Menopausia: mitos y tabúes de una etapa de transformación
Hay tantas menopausias como mujeres. Muchas llegan con poca información sobre el impacto en lo emocional, neurocognitivo y sexual. Cambia el cuerpo, pero también la forma en que la mujer se percibe a sí misma.
La llegada de los 50 es un momento clave en la vida de las mujeres. Son tiempos de cambios. A esta altura muchas ya han desarrollado gran parte de la vida laboral, tienen hijos en edad de independizarse, sienten más libertad para decir que no y no les interesa demasiado lo que piensen los demás. Transitan el climaterio o la menopausia y el cuerpo habla, a cada una de una manera distinta. Lo concreto es que llega el momento en que la menstruación se retira, termina la etapa de fertilidad y comienza una transformación profunda. Es un punto de inflexión. Una pregunta frecuente es: “¿Cómo quiero pasar el resto de mi vida?”
“La menopausia es una etapa natural en la vida de la mujer que, sin embargo, continúa rodeada de mitos, silencios y desinformación. Hoy, la medicina cuenta con herramientas suficientes para acompañar este proceso, mejorar la calidad de vida y promover un envejecimiento saludable”, dice la doctora Florencia Arbach, especialista en ginecología, patología del tracto genital inferior y menopausia del Hospital Privado de Córdoba.
El abordaje de la menopausia -plantea Arbach- debe basarse en una evaluación integral, individualizada y centrada en la paciente. “No es el final de nada, es una etapa más en la vida de la mujer. Con información, acompañamiento y un abordaje adecuado, puede vivirse con bienestar y calidad de vida”, dice.
María Fabiana Castañón, especialista en psicogerontología, diplomada en bienestar y salud social, asesora y acompañante en climaterio y menopausia, remarca que la menopausia no es sólo un cambio hormonal, es también “un momento de transición vital, donde el cuerpo cambia, pero también la forma en que una mujer se percibe a sí misma”. Es tiempo de reorganización de nuevos sentidos, plantea.
Desde el punto de vista médico, la menopausia se define como el cese permanente de la menstruación por la pérdida de la función folicular ovárica, que se confirma luego de 12 meses consecutivos de amenorrea sin otra causa patológica.
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Arbach explica que no se trata de un evento aislado, sino de un proceso más amplio denominado climaterio, que incluye la transición menopáusica (perimenopausia) y la posmenopausia. Durante este período -detalla-, se producen cambios hormonales progresivos, principalmente la disminución de los estrógenos, que impactan en distintos órganos y sistemas. Esto supone cambios endocrinológicos, somáticos y neuropsicológicos asociados a la declinación estrogénica. Aparecen sofocos, sudoración nocturna, problemas de sueño, cambios en el ánimo, irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse, “niebla mental”, cambios en la líbido, sequedad vaginal, redistribución de la grasa corporal y aumento del riesgo cardiovascular.
Cada caso es diferente
Castañón subraya que no hay dos menopausias iguales. “Cada mujer la atraviesa desde su historia, su cuerpo, sus vínculos y su contexto. Desde la psicogerontología entendemos que no es sólo un hecho biológico, sino una experiencia subjetiva atravesada por la biografía de cada mujer”, sostiene.
Regina Losada Weht, instructora de yoga integral considera que la menopausia es una transmutación. “Lo que se expresa en el cuerpo físico es sólo el aspecto visible de un proceso de replanteos profundos, que dan a luz a mujeres que pasan de maternar a guiar con madurez el entorno humano que habitan”, indica. “Nuestro cuerpo, energía, emociones y psiquismo viven en conjunto un movimiento trascendente”, destaca.
Las expertas señalan que persisten conceptos erróneos o mitos respecto a la menopausia. Por ejemplo: que es una enfermedad; que todas las mujeres la atraviesan con síntomas severos inevitables; que existe una contraindicación generalizada de la terapia hormonal, que es el fin de la vida sexual y de la feminidad, que el deseo desaparece, que es una etapa de pura pérdida, que hay que resignarse.
“También aparece el mito de que todo se soluciona con una pastilla, o al revés, que no hay que intervenir nada. En ambos casos, lo que falta es información y acompañamiento adecuado”, dice Castañón.
Puede haber cambios físicos, como menor lubricación, dolor al tener relaciones sexuales, y también cambios en la líbido. Pero -remarca Castañón- la sexualidad no desaparece; se transforma. “Muchas veces, cuando se puede hablar del tema, aparecen nuevas formas de vivirla, más conscientes y menos exigidas”, agrega. Arbach también explica que es posible mantener una vida sexual satisfactoria con intervenciones adecuadas, “Aún sigue siendo un tema poco hablado, pero fundamental”, subraya.
Niebla mental
“No estoy igual, me cuesta concentrarme, me olvido cosas”. Esas frases suelen ser comunes entre quienes transitan la menopausia. Castañón señala que la caída de estrógenos impacta en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que regulan el ánimo, la atención y la memoria. “No es un deterioro cognitivo. Es una forma distinta de funcionamiento en esta etapa, que suele ser transitoria”, indica. Se trata de un cambio neurobiológico.
