El dramático mapa que revela qué barcos se atreven a cruzar Ormuz mientras las tensiones alcanzan un nivel crítico
El estrecho más importante del mundo se convirtió en un cementerio comercial donde el tráfico cayó un 95%. Una flota "en las sombras" de buques sancionados y cargueros asiáticos desafía el bloqueo en una ruta militarizada.
Cruzar los 167 kilómetros del Estrecho de Ormuz se transformó en una misión casi suicida para la marina internacional. Desde que la guerra estalló con los ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, el flujo de navíos pasó de ser un torrente vital a un goteo cuasi agónico: apenas 144 cruces se registraron entre el 1 y el 23 de marzo. Según la firma de análisis Kpler, esta cifra representó un desplome del 95% del tráfico habitual, dejando el canal bajo un control casi absoluto de las fuerzas iraníes que bloquearon la ruta.
El mapa actual del estrecho reveló una realidad selectiva: Irán siguió sacando su propio petróleo (un promedio de 1,3 millones de barriles diarios) mientras el resto del comercio mundial quedó en un punto muerto. La mayoría de los barcos que lograron pasar pertenecieron a la flota iraní, seguidos por transportistas griegos y chinos. "Aunque Irán continuó controlando el paso y exportando su petróleo, todo lo demás estuvo mayoritariamente detenido", advirtió la inteligencia naviera de Lloyd's List.
Para los pocos que se arriesgaron, el "corredor norte" cerca de la isla de Larak se convirtió en la única vía posible, siempre bajo el visto bueno de Teherán. Ahora, dos petroleros indios y un buque con destino a China navegaron estas aguas, algunos incluso manteniendo sus transpondedores encendidos en un gesto de transparencia poco común para el clima de guerra. Sin embargo, el paso no fue gratuito: se reportó que al menos un buque pagó un "peaje" de 2 millones de dólares para garantizar su seguridad ante las autoridades iraníes.
Más del 40% de los buques detectados desde el inicio del conflicto (y casi el 60% de los petroleros) estuvieron bajo algún tipo de sanción de Estados Unidos, la Unión Europea o el Reino Unido. Estas naves, acostumbradas a operar en los márgenes del sistema, son las que hoy dominaron el tráfico, moviendo energía principalmente hacia el este, con las refinerías de China como destino final.
Esta parálisis logística obligó a repensar las cosas con respecto al suministro de gas. Al menos 11 cargamentos de GNL que tenían como destino los puertos de Europa se desviaron hacia Asia ante la imposibilidad de garantizar un tránsito seguro por la zona. Mientras tanto, las autoridades chinas buscaron un plan de salida para sus grandes petroleros que quedaron atrapados en la región, evidenciando que incluso los socios comerciales de Irán enfrentaron dificultades extremas para operar en el corazón del conflicto.
Negociaciones caso por caso y el factor geopolítico
El drama de Ormuz no solo se jugó en el agua, sino en despachos diplomáticos. Irán manejó las solicitudes de tránsito de manera individual, evaluando cada barco "caso por caso". Gobiernos como el de la India iniciaron negociaciones directas con Teherán para lograr arreglos de paso en bloque para sus suministros esenciales. Esto permitió al Gobierno iraní utilizar el estrecho como una herramienta de presión política, decidiendo quién pasa y quién queda varado.
A pesar de los riesgos, el lunes se observó un pequeño incremento en la actividad, con más de 20 barcos identificados utilizando el corredor autorizado por Irán. La mayoría de estas embarcaciones fueron de propiedad griega, aunque también se detectaron banderas de Pakistán y Siria. Para los analistas, este mapa de barcos "valientes" es el reflejo de un nuevo orden donde la cercanía política o el pago de sobornos reemplazaron a las leyes internacionales de libre navegación.
El impacto económico de este goteo de cargueros se sintió en el mercado global con precios al contado en ascenso. Con el 20% del petróleo y gas del mundo habitualmente pasando por este "cuello de botella", el hecho de que hoy casi el 98% del tráfico sea exclusivamente iraní dejó al descubierto la fragilidad del sistema. El Estrecho de Ormuz, alguna vez símbolo del dinamismo comercial, es hoy el escenario de una pulseada militar donde el mapa de los que se atreven a cruzar se achicó hasta límites históricos.
TC
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