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DÍA DEL TRABAJADOR

Trabajar después del retiro dejó de ser opción y se volvió necesidad

Si a las estadísticas oficiales se les suma el empleo no registrado, se estima que más de un millón de personas en edad jubilatoria continúan en actividad en el país. Lejos de una elección, los datos muestran que la continuidad laboral está empujada por ingresos insuficientes y se traduce en expansión del monotributo y crecimiento del empleo precario.

2-5-2026-Jubilado trabajando
. | CEDOC PERFIL

El Día del Trabajador se conmemoró en un clima social y laboral de creciente tensión en el mundo del trabajo por el aumento de la desocupación, la precarización y los cambios en las regulaciones laborales. En ese contexto complejo, un dato particular emerge como signo de este tiempo a nivel nacional y con impacto visible en Córdoba: cada vez son más las personas con edad jubilatoria que se ven obligadas a seguir trabajando para generar los ingresos imprescindibles para la subsistencia.

De acuerdo con microdatos del INDEC correspondientes al tercer trimestre de 2025, la participación laboral de las personas en edad jubilatoria se incrementó un 11% respecto de 2023, mientras que más de 450 mil jubilados tenían empleo registrado en el país. El mismo comportamiento aparece en mediciones privadas, como las del Instituto Argentina Grande (IAG). En su dossier número 6, señala que alrededor del 17% de las personas en edad jubilatoria continúa trabajando en la Argentina.

Dentro de ese universo, más del 50% está inscripto como monotributista, dato que refleja un desplazamiento hacia formas de inserción sin relación de dependencia. Este esquema implica menores niveles de protección laboral y ausencia de estabilidad, además de no generar, en la mayoría de los casos, mejoras en el haber previsional ya otorgado.

A esto se suma el incremento del “desempleo encubierto”. Entre los mayores de 66 años, este indicador —que incluye a quienes trabajan pocas horas o en condiciones precarias y buscan ampliar ingresos— creció un 34,1% interanual. Este comportamiento indica que una parte creciente de los jubilados no solo permanece en actividad, sino que además necesita incrementar sus horas de trabajo.

Si se incorpora el trabajo no registrado, la estimación ubica por encima del millón a las personas en edad jubilatoria que continúan trabajando en la Argentina. Esto incluye actividades informales, changas, pequeños emprendimientos y servicios personales. El fenómeno ya no es marginal si se considera que el sistema previsional incluye alrededor de 5,7 millones de jubilaciones —de las cuales cerca de 3,9 millones se otorgaron mediante moratorias— en un universo que supera los 7 millones de beneficiarios si se incluyen pensiones.

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El aumento de la participación de los adultos mayores en el mercado laboral no se traduce en mejores condiciones. Según el relevamiento basado en datos del INDEC, más de seis millones de personas trabajan en condiciones desprotegidas en el país. Dentro de ese universo, el crecimiento más marcado entre 2023 y 2025 se registra en personas de 66 años o más, con subas del 22% en varones y del 33% en mujeres.

Sobreviviendo

En Córdoba, los indicadores muestran una situación consistente con esa tendencia. Según datos difundidos en la provincia, el 52% de los jubilados necesita ayuda económica de sus hijos para cubrir gastos básicos. Los relevamientos cualitativos acompañan esa tendencia. Un estudio de la Fundación Colsecor en localidades del interior del país muestra que la principal razón para seguir trabajando después de jubilarse es la necesidad de complementar ingresos, por encima de otras motivaciones como mantenerse activo, continuar una actividad previa o evitar el aislamiento.

Los datos sobre ingresos muestran una presión creciente sobre el poder adquisitivo de los jubilados. El gasto en medicamentos, servicios de salud y alimentación concentra una proporción creciente del ingreso mensual en los adultos mayores y, de hecho, la jubilación mínima cubre solo una parte del costo de vida estimado para ese grupo.

A nivel provincial, algunas decisiones también impactan en esta dinámica, como la medida de avanzar en jubilaciones obligatorias en el sector público. El incremento del flujo de personas que pasan a condición pasiva se da en paralelo con un contexto en el que la continuidad laboral posterior se vuelve cada vez más frecuente.

La combinación de estos factores muestra una secuencia definida: aumento de la tasa de actividad en personas mayores de 65 años, crecimiento del empleo independiente y expansión del trabajo desprotegido en sectores como comercio minorista, servicios personales, mantenimiento, tareas administrativas y actividades informales urbanas, como servicios de traslado o delivery.

Hace algunos días se viralizó en las redes sociales el caso de un jubilado que, bajo la lluvia, se desempeñaba como repartidor para una app en la Ciudad de Buenos Aires. Pero el caso ya no resulta icónico porque se ha vuelto común, incluso en Córdoba. Por eso, aunque no hay números oficiales que así lo confirmen, no resulta difícil advertir que, en lo que va de 2026, la tendencia se está profundizando de manera acelerada.

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Querer y poder

De acuerdo con el propio INDEC, la población de 65 años y más viene creciendo de manera sostenida en la última década, tanto en términos absolutos como en su peso relativo dentro del total. Ese proceso amplía la base de personas en edad jubilatoria y, en consecuencia, también el universo potencial de quienes permanecen o reingresan al mercado laboral.

Desde el campo de la salud, especialistas advierten que el aumento de la actividad laboral en adultos mayores no puede leerse de manera uniforme. Por un lado, la mayor expectativa de vida y mejores condiciones generales de salud permiten que muchas personas lleguen a los 65 o 70 años con niveles de autonomía y capacidad funcional que, décadas atrás, eran menos frecuentes. “Hay un instinto de sobrevivencia, impulsado por la necesidad. La cuestión es seguir y no quedarse”, señaló Sergio Asef, director del Centro Médico Ospecor. Sin embargo, aclaró que “no todos los jubilados están en condiciones físicas o cognitivas de sostener una actividad laboral”, especialmente en tareas exigentes o en contextos de informalidad.

En el plano legal, una persona puede continuar trabajando luego de jubilarse y percibir simultáneamente su haber previsional y un ingreso laboral. Ese reingreso no implica la continuidad automática del vínculo previo, sino la conformación de una nueva relación laboral. Es decir que, en los casos de empleo en relación de dependencia, la antigüedad anterior no se traslada de manera automática a efectos indemnizatorios —salvo reconocimiento expreso— y el reingreso debe declararse ante ANSES mediante el Formulario PS 6.10. El jubilado puede trabajar como dependiente o de forma autónoma/monotributista, realizando los aportes correspondientes al sistema, aunque sin generar un nuevo cómputo previsional, ni modificaciones en el haber ya otorgado.

En síntesis, la continuidad laboral en edad jubilatoria aparece cada vez más integrada al funcionamiento del mercado de trabajo, pero atravesada por condiciones económicas que exceden las decisiones individuales. En ese sentido, el trabajo en la vejez puede ser un factor positivo cuando es elegido y adaptado, pero también puede implicar un riesgo personal y social cuando responde a la necesidad económica y se realiza sin condiciones adecuadas.