Socavones: el riesgo silencioso que vuelve tras cada lluvia
Los hundimientos de los últimos dos años muestran que, bajo calles y veredas, el subsuelo deteriorado representa un riesgo latente para peatones, vehículos y edificaciones. “La lluvia no crea el problema: lo acelera y lo vuelve visible”, advierte un especialista. ¿Es posible prevenir el colapso?
Las lluvias intensas registradas recientemente en la ciudad de Córdoba —como la del jueves 8 de enero, que puso al límite la capacidad de escurrimiento de la Cañada— dejaron barrios anegados, desagües colapsados y viviendas afectadas. Pero no todos los efectos de un temporal se manifiestan de inmediato. En muchos casos, el impacto ocurre bajo tierra: el agua se filtra por juntas abiertas, baldosas flojas o fisuras casi imperceptibles y acelera procesos de deterioro que pueden desarrollarse durante días, semanas o incluso meses sin señales visibles, hasta que el suelo colapsa sin aviso.
Cuando eso ocurre, la alarma se vuelve inmediata y los cráteres aparecen en las noticias. Sin embargo, los socavones rara vez son un problema superficial. En la mayoría de los casos están vinculados a fallas en la infraestructura subterránea: cañerías cloacales antiguas, pérdidas persistentes en redes de agua potable, desagües saturados o intervenciones deficientes tras obras públicas y privadas. Lo que queda expuesto no es solo un pozo repentino, sino un subsuelo urbano frágil, envejecido y sometido a tensiones crecientes.
Diagnóstico
Ese patrón fue documentado en un informe elaborado por la Fundación Relevando Peligros, a pedido de Perfil Córdoba, que analizó distintos episodios ocurridos en esta capital provincial. Según el relevamiento, los socavones “no son hechos aislados ni accidentes imprevisibles”, sino “la consecuencia de infraestructura deteriorada, obras mal ejecutadas y falta de control sostenido”. “La lluvia no crea el problema: lo acelera y lo vuelve visible”, advirtió Germán Vicentini, vicepresidente de la fundación y autor del trabajo.
El problema se amplía cuando se lo inscribe en el contexto del crecimiento urbano y la gestión del agua. El informe señala que la impermeabilización creciente del suelo urbano incrementa el volumen y la velocidad del escurrimiento superficial, sobrecargando redes que no fueron diseñadas para absorber esos caudales. Esa presión adicional acelera el deterioro de cañerías y estructuras subterráneas y eleva la probabilidad de colapsos.
Es por eso que, entre los detonantes más frecuentes, aparecen las pérdidas prolongadas en cañerías de agua potable y los colapsos parciales de conductos cloacales. En esos casos, el agua arrastra el material de relleno hacia cavidades subterráneas, generando vacíos que crecen de manera silenciosa hasta que la superficie —vereda o calzada— cede de forma repentina. Se trata de procesos difíciles de detectar sin controles específicos y monitoreo preventivo.
De promesa a deuda: Córdoba y los 30 años de una autonomía inconclusa
La fundación advierte, además, que muchos hundimientos se producen tras obras de servicios en calles recientemente asfaltadas, en esquinas donde confluyen varias redes subterráneas o en las inmediaciones de bocas de tormenta y desagües antiguos. La ausencia de inspecciones posteriores aparece, en ese contexto, como un factor que agrava el riesgo.
Desde una mirada técnica complementaria, el ingeniero civil Guillermo Assandri, exdirector de Obras Viales y exsecretario de Infraestructura de la Municipalidad de Córdoba, coincidió en que los socavones no son inevitables. “Por supuesto que hay forma de prevenirlos: haciendo correctamente las obras y controlándolas”, afirmó. Para el exfuncionario, el punto crítico está en la ejecución de las zanjas, el relleno y la compactación posterior, especialmente en obras de desagües y tendido de redes.
Factor territorial
Assandri introdujo, además, una distinción relevante sobre el suelo de la ciudad: mientras en el norte y noroeste predominan suelos más arenosos y estables, en el sector sur y sudeste abundan suelos loéssicos, que en seco se comportan como firmes, pero que al humedecerse pueden colapsar de manera brusca. No obstante, relativizó el peso de las condiciones del suelo: “Si la obra está bien hecha, la zona de la ciudad no debe ser argumento para la formación de hundimientos”.
Para el geólogo Ricardo Astini, el problema se agrava por la falta de información estructural. Señala que no existe una cartografía integral y actualizada del subsuelo urbano, lo que dificulta anticipar dónde pueden producirse colapsos. “La ciudad creció sin un conocimiento detallado de lo que hay debajo. No sabemos con precisión dónde están las zonas más vulnerables, los antiguos cauces o los sectores con mayor riesgo de hundimiento”, sostuvo. Esa carencia obliga a reaccionar después del accidente, en lugar de prevenirlo.
Astini agregó que no solo las pérdidas persistentes en redes de agua y cloacas aceleran los procesos de colapso, sino también las sobrecargas del tránsito y las vibraciones constantes. La combinación de humedad, peso y movimiento termina debilitando un subsuelo que ya presenta condiciones adversas.
