CRECIMIENTO

El agro volvió a salvar las papas: las exportaciones crecieron un 17,5% y aportaron más de US$ 22.000 M

Durante los primeros cinco meses de 2026, el sector generó más de US$ 22.300 millones. Un informe del IERAL destaca que el motor del crecimiento fue la mayor oferta productiva, liderada por los granos primarios, aunque conviven realidades muy heterogéneas entre los complejos.

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La agroindustria volvió a consolidarse como uno de los principales motores de generación de divisas para la economía argentina. Durante los primeros cinco meses de 2026, las exportaciones del sector alcanzaron los US$ 22.394 millones, lo que representó un incremento interanual del 17,5%, mientras que las cantidades exportadas crecieron 18,4%, según datos oficiales analizados por Juan Manuel Garzón, economista jefe de IERAL de Fundación Mediterránea.

El dato no es menor. Que el volumen exportado haya aumentado incluso por encima del valor refleja que la expansión estuvo explicada, fundamentalmente, por una mayor producción disponible para exportar y no por una mejora generalizada de los precios internacionales.

En otras palabras, el principal motor del crecimiento fue la oferta.

Un crecimiento amplio, aunque con fuertes diferencias internas

El estudio analizó el desempeño de 52 complejos agroindustriales, clasificándolos según la evolución de sus exportaciones en valor y volumen.

Los resultados muestran que 29 complejos crecieron simultáneamente en ambas variables, mientras que otros once registraron mejoras parciales. Solo doce presentaron estancamiento o retrocesos tanto en cantidades como en valor.

Sin embargo, cuando el análisis baja al nivel de los productos, la realidad aparece mucho más heterogénea. De los 173 productos relevados, apenas el 37% logró crecer tanto en dólares como en volumen, mientras que el resto mostró comportamientos dispares.

Para Garzón, esto demuestra que detrás del buen desempeño agregado conviven realidades muy distintas según la cadena productiva y el tipo de producto exportado.

La cosecha explicó buena parte del salto exportador

Entre los cultivos extensivos, el crecimiento estuvo claramente asociado a una mayor producción.

Las exportaciones de trigo aumentaron 64% en volumen, las de girasol 142%, las de sorgo 117% y las de maíz 12%.

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En todos estos casos, el incremento de los embarques fue superior al crecimiento del valor exportado, una señal de que los precios promedio por tonelada fueron algo inferiores a los del año anterior.

El informe atribuye este comportamiento a las muy buenas cosechas obtenidas durante la última campaña agrícola, que incrementaron significativamente la disponibilidad de granos para exportación.

No todos crecieron por el mismo motivo

El análisis también identifica cadenas donde el crecimiento respondió a factores completamente distintos.

Uno de los ejemplos más claros es el complejo bovino, donde el valor exportado aumentó 38%, pese a que las cantidades prácticamente no variaron.

La explicación radica en una mejora de los precios obtenidos y en una composición exportadora más orientada hacia productos de mayor valor agregado.

También aparecen casos donde hubo importantes cambios dentro de una misma cadena.

En las legumbres, por ejemplo, las exportaciones de porotos crecieron de manera muy significativa, mientras retrocedieron las de arvejas y lentejas.

En soja ocurrió un fenómeno diferente: el valor total permaneció prácticamente estable, pero aumentaron las ventas externas de poroto sin procesar y disminuyeron las de aceite y otros productos industriales, reflejando un desplazamiento hacia una canasta con menor nivel de transformación.

Más toneladas no siempre significan más dólares

El informe también muestra situaciones donde el aumento de las cantidades exportadas no logró traducirse en mayores ingresos.

El caso del maní es ilustrativo: las cantidades crecieron cerca del 30%, pero el valor exportado cayó casi 3% debido a una fuerte reducción de los precios promedio.

Fenómenos similares se observaron en algunos productos lácteos y forestales, donde el incremento de los volúmenes fue compensado por menores precios o por cambios en la composición de los productos vendidos al exterior.

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En sentido inverso, algunos sectores lograron incrementar el valor exportado aun con menores cantidades, gracias a una oferta más sofisticada o con mayor valor unitario.

Los productos primarios lideraron el crecimiento

Una de las principales conclusiones del trabajo surge al clasificar las exportaciones según el nivel de procesamiento industrial.

Los productos primarios registraron el mayor dinamismo, con un crecimiento del 27,3%, mientras que los bienes de primera transformación avanzaron 11,3%.

En conjunto, ambos segmentos explicaron prácticamente la totalidad del aumento de las exportaciones agroindustriales durante el período.

En cambio, las manufacturas intermedias tuvieron una participación reducida y las manufacturas finales permanecieron prácticamente estancadas.

Para Garzón, esto no debe interpretarse necesariamente como una señal negativa.

"Que el crecimiento haya estado liderado por productos primarios no debería interpretarse como una señal negativa. En buena medida, es el resultado esperable cuando mejoran las condiciones productivas y los incentivos de cadenas que pueden responder relativamente rápido, como ocurre con los cultivos extensivos", sostiene el economista.

El desafío: transformar el impulso inicial en mayor valor agregado

El análisis concluye que la recuperación exportadora constituye una primera respuesta de la agroindustria a un contexto más favorable, caracterizado por una mayor estabilidad macroeconómica, menor presión tributaria sobre las exportaciones y mejores incentivos para producir.

Sin embargo, advierte que las cadenas con mayor nivel de industrialización requieren tiempos mucho más largos para reaccionar.

La ganadería necesita recomponer rodeos e incorporar genética; la lechería demanda inversiones en tambos y plantas industriales; la forestoindustria depende de decisiones de largo plazo; mientras que los alimentos elaborados requieren desarrollo comercial, apertura de mercados y construcción de marcas.

Garzón sostiene que el verdadero desafío consiste en sostener las condiciones macroeconómicas para que el crecimiento inicial de los productos primarios se convierta, con el tiempo, en una expansión de las manufacturas y de los bienes con mayor valor agregado.

El economista también remarca que el valor generado por la producción primaria no se limita al producto exportado. Detrás de cada tonelada adicional de granos existe una extensa red de proveedores de semillas, fertilizantes, maquinaria, logística, tecnología y servicios profesionales que también se beneficia de una mayor actividad.

En ese sentido, el informe concluye que el objetivo no debería ser enfrentar producción primaria e industrialización, sino lograr que ambas etapas se potencien mutuamente. Una mayor producción genera escala, divisas e inversiones, mientras que una mayor transformación industrial permite capturar más valor, diversificar mercados y reducir la dependencia de los ciclos de precios y del clima.