Argentino-israelí liberado en Venezuela relató sus 490 días preso: "El frío era terrible"
El arquitecto de 71 años Yaacob Harary fue detenido junto a su socio y amigo Douglas Javier Ochoa y dio su desgarrados testimonio sobre el período que pasó detenido en el complejo penitenciario El Rodeo I.
Tras recuperar su libertad en Venezuela, el argentino-israelí Yaacob Harary viajó a Tel Aviv, en Israel, y desde allí relató la dura experiencia que atravesó como detenido del régimen chavista luego de haber sido encarcelado cuando se dirigía a instalar una fábrica de lácteos junto a su socio venezolano Douglas Javier Ochoa.
"El frío era terrible. El aire acondicionado estaba en 17 grados centígrados. Nos teníamos que bañar con agua congelada. En la celda había otro privado de libertad. Había un inodoro, sin ninguna privacidad. Para dormir teníamos una colchoneta de cinco centímetros de alto y una sábana que me prestó mi compañero. La comida era poca", relató el arquitecto de 71 años sobre los padecimientos que sufrió en su primeras horas detenido en Venezuela.
En el relato que le envió a Clarín luego de haber sido liberado, Harary, quien pasó 490 días detenido por la dictadura chavista, explicó que todo comenzó luego de que viajó desde Panamá hacia Venezuela y tomó contacto con las fuerzas de seguridad venezolanas, momento en el que ambos fueron investigados por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y luego trasladados al complejo penitenciario El Rodeo I, en el estado de Miranda.
"Nos recibieron de noche y nos colocaron en un mismo cuarto. Camas de cemento con una colchoneta usada y vieja de cinco centímetros y una sábana sucia. No nos dieron comida por la hora. Por la mañana nos atendieron y nos dijeron nuestros nombres: yo era Abraham Molina con cédula #5006310", recordó.
El hombre explicó que a él y a su socio les dieron una identidad falsa mientras estaban detenidos y agregó: "Cada vez que salíamos a enfermería teníamos que decir nuestros apellidos falsos con su correspondiente número de cédula y así quedó anotado. Debíamos firmar y poner la huella digital cada vez que nos hacían algo".
"Pasado un tiempo, nos sacaron las sábanas a todos porque hubo un intento de suicidio de un yemenita. De noche sufríamos de frío, ya que no teníamos con qué cubrirnos. Las ventanas tenían solo barras de acero de media pulgada y no había red mosquitera", amplió.
El arquitecto argentino-israelí remarcó que "los insectos entraban libremente" por las ventanas y por arriba de la puerta y recordó que "cada celda era de un metro setenta por casi cuatro metros". "Teníamos un lugar para bañarnos con un agujero para nuestras necesidades. El olor de los gases es muy irrespirable", agregó.
"Las camas están pegadas a eso con una pared de división. Teníamos un botellón de cuatro litros para usar cuando usábamos el baño y uno para tomar. La situación psíquica era bastante mala para todos por estar recluidos sin saber por qué ni hasta cuándo. Nunca dan ninguna información", expresó.
"Los custodios del pasillo recibieron lavado de cerebro y les inculcaron que éramos terroristas peligrosos. Eran personas sin estudios. Según pudimos preguntar y según su forma de hablar", añadió sobre los padecimientos que vivió durante su detención en El Rodeo I.
Ante el contacto de Clarín, el hombre de 71 años indicó que no daría su testimonio por cuestiones de seguridad. No obstante, cambió de opinión al ver que los días corrían y su socio y amigo, Douglas, quien atravesó un intento de suicidio durante su detención, no era excarcelado.
"Se podía recibir maquinitas de afeitar desechables hasta el momento en que Douglas se degolló de punta a punta del cuello mientras yo dormía después del desayuno", recordó y detalló: "Unos días antes vino Vitia, la madre de su hijo, y le dijo que el 10 de septiembre es el cumpleaños del hijo y que quería venir a verlo".
"Me fui a descansar después del desayuno y luego a tomarme mis pastillas. Por la mañana recibía 15, de las cuales me tomé tres y las demás las guarde para más tarde. Él sabía dónde las colocaba y las sacó y se las tomó. No eran para sus dolencias", profundizó.
En su desgarrador relato, agregó: "En algún momento, guardó o no devolvió la maquinita desechable y fue con ella que la desarmó y se degolló. Cuando me desperté, lo vi sentado en el cubículo donde hacíamos nuestras necesidades y no me percate de nada".
"Hablé con él unas palabras y me contestó medio raro. Ahí fue cuando me acerqué y vi todo lleno de sangre el piso y grité tan fuerte como pude: 'Javier se suicidó'. Todos los 500 privados de libertad, en todos los pisos, me escucharon. Vinieron los custodios, pero primero dijeron que había que cumplir el 'protocolo', que es colocar capuchón negro para no ver nada en cualquier situación que uno sale de la celda", añadió.
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"Javier estaba con vida pero con muy pocos latidos. Perdió tres litros y medio de sangre. También se hizo heridas en la ingle y en el brazo. Yo les gritaba: '¡Imbéciles, se está muriendo y solo les interesa la capucha!' ¿Qué puede ver qué no conozca?", profundizó.
El argentino-israelí explicó que a su socio y amigo lo llevaron primero a la enfermería del centro de detención y luego a una clínica privada en Caracas, donde le tomaron el grupo de sangre, le colocaron plasma y suero y lo cosieron. Tras su recuperación, regresó a la enfermería atado a una cama metálica con una cadena de tres esposas sucesivas.
"Tiempo antes, Douglas recibía pastillas antidepresivas recetadas por la psicóloga: Alprazolam. Pero se las sacó y se puso peor. Al final de cinco días de caminar y caminar ida y vuelta en la celda, se desplomó y casi se mata, ya que su cabeza rozó el peldaño para entrar al baño. Dos centímetros más y se parte el cráneo", detalló.
El arquitecto explicó que su socio y amigo "no quería hablar del tema" tras el intento de suicidio y añadió: "No quería que su hijo viniera para que tampoco lo secuestren, como hubo otro caso de un comisario venezolano. Prefería que no lo vinieran a visitar, ya que tenía miedo que secuestren a Sara, su hermana o a Vitia, la madre del hijo".
"Fui liberado el 11 de enero por la noche. Empezaron a sacar gente de todos los pisos. Al final de un tiempo, se acercaron a mi celda y me golpearon la puerta: 'Yaco, vístete que te vas. No lleves nada'. Salí rápido y me llevaron a un lugar al lado de telemática, donde me tuve que desvestir y me dieron toda ropa usada de alguien", relató.
Tras tomar una foto panorámica del grupo que sería liberado, todos fueron trasladados al Dgcim Caracas. "Nos fotografiaron y nos hicieron firmar unos papeles donde dice claramente que se comportaron de acuerdo al artículo 45 y otros del Código Penal y se respetaron todos los derechos humanos. Que no fuimos maltratados ni física ni psíquicamente y que se nos atendió bien".
"Le dije que eso que estaba en la hoja es un chiste de mal gusto y que lo firmaría luego de colocar todas mis objeciones. El oficial asintió y escribí que todo los artículos no se cumplieron. Al final firmé y se lo entregué, previa colocación de dos huellas digitales a cada lado. Después de un rato nos llamaron de a uno para firmar la hoja de cargos y liberación que adjunto a ésta", concluyó en el relato donde resumió los 490 días que padeció detenido en Venezuela.
AS/fl
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