perfil de la presidenta interina

Delcy Rodríguez, una pragmática en el centro del poder venezolano

Manejo. Delcy Rodríguez tuvo serios problemas con Hugo Chávez, quien la desplazó de su entorno. Foto: afp

El círculo íntimo de Delcy Rodríguez, la presidenta interina de Venezuela a la que respalda Estados Unidos, sostiene que la clave para entender su lógica política no está en el Palacio de Miraflores, sino en una celda de la antigua Dirección de Inteligencia en 1976: tenía solo 7 años cuando su padre, Jorge Antonio Rodríguez, un dirigente marxista, fue detenido y torturado hasta la muerte. Un episodio que la marcó a fuego.

Ese evento, afirman, forjó en ella una coraza de desconfianza hacia las instituciones tradicionales y una lealtad férrea hacia quienes, como ella, se sienten “outsiders” o víctimas del sistema anterior.

Su vínculo más humano y sólido es con su hermano, Jorge Rodríguez, el hombre en las sombras que negocia con Washington. No son solo hermanos; son una unidad política y emocional indisociable.

Se dice que no toman decisiones importantes el uno sin el otro. Mientras Jorge es el estratega psicológico (psiquiatra de formación), Delcy es la ejecutora, la “mano de hierro”.

En un mundo de traiciones políticas, su hermano es el único en quien confía plenamente. Esta simbiosis les ha permitido sobrevivir a las purgas internas del chavismo que dejaron fuera a figuras como Rafael Ramírez o Jorge Giordani.

La “doctora” de París. A diferencia de otros líderes del chavismo de base popular, Delcy, de 56 años, posee una pátina de sofisticación europea que utiliza a su conveniencia.

Hizo su carrera de abogada en Venezuela, pero luego se especializó en Derecho laboral en la Universidad de París X Nanterre. Completó su formación con una maestría en política social en la Universidad de Birkbeck de Londres.

Su paso por París y Londres le dio un manejo fluido del francés y un gusto por la estética que a veces choca con la narrativa de austeridad revolucionaria. Se la describe como una mujer culta, que disfruta de la lectura y el derecho comparado.

Internacionalmente, llamó la atención por sus atuendos y sus famosos zapatos (en las redes la apodaban irónicamente como “la vicepresidenta de los Louboutin”). Para sus críticos, es una contradicción.

Relación tirante con Chávez. Delcy ingresó joven en la política y supo ascender rápidamente en el poder cuando el chavismo tomó el control. 

Con 37 años fue ministra del Despacho de la Presidencia durante el gobierno de Hugo Chávez. Su carácter y su soberbia la enemistaron rápidamente con el líder venezolano. Duró solo seis meses en el cargo.

Terminó desplazada en un episodio bochornoso. A mediados de 2006, durante una gira por Rusia, tuvo un intercambio de insultos con Chávez, que la envió de vuelta a Caracas.

De la lealtad al pragmatismo. Su relación con Nicolás Maduro fue diferente. Evolucionó de la subordinación a una sociedad de supervivencia.

Maduro la veía como alguien que no tenía ambición de construir un movimiento propio que lo eclipsara y, por lo tanto, la consideraba leal y “segura”.

Delcy asumió los costos políticos más altos, como los enfrentamientos cara a cara en la Organización de Estados Americanos. Humanamente, esa lealtad se tradujo en una relación de extrema cercanía personal con la pareja presidencial (Maduro y Cilia Flores), formando un “círculo de hierro” casi familiar.

Personalidad. En público es cáustica, cortante y utiliza el lenguaje para atacar. Los diplomáticos que han negociado con ella la describen como “altamente inteligente, pero extremadamente difícil” y capaz de mantener una posición inflexible durante horas.

En privado, crónicas de periodistas que han tenido acceso a su entorno la describen como alguien de trato cordial, incluso risueño, pero que nunca baja la guardia. Es una mujer que parece vivir en un estado de alerta constante.

Sus allegados afirman que Delcy Rodríguez construyó su perfil sobre la pérdida (de su padre) y la resistencia. Y que es una mujer que convirtió el dolor familiar en una armadura política, donde la lealtad a su sangre (Jorge) y a su causa es el único terreno firme que pisa.

Donald Trump o, mejor dicho, la CIA la eligieron para que condujera este período de transición, porque era menos problemático que poner a la oposición a gobernar. Delcy maneja los resortes militares y es totalmente pragmática: mientras da un discurso de rebeldía y confrontación hacia dentro del país, negocia con Washington.