Aspirinas, maquillaje y versiones cruzadas: el misterio de los nuevos moretones de Donald Trump
El mandatario de 79 años apareció con intensas marcas en sus manos durante el Foro Económico Mundial. Mientras la Casa Blanca ensayó explicaciones contradictorias, el presidente admitió que toma dosis extremas de medicación para "licuar" su sangre y usa cosméticos para ocultar las huellas de su fragilidad física.
Una mancha púrpura en la mano izquierda de uno de los hombres más poderosos del mundo volvió a encender las alarmas sobre su verdadero estado de salud. A sus 79 años, cada marca en la piel de Donald Trump se convirtió en una cuestión de Estado, y la aparición de un nuevo hematoma durante su gira por Suiza desató una ola de rumores que el Salón Oval no logró contener. Lo que comenzó como una observación estética derivó en una confesión sobre sus hábitos médicos privados y la realidad de un cuerpo que soporta la presidencia con edad avanzada.
Las imágenes se capturaron durante la inauguración de la "Junta de Paz de Trump" y se viralizaron en cuestión de minutos. A diferencia de ocasiones anteriores, donde los moretones se situaban en su mano derecha y se atribuían a “su efusividad al saludar”, esta vez la marca apareció en el dorso de su mano izquierda. El contraste resultó evidente para los fotógrafos presentes en Davos, ya que el día previo el mandatario no lucía ningún tipo de marca en esa zona, lo que descartó una dolencia de larga data y apuntó a un incidente reciente.
La comunicación oficial de la Casa Blanca patinó al intentar justificar la herida del republicano. En un primer momento, la secretaria de prensa Karoline Leavitt adjudicó la marca a la "infinidad de apretones de manos" que el presidente reparte a diario por ser un "hombre de la gente". Sin embargo, la estrategia se desmoronó cuando el propio Trump, a bordo del Air Force One, contradijo a su portavoz y aseguró a los periodistas que simplemente se golpeó contra el borde de una mesa de firmas durante el evento.
Durante el vuelo de regreso a Washington, el mandatario minimizó el episodio y reveló detalles sobre su tratamiento cardiovascular preventivo. Confesó que toma 325 miligramos de aspirina diarios, una dosis cuatro veces superior a los 81 miligramos que suelen recomendar los cardiólogos. Trump explicó que prefiere tener la sangre "bonita y diluida" para evitar obstrucciones en su corazón, incluso si eso provoca que cualquier mínimo roce se transforme en un hematoma escandaloso que salta a la vista de la prensa.
El presidente admitió que utiliza maquillaje de forma cotidiana para tapar estas marcas, un proceso que, según sus palabras, le toma apenas diez segundos frente al espejo. Esta práctica se volvió habitual en su rutina pública, ya que los moretones aparecieron de forma recurrente en su mano derecha desde que retomó el poder el año pasado. El uso de correctores y vendajes se transformó en una herramienta política para sostener la imagen de vitalidad, intentando camuflar los signos del paso del tiempo.
Las especulaciones no se limitaron solo a sus extremidades, ya que el entorno presidencial observó otros signos de fatiga durante los encuentros internacionales. En los últimos eventos, se detectó una hinchazón inusual en sus piernas y momentos donde el mandatario pareció quedarse dormido durante breves instantes. Estas señales alimentaron el debate sobre si la carga de trabajo en el Foro Económico y la tensión de su agenda exterior comenzaron a pasarle factura al físico del presidente estadounidense.
La salud de Trump se convirtió en tema de debate
Diagnósticos previos y registros médicos
En julio pasado, el gobierno informó oficialmente que Donald Trump padece de insuficiencia venosa crónica. Esta condición provoca que las válvulas de las venas fallen, permitiendo que la sangre se acumule en las extremidades. Como consecuencia, el paciente suele sufrir calambres, hinchazón y cambios notables en la coloración de la piel, lo que explicaría las imágenes de sus piernas inflamadas que circularon durante la campaña y los primeros meses de su segundo mandato.
A pesar de las señales visibles de deterioro, el médico oficial Sean Barbabella emitió un informe en diciembre donde calificó la salud cardiovascular de Trump como "excelente". El reporte se basó en una resonancia magnética realizada en octubre, la cual no mostró anomalías graves. No obstante, el doctor reconoció que el mandatario prefiere mantener su propio régimen de medicación con dosis altas de aspirinas, una costumbre que el presidente sostiene desde hace 25 años en contra de algunas sugerencias médicas convencionales.
La contradicción entre sus médicos, que hablan de una vitalidad inigualable, y las evidencias de hematomas espontáneos y episodios de sueño repentino generaron un clima de incertidumbre en el Congreso. Mientras el mandatario insiste en que su salud es "óptima", el uso recurrente de maquillaje para cubrir lesiones sugiere una preocupación constante por ocultar cualquier rastro de vulnerabilidad física.
TC/DCQ
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