SEGURIDAD VIAL

La comunicación para bajar un cambio y poder llegar sanos a casa

Las campañas de seguridad vial buscan algo más que advertir sobre los riesgos: apuntan a modificar conductas y poner en primer plano los beneficios de bajar la velocidad, cuidarse y volver a casa. La experiencia desarrollada en Córdoba muestra cómo la comunicación basada en evidencia puede generar conciencia y contribuir a reducir los siniestros.

. Foto: Subsecretaría de Movilidad y Tránsito, Municipalidad de Córdoba

El principio ético de la seguridad vial sostiene que ninguna muerte o lesión grave en el tránsito es aceptable; por lo tanto, el único número admisible es cero. Lograrlo es un desafío que requiere compromiso, conocimiento, planificación, creatividad y, sobre todo, mucho trabajo. Hace falta cambiar las normas, mejorar la infraestructura vial, contar con vehículos más seguros, desarrollar sistemas de emergencia ágiles y eficaces, y lograr que las personas cuiden de sí mismas y de los demás.

Una herramienta útil para promover el cambio de comportamiento es la comunicación. Sin embargo, enfrenta un desafío importante: ¿cómo hacer atractiva una campaña de prevención de riesgos viales cuando sus premisas casi siempre parecen órdenes dadas por una figura de autoridad: un padre, una madre, una maestra, un profesor o un policía? Ponete el casco, usá el cinturón de seguridad, respetá las velocidades máximas, no uses el celular, no tomes alcohol antes de conducir.

Por el contrario, como en un ring de boxeo simbólico, el contrincante es un monstruo de múltiples cabezas. Una de ellas, la publicidad, asocia emociones placenteras, momentos divertidos y personas atractivas con fiestas, la excitación del riesgo y vehículos capaces de desplazarse sin obstáculos. Las redes sociales funcionan de manera similar, pero están potenciadas por algoritmos que detectan, predicen y direccionan los intereses personales. La machósfera y su exaltación de la masculinidad se destacan entre los contenidos más dañinos. Otra es la biología.

El lóbulo frontal, la zona del cerebro que controla los impulsos, regula las emociones y el juicio, no madura hasta cerca de los 30 años (no es casualidad que, hasta los 29 años, los siniestros viales sean la principal causa de mortalidad global en este grupo). Otra, quizás menos obvia, pero no menos potente, es el ritmo de la vida cotidiana. Eso que a menudo se identifica como estrés diario: madres y padres llevando a sus hijos al colegio en hora pico, trabajadores yendo y viniendo, repartidores de plataformas entregando pedidos, el ruido, el clima y las compras.

Las creencias irracionales son otra de sus cabezas. Sostener, por ejemplo, que un choque está predestinado, que es posible hacer dos tareas al mismo tiempo sin perder precisión, que tomar “un poco” no afecta las capacidades perceptivas ni motoras, que el problema son las pocas habilidades de los demás o que manejar rápido permite ahorrar tiempo.

Comunicar los beneficios.

Frente a este monstruo policéfalo, las campañas más atractivas son aquellas que, en lugar de enfocarse en las pérdidas potenciales de un comportamiento inseguro, comunican los beneficios y las ganancias de adoptar otro, menos riesgoso. Reducir la velocidad no sólo preserva la vida, sino que también permite un mejor control del vehículo, ahorrar combustible, contaminar menos y disfrutar más del viaje.

La Municipalidad de Córdoba y la organización Vital Strategies trabajan desde hace cuatro años, en el marco de la Iniciativa Bloomberg para la Seguridad Vial Global, para diseñar y ejecutar campañas de comunicación con ese objetivo.

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Esta perspectiva guió las investigaciones formativas desarrolladas por el CONICET. Al indagar sobre las motivaciones de los motociclistas para mantenerse seguros en la calle, entre sus respuestas más repetidas destacaron pensar en sus seres queridos, volver a casa y reunirse con ellos. Sin importar el género o la edad, mencionaron a sus parejas, hijos, hijas, madres y padres. ¿Cómo convertir este hallazgo en un mensaje persuasivo contra la principal causa de muertes y lesiones en las calles, el exceso de velocidad?

En el fondo, la vida y el afecto son los pilares que sostienen todo lo demás. Apoyar la comunicación en esas fibras sensibles, en lugar de recurrir a mensajes que destacan los comportamientos correctos e incorrectos, permite transformar la fuerza del problema y algunas herramientas del enemigo en un poderoso mensaje de prevención.

Investigaciones

En base a esta línea se realizaron investigaciones luego de las campañas. La primera campaña, en 2023, apeló al testimonio de Marcela Alejandra Alfaro, mamá de Javier, víctima fatal del tránsito. Más tarde, en 2025, la campaña “Bajá un cambio: 10 km/h hacen la diferencia entre vivir y morir” tradujo esa idea en una escena cotidiana. Dos motociclistas circulan por la misma avenida bajo idénticas condiciones de tráfico; uno de ellos conduce dentro del límite permitido y el otro no.

Ante un imprevisto, el primer motociclista logra controlar el vehículo y regresar a su casa; el segundo pierde el control, impacta contra el cordón y muere. El mensaje es contundente. Enfatiza que respetar los límites de velocidad garantiza llegar a destino, mientras que un aumento de solo 10 km/h incrementa drásticamente el riesgo de un choque.

La evaluación de la campaña del 2025 indicó que alrededor de 196.000 personas vieron el anuncio. La audiencia lo consideró accesible, fácil de entender a primera vista, creíble y relevante para ilustrar las consecuencias del exceso de velocidad. Un resultado importante fue su capacidad para generar conversación. Muchas personas compartieron el mensaje, intentaron concientizar a otros para no exceder los límites y buscaron más información al respecto.

Tal como ocurre en Córdoba, la evidencia científica demuestra que las campañas de comunicación bien realizadas impactan positivamente en la seguridad vial: educan, promueven el cambio de comportamiento y se asocian con una reducción de los siniestros. ¿Qué hace falta para que todas las ciudades adopten políticas y estrategias de seguridad vial basadas en la ciencia y los datos? La clave está en poner el conocimiento al servicio de la toma de decisiones y traducirlo en acciones concretas y sostenidas.

(*) Dr. en Psicología. Investigador de CONICET.