Los que se quedan: historias de resistencia en las galerías del Centro
Responsabilidades
Determinar quién debe garantizar que el suelo urbano sea seguro en Córdoba Capital no es una cuestión opinable. El marco normativo vigente establece responsabilidades concretas: calles y veredas forman parte del dominio público municipal, lo que implica que el Estado local es el responsable último de su guarda, control y supervisión.
En el caso de las veredas, la normativa delega el mantenimiento cotidiano en los frentistas, que deben conservarlas en condiciones adecuadas de circulación. Sin embargo, esa delegación no libera al municipio de su obligación de fiscalizar, intimar a reparar e intervenir cuando existe riesgo. Cuando el deterioro alcanza a la calzada, la responsabilidad es aún más directa: el mantenimiento y la seguridad de las calles recaen sobre el Estado municipal.
A ello se suma la obligación de las empresas concesionarias o prestadoras de servicios públicos de recomponer correctamente la superficie intervenida. Cuando esa reposición es defectuosa o incompleta, la responsabilidad se comparte entre quien ejecutó la obra y quien debía controlarla.
En ese punto, Assandri marca una falencia estructural. Recordó que, durante años, funcionó en la Municipalidad una oficina de Intervenciones y Autorización de Cortes en la Vía Pública, creada por la Ordenanza N.º 10.819 y sancionada en 2004. La norma estableció un ámbito específico para coordinar a las reparticiones municipales, a las empresas contratistas y de servicios, y para controlar la correcta ejecución de las obras en calles y veredas. “Hoy esa oficina no está funcionando”, afirmó. La ausencia de fiscalización efectiva convierte así cada lluvia intensa en un nuevo factor de riesgo.
Astini, por su parte, advirtió que el crecimiento urbano sin planificación tiende a profundizar el problema. El también investigador superior del Conicet sostuvo que la expansión de la ciudad avanza, en muchos casos, en sentido contrario al desarrollo sostenible: “Cada nueva urbanización, cada pavimento, cada obra que no contempla el comportamiento del subsuelo agrega tensión a un sistema que ya es vulnerable”.
El desafío, entonces, ya no es solo rellenar pozos ni recomponer pavimentos y veredas, sino anticiparse a lo que ocurre debajo de una ciudad que creció más rápido de lo que aprendió a mirarse por dentro.
Los principales socavones en la ciudad durante 2024 y 2025
Enero 2024 en Av. Vélez Sarsfield y Ángelo de Peredo: Hundimiento de casi 30 mts; operativo de emergencia; corte parcial de tránsito.
Octubre 2024 en Av. Vélez Sarsfield y Mónaco: Automovilista cayó con su Fiat Uno.
Noviembre 2024 en Caseros y Paso de los Andes – Bº Alberdi: Patrullero policial “tragado” por el socavón.
Noviembre 2024 en La Rioja al 5200 – Bº San Ignacio: Hundimiento masivo; evacuación y corte de tránsito por varios días.
Diciembre 2024 en Garibaldi y Libertad – Bº Pueyrredón: Socavón con agua; semáforo sumergido activo; corte de energía por riesgo.
Diciembre 2024 en Arturo M. Bas y Achával Rodríguez (zona Tribunales): Derrumbe de pared de 8 mts; caída de postes de alumbrado; 40 barrios sin agua.
Enero 2025 en Ciriaco Ortiz y Ruta 19 – Bº Bajo Pueyrredón: Auto cayó en socavón de 4 metros durante maniobra de marcha atrás; conductor ileso.
Febrero 2025 en Alto Alegre al 1500 – Bº Villa Unión: Colectivo línea 44 (Coniferal) incrustado en la calle.
Noviembre 2025 en Victoriano Monte y Julio Arbelda – Bº Parque Liceo III: Dos transportes escolares atrapados; subsecuente colapso con caída de policía.
Noviembre 2025 en Av. Sabattini al 2500 – Bº San Vicente: Mujer cayó en pozo de casi 3 mts; operativo de rescate y traslado a un centro de salud.
También te puede interesar
-
Milei tuvo su “baño de masas”, confirmó la conexión con Córdoba y fortalece a Bornoroni rumbo a 2027
-
Reforma previsional: Gremios endurecen la ofensiva contra Llaryora y presionan a Milei por la deuda con Córdoba
-
Menos impuestos, ¿mejor sistema? las dudas detrás de la baja del Inmobiliario en Córdoba
-
Cristian Buttié: “El 2026 será bisagra para muchos: Milei será pragmático y Llaryora debe crear un núcleo fidelizado”
-
“No soy narcotraficante, soy pirata del asfalto”: la confesión de Juan Viarnes en 2013
-
Nicolás Pontaquarto: “Los cursos de la plata fácil en Internet son una estafa Ponzi”
-
IA en las aulas argentinas: cómo se usa y cuáles son los desafíos pedagógicos y éticos
-
Cómo se prepara Llaryora para darle pelea a Milei ante la reforma laboral
-
La batalla digital que puede debilitar a Llaryora frente a los libertarios