crítica

La ósmosis de la imaginación

Invernal es autobiográfica en un sentido preciso: no como confesión ni como ajuste de cuentas íntimo, sino como transferencia de experiencia a forma. Y por sólo eso la novela ya merece ser leída.

Foto: cedoc

En Invernal, de Dario Voltolino, lo que está en juego es la transformación del cuerpo del padre por la enfermedad. Todo en la novela se organiza a partir de ese proceso lento, material e irreversible. No como tema, ni siquiera como metáfora, y menos aún como relato ejemplar, sino como principio de composición. El cuerpo enfermo no es algo que se cuenta: es algo que modifica la escritura. La escritura se vuelve más breve, más contenida y atenta, como si cada frase tuviera que ajustarse a lo que el cuerpo todavía puede sostener.

Por eso hablar de ósmosis, como se menciona al final de Invernal, no es una imagen decorativa. La imaginación no inventa ni embellece, simplemente absorbe. Lo real –el deterioro físico, los gestos mínimos, el cansancio, el tiempo que se acorta, el invierno como clima– atraviesa el lenguaje y la obliga a cambiar. El sentido, si aparece, surge exclusivamente del trabajo formal, del modo en que la escritura se deja afectar por la transformación del cuerpo enfermo. 

Además de lo logrado de hacer literatura en sentido pleno desde el dolor personal, Invernal se sostiene en una decisión más radical y menos frecuente: no convertir ese dolor en discurso. La enfermedad y la muerte del padre no fundan una posición moral, no legitiman una voz, no reclama ninguna empatía. Funcionan como fuerza material que empuja la narración, y la vuelve más precisa. No hay ningún tipo de psicologismo ni introspección explicativa. El narrador registra el desgaste progresivo, y la escritura acompaña ese proceso sin comentarlo ni juzgarlo.

De ahí la sensación de prosa cortada, concisa, a veces casi telegráfica, que muchos lectores y críticos han señalado y que está presente desde el inicio. Hay una economía extrema, una renuncia deliberada al énfasis y a la metáfora grandilocuente. El dolor no se dramatiza. Esa, podríamos llamar, ética de la observación –en parte vinculada también al oficio periodístico de Voltolini– produce una escritura contenida que incomoda a quien espera una narración más lineal o un alivio emocional explícito.

Invernal es autobiográfica en un sentido preciso: no como confesión ni como ajuste de cuentas íntimo, sino como transferencia de experiencia a forma. Y por sólo eso la novela ya merece ser leída. El libro confía en que la literatura todavía puede hacer algo distinto: poner el cuerpo en la lengua, aceptar que escribir no es explicar ni salvar, sino sostener una experiencia sin degradarla en espectáculo.

Que Invernal haya sido finalista del prestigioso Premio Strega funciona, para nosotros, como una clave de lectura. El premio lo han ganado Pavese, Morante, Moravia, Levi, Eco, y tantos otros, y Voltolini pasa a estar en ese podio con esta novela, con fundada razón. Invernal es una apuesta jugada dentro de la narrativa italiana contemporánea. 

 

Invernal

Autor: Dario Voltolini 

Género: novela

Otras obras del autor: Pacific Palisades; Rincorse; Dagli undici metri; Forme d’onda; Foravìa

Editorial: Libros del Asteroide, $ 41.900

Traducción: Celia Filipetto