"La IA le está dando a la Argentina una segunda oportunidad": Eduardo Wassi y el nuevo mapa mundial de la inteligencia artificial
Eduardo Wassi, fundador de Dinatech y Trendline Technology, analiza el impacto de la inteligencia artificial en la economía global y explica por qué la Argentina todavía tiene una oportunidad para convertirse en un actor competitivo gracias a su talento, sus recursos estratégicos y la adopción de IA en sectores clave.
En diálogo con Perfil, explica por qué cree que la Argentina todavía está a tiempo de reposicionarse, cómo lee la disputa tecnológica entre las dos potencias, qué implica la explosión de los centros de datos y el desafío energético que viene, y qué carreras y capacidades va a exigir la próxima década.
Perfil.: Argentina cuenta con una larga tradición de talento tecnológico, pero históricamente tuvo dificultades para transformar ese capital humano en una ventaja competitiva global. ¿Qué cambia con la inteligencia artificial para que esta vez pueda ser diferente?
Eduardo Wassi: Creo que la diferencia está en que la inteligencia artificial modifica una variable que durante mucho tiempo fue determinante: la escala. En otras revoluciones tecnológicas, competir requería grandes inversiones, estructuras productivas enormes o mercados internos muy grandes. Hoy la tecnología permite que una empresa, un equipo o un profesional accedan a capacidades que antes estaban reservadas para organizaciones mucho más grandes.
Eso no significa que el camino sea automático: la tecnología por sí sola no transforma un país. Hacen falta infraestructura, educación, inversión y una visión de largo plazo. Pero Argentina tiene algo que sigue siendo muy valioso, que es talento.
Tenemos una tradición muy fuerte en ingeniería, ciencia y tecnología. Por eso creo que la inteligencia artificial le está dando a la Argentina una segunda oportunidad. No porque vayamos a competir desarrollando el próximo modelo fundacional contra las grandes potencias, sino porque podemos competir en algo donde sí tenemos una fortaleza: transformar conocimiento en productividad.
P.: Durante mucho tiempo la competencia por la inteligencia artificial pareció estar centrada en quién desarrollaba el modelo más avanzado. Hoy la discusión parece haberse trasladado hacia la infraestructura: chips, energía, centros de datos y capacidad de procesamiento. ¿Qué cambió?
EW.: La primera etapa estuvo marcada por demostrar quién tenía la inteligencia artificial más avanzada. Ahora empieza una nueva etapa, que es la de quién puede llevar esa inteligencia a escala. Los modelos van a seguir evolucionando y probablemente sean cada vez más accesibles; la diferencia va a estar en la capacidad de integrarlos dentro de las empresas, los gobiernos y los procesos productivos. La inteligencia artificial dejó de ser solamente software.
Ahora también es infraestructura, y esa infraestructura va a definir buena parte de la competitividad de los países en los próximos años.
P.: Estados Unidos y China están protagonizando una disputa tecnológica que parece definir parte del futuro económico global. ¿Cómo debería mirar Argentina esa competencia entre dos potencias con una escala completamente diferente?
EW.: Creo que sería un error pensar que la única forma de participar en esta revolución es desarrollando el próximo gran modelo de inteligencia artificial. Estados Unidos y China tienen capacidades enormes de inversión, investigación e infraestructura, pero existe otra competencia, que es la capacidad de aplicar la inteligencia artificial para transformar sectores productivos.
Ahí es donde Argentina tiene una oportunidad: tenemos talento, profesionales preparados y áreas donde la incorporación de IA puede generar un impacto enorme, como el agro, la energía, la industria, la salud y los servicios profesionales. La pregunta no es solamente quién crea la tecnología. También es quién logra utilizarla mejor para generar valor.
P.: Uno de los grandes cambios de esta etapa es que la inteligencia artificial necesita una infraestructura física cada vez más grande. Los centros de datos demandan energía, conectividad y recursos, y en algunos países ya existe un debate sobre su impacto ambiental. ¿Cómo observa esta discusión?
EW.: Durante mucho tiempo pensamos que la economía digital era algo casi intangible. La inteligencia artificial nos está mostrando que detrás de cada avance tecnológico hay una infraestructura muy concreta.
Los centros de datos, la energía y la capacidad de procesamiento se van a convertir en recursos estratégicos. La próxima década no va a ser solamente una carrera por desarrollar inteligencia artificial, sino también por tener la capacidad de sostenerla. Argentina tiene condiciones interesantes —recursos energéticos, talento y una ubicación que puede resultar atractiva para desarrollar infraestructura tecnológica—, pero para aprovecharlo hace falta planificación, inversión y una mirada de largo plazo.
