso si hay una recuperación económica, esa ruptura no desaparece del todo. Puede volver a ser visto como el mal menor, pero si la tendencia negativa se profundiza, incluso sectores pragmáticos pueden empezar a ver a la alternativa como una opción menos negativa.
—¿Qué impacto tiene que el Gobierno pierda “su terreno”, las redes sociales?
—Es muy importante, porque es su zona de confort. Perder las redes es como para el peronismo perder la calle. Cuando eso pasa, se evidencia una debilidad que después se traduce en las urnas. Además, cuando quienes apoyaban dejan de participar activamente —no comentan, no defienden, no interactúan— se genera una distancia. Esa apatía también es un indicador de desgaste y se refleja en la caída de la imagen.
—¿Cómo está posicionado Axel Kicillof hoy?
—La mayoría lo percibe como kirchnerista, y es muy difícil que se saque ese rótulo. Tiene un piso electoral sólido, que lo posiciona en cualquier escenario, pero también tiene un techo. Es una situación similar a la de Cristina en 2019: fuerte base, pero límites para crecer. Hoy sigue estando Milei por encima, pero la diferencia ya no es tan amplia como hace un tiempo. Si la situación económica empeora, incluso sectores del electorado pragmático podrían empezar a verlo como una alternativa viable.
—¿Puede aparecer un tercer actor competitivo?
—Pueden surgir nombres nuevos, pero hay que tener cautela. Lo que pasa en las elecciones legislativas muchas veces no se traduce en las ejecutivas. Hay muchos ejemplos donde quienes parecían posicionados después de una legislativa no terminaron siendo competitivos en una presidencial. Por eso, más que nombres, lo que se necesita es paciencia. El escenario puede cambiar mucho de un año a otro.
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—¿Cómo ves el escenario en Córdoba?
—Veo una dinámica bastante repetida en la historia política de la provincia. Todo depende de cómo se ordenen los espacios. Si la oposición va unida, puede ser competitiva frente al peronismo. Si va dividida, el oficialismo tiene ventaja. El peronismo, además, ha demostrado ser más pragmático en el armado político. Eso le da una ventaja en contextos de fragmentación opositora a (Martín) Llaryora, que debería concentrarse en construir un núcleo duro propio y consolidar identidad en un contexto donde Milei tuvo un fuerte respaldo electoral.
—Ni schiarettistas ni delasotistas.
—Tal cual, algo propio. Creo que está trabajando en eso y tiene tiempo para ir perfilando ese núcleo. Más allá de eso, habrá que ver cómo se trabaja para que Natalia de la Sota
—¿Qué rol juega Natalia de la Sota en ese escenario?
—Es una figura que puede generar tensiones si no se integra dentro de un esquema de unidad y si decide competir por fuera, puede afectar al oficialismo. Pero también es cierto que tiene una base propia que la posiciona como un actor relevante. Cuando las construcciones se dan en un marco de división, dejan secuelas. En cambio, cuando se integran los distintos espacios y se reconoce el peso de cada actor, se fortalecen las posibilidades electorales.
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