EE.UU. y China pidieron a sus ciudadanos salir de Israel e Irán ante el riesgo de escalada militar
Washington autorizó la salida de personal no esencial de Jerusalén mientras Beijing pidió a sus ciudadanos en Irán que "evacúen lo antes posible". Las advertencias coincidieron con el traslado del mayor portaviones estadounidense hacia la costa israelí y una nueva ronda de negociaciones nucleares en Ginebra.
El mayor despliegue militar estadounidense en Medio Oriente desde la invasión de Irak dejó de ser un dato estratégico para convertirse en una señal concreta a sus propios ciudadanos. Ante la posibilidad de un ataque directo, inminente desde que el portaaviones USS Gerard R. Ford fuera trasladado a la costa del norte israelí, el gobierno de Donald Trump autorizó la salida de personal no esencial en Israel y recomendó abandonar el país "mientras haya vuelos disponibles".
La tensión escaló en paralelo a la tercera ronda de negociaciones entre Irán y Estados Unidos en Ginebra, que concluyó jueves con tono moderadamente positivo y una nueva reunión fijada para la próxima semana. Pero mientras la diplomacia intentó sostener el canal abierto, los movimientos militares y las advertencias consulares pintaron otro cuadro: el de una región que se prepara para un escenario aún más áspero.
El escenario estuvo marcado por la reacción de la superpotencia del "G2", término acuñado por el presidente estadounidense en una suerte de elogio a su colega chino. China, a diferencia de otras ocasiones, también tomó cartas en el asunto en el marco de la escalada en la región y recomendó a sus nacionales en el país persa que refuercen medidas de seguridad y "evacúen lo antes posible".
Si bien ambas iniciativas no confirmaron una guerra inminente, sí marcaron que las capitales tomaron en serio la posibilidad de un ataque directo y una posterior represalia considerando que en Medio Oriente, los movimientos militares están lejos de ser solo gestos simbólicos.
EE.UU. e Irán cerraron una ronda clave bajo la amenaza del mayor despliegue militar en décadas
Movimiento militar versus avances diplomáticos
La Embajada estadounidense en Israel, ubicada en Jerusalén oeste según lo dispuesto por Trump en 2017 durante su primer mandato, informó que "el Departamento de Estado autorizó la salida del personal estadounidense no esencial y de los familiares de empleados del Gobierno de Estados Unidos (…) debido a riesgos de seguridad".
El comunicado agregó que, "debido a recientes incidentes de seguridad y sin previo aviso", la sede diplomática podría "restringir o prohibir temporalmente el desplazamiento de empleados gubernamentales y sus familiares a determinadas zonas de Israel, incluyendo la Ciudad Vieja de Jerusalén y Cisjordania". En tanto, el mensaje fue directo: considerar abandonar Israel "mientras haya vuelos disponibles".
El anuncio coincidió con la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, a la costa lindante a Haifa, en el norte de Israel, como parte del dispositivo militar estadounidense ante un posible ataque contra Irán. Se sumó a otro grupo de ataque ya desplegado, en un esquema que recordó los momentos previos a intervenciones militares anteriores.
China pidió a sus ciudadanos en Irán "evacuar lo antes posible"
En paralelo, la Embajada de China en Teherán publicó un comunicado inusualmente enfático que sirvió de termómetro de la escalada real en Medio Oriente a pesar del avance de los canales diplomáticos de los últimos días.
"Dada la actual situación de seguridad en Irán, el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Embajada y los Consulados de China en Irán recomiendan a los ciudadanos chinos que no viajen a Irán por el momento, y a quienes ya se encuentran en Irán que refuercen sus medidas de seguridad y evacuen lo antes posible", sostuvo el gobierno de Xi Jinping.
La representación diplomática sostuvo que Irán "se ha enfrentado recientemente a un aumento significativo de los riesgos de seguridad externa" y aseguró que las embajadas y consulados chinos "brindarán la asistencia necesaria a los ciudadanos chinos para su reubicación mediante vuelos comerciales o rutas terrestres".
El gesto fue relevante. China es el principal socio comercial de Irán, concentra alrededor del 30% de su comercio exterior y absorbe cerca del 90% de sus exportaciones petroleras. Ambos países firmaron en 2021 un acuerdo de asociación estratégica integral. Sin embargo, en esta crisis y respondiendo a su tradicional apego al multilateralismo, Beijing limitó su respaldo al plano diplomático al igual que durante la guerra abierta entre Tel Aviv y Teherán de junio de 2025.
Donald Trump propuso una toma "amistosa y controlada” de Cuba y encendió alertas en América Latina
En paralelo, portavoz del Ministerio de Exteriores, Mao Ning, cuestionó el enfoque estadounidense y afirmó que Washington utiliza la "amenaza china" ("China threat") como pretexto para reforzar su presencia militar en Asia-Pacífico, algo que "no conduce a la estabilidad ni a la paz". También respondió a las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio, quien planteó que cualquier acuerdo de limitación nuclear debía involucrar a China.
"Estados Unidos, que posee un enorme arsenal nuclear, debería cumplir con su responsabilidad especial y primordial en materia de desarme nuclear", indicó la Cancillería china este viernes 27 de febrero.
Negociaciones bajo presión militar
Las advertencias consulares coincidieron con la tercera ronda de negociaciones entre Washington y Teherán en Ginebra, celebrada el pasado jueves, donde ambas partes discutieron ejes centrales: el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones internacionales y la limitación de su desarrollo de misiles balísticos, que se convirtió en una prioridad para la administración Trump. La presión, en tanto, se incremento en el último mes desde que Washington trasladó sus principales sistemas de armas al Golfo Pérsico. Además, la semana pasada el presidente estadounidense amenazó con atacar directamente y fijó un plazo de 15 días para alcanzar un acuerdo.
Mediado por el embajador de Omán, el encuentro entre ambas delegaciones en Ginebra concluyó con declaraciones de tono positivo por parte de los intervinientes y una próxima reunión fijada para la semana siguiente con el fin de evitar a toda costa una guerra que aseguran sería "devastadora". Pero, un día después, el contexto cambió bajo la sombra de un despliegue militar occidental sin precedentes en más de dos décadas.
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