fue cineasta y escritor

Murió Alexander Kluge, uno de los más grandes renovadores del cine alemán

Un adiós que reaviva la vigencia de una obra singular que atravesó el cine, la literatura y la teoría crítica para pensar –desde la posguerra alemana hasta la era de la inteligencia artificial– las formas del miedo, la economía y la experiencia humana. Discípulo de Theodor W. Adorno y figura clave del Nuevo Cine Alemán, su producción desbordó los límites de los formatos tradicionales y anticipó modos contemporáneos de narrar y analizar la realidad.

Kluge. Arriba: el director alemán.Der.: una toma durante la filmación de Despedida del ayer junto a su hermana, protagonista del film. Foto: cedoc

El pasado miércoles falleció Alexander Kluge, cineasta, escritor y filósofo alemán. Nació en 1932 en Halberstadt, sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial como la mayoría de los músicos fundadores del rock. Como abogado, fue asesor jurídico del Instituto de Investigación Social de Fráncfort, donde conoció a Theodor W. Adorno, convirtiéndose en uno de los herederos intelectuales más destacados de dicha Escuela. Tanto es así que su colaborador, el filósofo Oskar Negt, se refería a él como “el hijo predilecto de Adorno”.

En 1958, Kluge trabajó en cine como asistente de Fritz Lang a instancias de Adorno. Fue uno de los firmantes del Manifiesto de Oberhausen (1962), fundante del movimiento Nuevo Cine Alemán (Fassbinder, Herzog, Wenders, entre otros), siendo una de las figuras más influyentes entre las décadas de 1960 y 1970. En 1987 fundó la Compañía de Desarrollo de Programas de Televisión (DCTP), con el objetivo de ofrecer programación de calidad a los canales de televisión alemanes.

Dirigió 43 películas, como guionista y productor estuvo involucrado en cientos de proyectos. Entre ellas se destacan Despedida del ayer (1966), ganadora de seis galardones en el Festival de Venecia; Los artistas bajo la carpa del circo: perplejos (1968), León de Oro del mismo festival; Ferdinand el duro (1976), Premio Fipresci en el Festival de Cannes; Alemania en otoño (1978), mención especial en el Festival Internacional de Cine de Berlín; y La patriota (1979). En su última película, Primitive Diversity (2025), experimenta con inteligencia artificial generativa.

Como escritor, Kluge incursionó en relatos cortos y ensayos de crítica social. En reconocimiento a sus contribuciones a la literatura y la historia intelectual alemanas, recibió el Premio George Büchner (2003), el Premio Heinrich Böll (1993) y el Premio Heinrich von Kleist (1985). Hasta aquí los datos generales que han circulado en torno a la desaparición de Kluge. Ahora sigue una cita respecto al miedo humano (al terror argentino en estas fechas, por ejemplo), de lo que tal vez sea su último artículo, publicado en noviembre de 2025 en The Paris Review bajo el título “La larga marcha de la confianza básica”: “Una orden en el ejército de Napoleón era: Faccia feroce, rostro feroz; sus soldados debían adoptar rostros libres de miedo. Ningún líder, ni superior ni partidista, puede controlar a sus soldados si prohíbe el miedo. Hay que permitirle vivir. Dicho de otro modo: todas las sensaciones que experimentamos deben considerarse como la capacidad de discernir. Los filósofos de la Ilustración en Francia eran conocidos como amis d’analyse, amigos del análisis, amigos de la capacidad de discernir. Esta es una postura original de la Ilustración. El desarrollo masivo de esta capacidad de discernir es lo que nos conecta como seres humanos, y esto incluye también el ámbito del miedo. Escuchar historias es una gran fuente de satisfacción, al igual que hablar con confianza y compartir nuestros miedos. Los miedos disminuyen, el miedo compartido es menos peligroso y se desarrolla una relación de confianza. Ser capaz de admitir aquello a lo que se teme es prueba de confianza. 

Poder hablarle a alguien sobre nuestra debilidad –el miedo suele ser una debilidad en este sentido– y no ser castigado por ello genera confianza. 

El motivo es la confianza, no el miedo. Lo que pone las cosas en marcha es el motivo, el suministro, por así decirlo, el combustible.”

La palabra clave es discernir y, tal vez, la omisión en las noticias de una valiosa obra de Kluge obedezca a esa forma poco sutil de aumentar la confusión general, para que quede como nota al margen (como las de Copérnico en un libro –que tratamos en esta página el sábado pasado–, a la espera de una nueva lectura). En 2008 se produjo una crisis financiera que dejó pasmados a economistas, agentes bursátiles, gobernantes e industriales. Muchos de ellos recurrieron a una fuente: las casi nueve horas de duración del documental de Kluge, Noticias de la antigüedad ideológica: Marx/Eisenstein/El Capital. Allí encontraron la definición –y predicción de las conductas– del “capital financiero”. Es decir: en la crítica también se encuentra la verdad.

Recomendamosla lectura del artículo “Hipertextualidad de las artes escénicas en El Capital de Marx de Lorenzo Vilches”, publicado en la página web Telos/Fundación Telefónica, que destaca: “Kluge utiliza el cine como si fueran aplicaciones interactivas de internet, con multiplicidad de fragmentos de información audiovisual pequeños e interconectados, mezcladas con enlaces narrativos a documentos audiovisuales, artefactos gráficos, textos y personajes que pueden leerse y escucharse en cualquier orden. Su estructura temporal se divide en 56 piezas que van de 1 a 25 minutos, como en una colección de YouTube, estructurados en secuencias y narraciones autónomas, materiales flexibles que rompen la linealidad del libro y del filme.”

“El espectador es invitado a asumir la postura análoga a la del usuario de internet que, navegando por la pantalla, analiza titulares y posts, visiona streaming, escucha música en forma sincrética y navega sin prisa enlace por enlace. (…) Los pequeños cortometrajes que salpican el filme pueden encadenarse también en pequeñas cápsulas documentales o de ficción al modo de las nuevas producciones de la Red, como la Web fictiono el Docuweb. A su vez, la complejidad conceptual de algunas entrevistas sobre la economía, la mercancía, la objetividad y la subjetividad, la ideología y la revolución, invitan a detener el video y volver a escucharlo (o leer los ladillos o subtítulos de los textos) para facilitar su comprensión.”