Arbach remarca que, en algunos casos, síntomas propios del climaterio se confunden con trastornos psiquiátricos. “Es fundamental diferenciar estos cambios hormonales fluctuantes y transitorios de trastornos clínicos como la depresión mayor el cual suele ser persistente, con criterios diagnósticos específicos (...) Un diagnóstico adecuado permite evitar tratamientos innecesarios”, subraya.
Falta de información
Muchas mujeres llegan a la menopausia sin información clara, lo que genera incertidumbre y angustia. Otras no reconocen los síntomas iniciales de la transición menopáusica, lo que retrasa la consulta médica. A eso se suma que los varones suelen estar aún más desinformados, lo que impacta en la dinámica de pareja y dificulta el acompañamiento.
“La educación en salud constituye una herramienta fundamental para que las mujeres transiten esta etapa de manera más consciente y saludable. En este sentido, es clave una actitud proactiva del médico ginecólogo, en su rol de atención primaria, no sólo para informar sino también para indagar activamente sobre los síntomas más prevalentes y sobre el impacto que la declinación hormonal puede tener en la calidad de vida, incluyendo la esfera sexual”, remarca Arbach.
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En ocasiones, las mujeres no encuentran respuestas en el sistema de salud. Castañón considera que esto ocurre porque a veces se trabaja desde una mirada fragmentada. Se atiende el síntoma, pero no se escucha la experiencia completa. “En consulta aparecen frases como ‘me dijeron que es normal’, pero sin explicación, sin acompañamiento. Y lo que vemos es que cuando una mujer no se siente escuchada, el malestar aumenta, aunque el síntoma sea ‘esperable’”, agrega la psicogerontóloga.
Arbach considera que estas situaciones responden a múltiples factores: insuficiente formación en menopausia en algunos programas de grado y posgrado, subestimación de síntomas no clásicos (por ejemplo, los cognitivos o emocionales) y también de los síntomas más frecuentes en la etapa inicial como son los calores. Pero, además -dice- se debe a la falta de tiempo en la consulta que dificulta un abordaje integral.
Para Castañón es clave recibir información situada. “Saber qué cambios pueden aparecer, qué es esperable y qué no. Cómo impacta en el cuerpo, en el descanso, en el estado de ánimo, en la memoria, en la sexualidad”, enumera. Es fundamental - añade- entender que no tienen que atravesar esta etapa en soledad ni desde la exigencia de seguir funcionando como antes.
Arbach sostiene también que deben conocer las opciones terapéuticas disponibles (hormonales y no hormonales), la prevención de enfermedades asociadas (osteoporosis, enfermedad cardiovascular) y las estrategias de autocuidado.
La educación sobre este tema debe iniciarse en la etapa premenopáusica (35–40 años), lo que permite el reconocimiento precoz de síntomas, el acceso oportuno al sistema de salud y la implementación de medidas terapéuticas y preventivas adecuadas. “Llegar informada cambia completamente la experiencia. Cuando una mujer entiende lo que le pasa, disminuye el miedo y puede tomar decisiones con más claridad”, dice Castañón.
Losada Weht destaca el impacto de los contextos en la vida de las mujeres. “Si analizamos las menopausias de nuestras abuelas, de nuestras madres, de las mujeres que las estamos transitando y las menopausias que vendrán, entendemos que hay camadas de menopausias que reflejan el estado bio-psico-social de los distintos tiempos”, dice.
Sostiene que los mandatos sociales vinculados al rol de las mujeres en tiempos patriarcales pusieron en detrimento la conexión de las mujeres con su “cuerpo sagrado” y eso que formaba parte del instinto y de la intuición, se convirtió en información parcializada, en una búsqueda de respuestas en el afuera, “en la pérdida de conversaciones sobre embarazos, partos, lactancias, orgasmos, menstruaciones, menopausias y sobre todo, la pérdida de empoderamiento de las mujeres con respecto a su propia sabiduría”.
Pros y contras de tratamientos hormonales y otras alternativas
Los tratamientos hormonales son uno de los temas de consulta más frecuentes. La psicogerontóloga Fabiana Castañón dice que la terapia hormonal, bien indicada, puede mejorar la calidad de vida; especialmente los sofocos, sueño y síntomas vaginales. Pero señala que no es para todas las mujeres. Requiere evaluación médica, historia clínica y seguimiento.
La especialista en ginecología Florencia Arbach explica que la terapia hormonal de la menopausia (THM) se considera el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores, para la mejora del síndrome genitourinario de la menopáusica y tiene un considerable efecto beneficioso a largo plazo sobre la masa ósea.
Sin embargo, coincide en que no es para todas las pacientes. Su indicación debe ser individualizada, evaluando beneficios y riesgos.
Los riesgos -remarca- dependen de la edad de inicio y tiempo desde la menopausia (dentro de los primeros 10 años de menopausia o antes de los 60 años) y del perfil de riesgo cardiovascular y oncológico de la paciente. Las terapias no hormonales, en tanto, están indicadas en mujeres que no pueden o tienen contraindicación específica a la THM o en aquellas que no desean terapia hormonal. Arbach enumera algunas: medicación específica para síntomas vasomotores, fitoterapia o terapias naturales y cambios en el estilo de vida.
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