“Mi corazón llegó y nunca más se fue”: Alejandro Sanz volvió a abrazar a Buenos Aires
En un Campo Argentino de Polo colmado, el madrileño repasó más de tres décadas de canciones, dejó un mensaje de paz y confirmó un vínculo emocional con el público argentino que ya forma parte de su historia.
Hay ciudades que se visitan y ciudades que se habitan, incluso a la distancia. Para Alejandro Sanz, Buenos Aires dejó de ser un punto en el mapa en 1994 para convertirse en un lugar al que siempre se vuelve. Más de 35 mil personas volvieron a comprobarlo este sábado en el Campo Argentino de Polo, donde el cantante español ofreció el segundo de sus dos conciertos porteños antes de cerrar la etapa argentina de su gira en Córdoba.
Antes de que los acordes de “Mi soledad y yo” terminaran de humedecer los ojos de miles de personas, Sanz soltó una confesión que funcionó como el eje gravitacional de la noche: “Dicen que si piensas mucho en Buenos Aires, hay un momento en el que tu espíritu camina por sus calles y ya se queda para siempre. Y eso me pasó a mí hace unos cuantos años. Mi corazón llegó, pero nunca más se fue. Así que no se asusten si me ven por ahí, caminando solo. Les quiero”.
La frase sintetizó el clima del concierto. Durante dos horas, Alejandro Sanz repasó más de tres décadas de canciones ante un Campo Argentino de Polo colmado. Con ocho músicos en escena y una puesta dominada por una pantalla curva de más de 300 metros, alternó sus clásicos más celebrados con temas de su último álbum.
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La puesta en escena sumó uno de los momentos más significativos del concierto. El escenario se transformó en un mural urbano con proyecciones de fachadas de ladrillo y grafitis que repetían la frase “No hay dolor”. En las pantallas, la palabra "paz" apareció en distintos idiomas, como antesala de una reflexión del artista sobre el contexto global: “Una canción no puede parar un tanque, pero sí puede partirle el alma al guerrero que lo conduce. Ese es el poder real de la música. Mientras tengamos ese poder, vamos a seguir escribiendo por si acaso somos capaces de romperle el alma al aire y a alguien que no sepa lo que está haciendo”.
En algunos momentos aparecían escenas urbanas, balcones intervenidos con grafitis o tipografías vibrantes que recordaban al arte callejero latinoamericano. En otros, el despliegue era minimalista: una luz cenital recortando la figura del artista, brazos abiertos frente a un mar de celulares encendidos. Desde el campo, miles de pantallas registraban el momento como si fueran pequeñas luciérnagas digitales.
El show también encontró espacio para la intimidad. Sentado al piano, Sanz interpretó versiones dulces de “Lo ves” y “Las guapas”, dos piezas que bajaron el pulso del estadio y recordaron el costado más introspectivo de su repertorio. Verlo al piano recordó por qué, tras 35 años de carrera y 24 Latin Grammy, sigue siendo el capitán de este barco.
Lejos de la nostalgia, el show funcionó como manifiesto de ¿Y ahora qué +?, su último álbum grabado entre Madrid y Miami. En este trabajo, Sanz renovó su proceso creativo al colaborar con una nueva guardia de productores y compositores —como Elena Rose, Edgar Barrera, Andy Clay, Casta y Spreadlove— en busca de una sonoridad contemporánea. El resultado es un disco que dialoga con el presente sin resignar la esencia melódica que define su carrera.
Con la bandera argentina grabada en la correa de su guitarra celeste, Sanz se movió entre la euforia pop y la intimidad. Hubo espacio para el recuerdo, como cuando dedicó “A la primera persona” a su amigo, conectando por un instante a Argentina con Madrid: “Esta canción se la voy a dedicar a mi amigo Gonzalo, que está en Madrid. Quiero que le manden todo el ánimo del mundo”.
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Hacia el cierre, la lista de canciones se inclinó definitivamente hacia los grandes himnos. “Quisiera ser”, “Amiga mía”, “Deja que te bese”, “Cuando nadie me ve”, “Mi marciana” y “No es lo mismo” prepararon el terreno para el final inevitable. Cuando sonaron los primeros acordes de “Corazón partío”, el Campo de Polo estalló.
La canción, convertida desde hace décadas en un clásico, funcionó como despedida perfecta para una noche cargada de memoria afectiva.
“Disfruten mucho de la vida. Vivan sin vergüenza”, lanzó Sanz como mantra final antes de que la fiesta explotara definitivamente. La gira mundial ¿Y ahora qué?, que ya dejó su huella en México, Colombia, Perú y Chile, se encamina ahora hacia su capítulo de cierre en Argentina, con una última escala este domingo 8 de marzo en el Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba.
Sanz se despide de Buenos Aires, pero solo físicamente. Como él mismo dijo ante un Campo de Polo rendido, se siente profundamente afortunado de poder cantar sus canciones y reencontrarse con un público que las hace propias. Su espíritu —según confesó— ya camina por estas calles y, después de lo vivido en estas dos noches, la ciudad tampoco parece dispuesta a dejarlo ir.
ML
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