P.: La inteligencia artificial también está generando una discusión sobre el futuro del trabajo. La primera etapa estuvo marcada por herramientas que respondían preguntas o generaban contenido, pero ahora aparecen agentes de IA capaces de ejecutar tareas y trabajar con distintos sistemas. ¿Qué impacto cree que van a tener en las empresas?
EW.: Estamos pasando de una tecnología que responde a una tecnología que colabora. Los agentes de inteligencia artificial van a permitir automatizar procesos, analizar información y ayudar a tomar decisiones con mucha más velocidad.
El cambio más importante no va a ser solamente tecnológico, va a ser cultural: las empresas van a tener que repensar cómo trabajan, cómo organizan sus procesos y cómo aprovechan estas herramientas. La inteligencia artificial no debería verse solamente como una forma de reemplazar tareas, sino como una oportunidad para aumentar las capacidades de las personas.
P.: En muchas organizaciones todavía la transformación digital estuvo asociada a incorporar herramientas, pero la inteligencia artificial parece plantear un desafío más profundo. ¿Qué diferencia a las empresas que realmente van a aprovechar esta tecnología?
EW.: La diferencia va a estar en aquellas empresas que entiendan que la inteligencia artificial no es simplemente una herramienta más. La tecnología genera valor cuando modifica procesos, mejora la toma de decisiones y permite hacer las cosas de una manera diferente.
Muchas compañías pueden comprar una solución tecnológica, y eso no significa que hayan transformado su negocio. La verdadera ventaja va a aparecer en las organizaciones que logren combinar tecnología, conocimiento del negocio y capacidad de adaptación.
P.: Usted es ingeniero en sistemas y viene trabajando hace años en la industria tecnológica. Si hoy tuviera que aconsejarle a un estudiante que está terminando el colegio y debe elegir una carrera universitaria, ¿qué disciplinas cree que van a tener más oportunidades en un mundo atravesado por la inteligencia artificial?
EW.: Las carreras vinculadas con tecnología van a tener un protagonismo enorme: ingeniería en sistemas, ciencia de datos, inteligencia artificial, ciberseguridad, robótica y todas las disciplinas relacionadas con la gestión de información van a ser muy relevantes. Pero también creo que sería un error pensar que solamente las carreras tecnológicas van a tener futuro.
La inteligencia artificial va a transformar todas las profesiones. Un médico que entienda cómo aplicar IA, un abogado que pueda utilizarla para analizar información, un ingeniero que la incorpore en sus procesos o un economista que sepa interpretar grandes volúmenes de datos van a tener una ventaja.
Si hoy tuviera que elegir una carrera, buscaría una combinación: una base sólida en una disciplina y la capacidad de aprender tecnología de manera permanente. Porque el diferencial del futuro no va a ser solamente lo que una persona sabe hoy, sino su capacidad de seguir aprendiendo.
P.: Si miramos hacia los próximos diez años, ¿qué tendría que hacer Argentina para aprovechar esta oportunidad y no quedar nuevamente detrás de una revolución tecnológica?
EW.: La clave va a estar en transformar talento en productividad. Argentina tiene profesionales muy preparados, pero necesitamos generar las condiciones para que ese conocimiento se convierta en empresas más competitivas, innovación y crecimiento económico.
La inteligencia artificial no va a resolver por sí sola los desafíos del país, pero sí puede ser una herramienta para acelerar sectores donde ya tenemos capacidades. La oportunidad está en entender que esta revolución ya empezó. Los países que adopten antes estas tecnologías van a tener una ventaja enorme, y Argentina tiene que decidir si quiere ser parte de esa transformación o simplemente observarla.
P.: Para cerrar: después de todo este panorama global, complejo y muy competitivo, ¿qué mensaje le dejaría al país?
EW.: Que no perdamos de vista algo simple: los recursos que va a necesitar el mundo en esta próxima etapa son, en gran medida, los recursos que Argentina ya tiene. Energía, talento, tierra, capacidad de generar alimentos y de generar conocimiento. Durante mucho tiempo pensamos esos recursos por separado.
La inteligencia artificial es la primera tecnología que nos permite combinarlos todos al mismo tiempo. Por eso soy optimista: no le tenemos que pedir permiso a nadie para empezar. La ventaja está en nuestras manos, y la decisión de usarla también.
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