La frágil estabilidad en Asia Central se hizo pedazos este jueves 26 de febrero. La frontera entre Afganistán y Pakistán se transformó en un campo de batalla luego de que el Gobierno talibán lanzara una ofensiva masiva que provocó una declaración de "guerra abierta" por parte de Islamabad. Con bombardeos que sacudieron Kabul y Kandahar durante la madrugada, la región se asomó al abismo de un conflicto a gran escala entre dos potencias islámicas que pasaron de la alianza táctica al odio profundo.
El conflicto estalló con una intensidad inédita cuando el ejército talibán inició operaciones ofensivas en las provincias orientales de Nangarhar y Kunar. Según Zabihullah Mujahid, vocero del Gobierno afgano, el ataque fue una represalia por los bombardeos paquistaníes del domingo pasado. Los talibanes aseguraron haber capturado más de una docena de puestos militares y afirmaron que mataron a 55 soldados paquistaníes, una cifra que Islamabad desmintió de inmediato para evitar el colapso de la moral interna.
La respuesta de Pakistán llegó desde el aire y golpeó objetivos estratégicos en Kabul, Kandahar y Paktia. Durante la madrugada del viernes, al menos ocho explosiones sacudieron la capital afgana, acompañadas por el estruendo de aviones caza que sobrevolaron la ciudad a baja altura. El ministro de Información paquistaní, Attaullah Tarar, marcó que la operación fue una respuesta "fuerte y efectiva" ante las violaciones de soberanía, mientras que funcionarios de seguridad reportaron la destrucción de dos bases de brigada del ejército talibán.
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El punto de no retorno llegó con las palabras del ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif. A través de sus redes sociales, el funcionario sentenció que la paciencia de su país llegó al límite y declaró oficialmente la "guerra abierta" contra el Gobierno de Kabul. Esta declaración sepultó meses de gestiones diplomáticas mediadas por Qatar.
Mientras los talibanes insistieron en que poseen los cuerpos de 23 soldados enemigos capturados, el vocero del Primer Ministro paquistaní negó rotundamente que algún efectivo fuera tomado prisionero. Islamabad informó solamente dos bajas propias, pero aseguró haber eliminado a 36 combatientes afganos La confusión en el terreno y el bloqueo de los pasos fronterizos, como el de Torkham, impidieron una verificación independiente de las bajas.
El detonante de esta semana de furia fueron los ataques que Pakistán lanzó el último fin de semana, donde aseguró haber matado a 70 milicianos. Sin embargo, el Ministerio de Defensa afgano denunció que esos proyectiles impactaron en zonas civiles, incluyendo una escuela religiosa y viviendas familiares, provocando la muerte de mujeres y niños. De hecho, Los intentos de paz de noviembre pasado fracasaron en su intento de lograr un acuerdo formal, dejando el camino libre para esta escalada que ahora amenaza con desestabilizar a toda la región.
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El fracaso de la mediación internacional
A pesar de los esfuerzos de países como Qatar para mantener un alto al fuego, la desconfianza mutua dinamitó cualquier posibilidad de acuerdo a largo plazo. Las rondas de conversaciones de paz de fines de 2025 no lograron producir resultados concretos y el intercambio de disparos se volvió moneda corriente. Con la declaración de guerra de este viernes, la vía diplomática parece estar cerrada, dejando el destino de la región en manos de los mandos militares y de la artillería pesada que ahora domina la frontera.
El fondo del problema es la llamada “Línea Durand”, una frontera de 2.640 kilómetros trazada por el Imperio Británico en 1893. Mientras que Pakistán la reconoce como su límite internacional definitivo, Afganistán la rechaza por considerarla una división ilegítima. Desde 2017, la decisión de cercar gran parte de esta zona con vallas y puestos de control incrementó los roces y provocó tiroteos constantes entre las patrullas de ambos bandos.
Islamabad acusó repetidamente a los talibanes de permitir que el grupo extremista Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) opere desde suelo afgano para lanzar ataques terroristas en territorio paquistaní. Aunque los talibanes de Kabul negaron cualquier vinculación, la realidad muestra una alianza ideológica estrecha entre ambos grupos. Este conflicto de seguridad llevó a Pakistán a realizar incursiones profundas en Afganistán para destruir escondites de milicianos, lo que Kabul consideró una humillación a su soberanía nacional.
TC/ML