Mundial 2026

Mundial 2026: el 70% de los brasileños cree que la Argentina será Bicampeona

Más allá de las rivalidades, la mayoría de los hinchas brasileños eligen a la Scaloneta y a Messi si Brasil se queda en el camino.

La imagen eterna Messi y la Copa que soñó toda su vida Foto: Europa Press

Seis factores confluyen para que una amplia mayoría de los brasileños apueste por la Selección Argentina y no por su propia selección en esta Copa Mundial 2026. Tres factores internos y tres externos.

El principal “factor interno” está relacionado con las desilusiones acumuladas en los últimos cinco mundiales por el escrete canarinho. El país que conquistó cinco títulos mundiales no acepta haber atravesado otras cinco Copas del Mundo sin transformarse en hexacampeón. Esos fracasos —que, en rigor, no fueron tan rotundos, ya que en cuatro ocasiones Brasil cayó en cuartos de final, siempre ante selecciones europeas, una de ellas por penales, y en la restante terminó en el cuarto puesto— han generado una profunda desconfianza.

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Quienes todavía le asignan posibilidades en esta Copa no lo hacen desde la razón, sino desde el deseo. No haber ganado el Mundial de 2014 como anfitrión dolió tanto como el “Maracanazo” de 1950, cuando Uruguay le arrebató su primer título tras remontar el resultado. Pero más doloroso aún fue el 7 a 1 que Alemania le propinó en semifinales, una humillación que luego se completó con el 3 a 0 de Países Bajos  en la disputa por el tercer puesto.

El segundo “factor interno” tiene que ver con la actualidad. El equipo juega mal y está integrado por futbolistas que gran parte de la población desconoce, porque prácticamente no actuaron en clubes brasileños: viven y juegan en el exterior. La dirigencia intentó corregir esa situación contratando a uno de los dos entrenadores europeos más exitosos del mundo, Carlo Ancelotti, pero eso no alcanza. Además, Ancelotti no mejoró ni el nivel futbolístico ni los resultados mediocres que terminaron expulsando a sus predecesores.

El tercer “factor interno” es la ausencia de una figura idolatrada, de esas que entran a la cancha y resuelven partidos, de las que habla todo el planeta. Ese hombre era Neymar, pero en los últimos años casi no jugó, no ganó nada, cambió más de pareja que de clubes, acumuló más hijos que títulos y parece sentirse más cómodo en una rueda de amigos, entre música y vida nocturna, que dentro de una cancha. A eso se suman sus reiteradas lesiones.

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¿Vinicius Junior? Es una esperanza forzada. Fue presentado como el mejor jugador del mundo sin serlo, y en el fondo los brasileños lo saben porque tienen con quién compararlo dentro de una historia futbolística extraordinariamente rica. Tal vez mañana alcance esa dimensión; hoy todavía no.

Entonces, si no creen en Brasil, sería lógico pensar que depositen su confianza en alguna selección distante, no precisamente en su rival de toda la vida. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: creen mayoritariamente en Argentina. La rivalidad aparece únicamente cuando ambos equipos se enfrentan cara a cara. Fuera de eso, ¿por qué tanta fe en la Scaloneta?

El principal “factor externo” tiene nombre y apellido: Lionel Messi. Si Messi es el hombre más querido del mundo, como lo bauticé después de Qatar en la revista Noticias, en Brasil despierta exactamente la misma admiración. Es tan diferente de los últimos grandes ídolos brasileños —Romário, Ronaldo o Neymar— que resulta imposible no creer en él. No pertenece al morro, no vive de la fiesta ni de la noche, no ocupa las páginas de chimentos y transmite una imagen profundamente familiar. A los brasileños les encantaría que fuera uno de los suyos. Desde que existe Messi los brasileños usan la camiseta argentina en su día a día.

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El segundo “factor externo” es el título conquistado en Qatar. Siguen hablando de aquella final y de la manera en que juega la Scaloneta: en equipo y con garra, precisamente dos virtudes cuya ausencia les reprochan a sus propios jugadores. Brasil ama a los vencedores; para los perdedores sienten que ya están ellos. Cuando buscan ejemplos, miran más hacia afuera que hacia adentro. No es algo nuevo. Durante décadas, el fútbol de los cinco campeonatos mundiales los representó y los rescató. El actual, no.

Me atrevo a afirmar que, de este Mundial, conocen mejor a todos los futbolistas argentinos que a los brasileños. El chiste de los últimos años sostiene que cualquier brasileño puede enumerar a los once ministros del Supremo Tribunal Federal —que tiene más presencia televisiva que Mirtha Legrand y genera más polémicas que Luis D’Elía—, pero no consigue nombrar a los once titulares de la Selección. Lo peor es que la broma contiene bastante verdad.

Y el tercer “factor externo” no es tan externo. También funciona como una manera de castigar a los futbolistas brasileños donde más les duele: elogiando a los argentinos, los mismos que les ganaron la última Copa América en el Maracaná y que siguen celebrando títulos delante de ellos.

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Lo cierto es que aproximadamente un 70% de los brasileños apuesta por la Scaloneta y cree que repetirá la conquista mundial. Un 80% considera que, como mínimo, será finalista. Y cerca de un 90% desea que Argentina sea campeona si Brasil no logra el título.

Algunos mencionan a Francia; muy pocos a España. No quieren ni pronunciar la palabra Alemania. Inglaterra ni siquiera aparece en el radar. Portugal tampoco despierta suficiente simpatía como para otorgarle el lugar que este año podría tener en la ruptura de la hegemonía de “los ocho de siempre”.

Entonces, para millones de brasileños, la respuesta es simple: ¡que sea Argentina! Nos pasaba lo mismo a nosotros, los argentinos, en los años '60 por causa de Pelé. Si no ganábamos nosotros, queríamos que ganase Brasil.

cp