Este lunes por la mañana, en la pista del Aeropuerto Internacional de Palm Beach, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al proponer un eventual “control conjunto” del estrecho de Ormuz —clave para el comercio global— junto a Irán, en medio de negociaciones informales con sectores que calificó como “sensatos”, y dejando atrás las amenazas de ataques militares que había lanzado el sábado.
Antes de partir desde Florida, tras el fin de semana en Mar-a-Lago, Trump respondió preguntas de la prensa y dejó varias frases que encendieron el tablero internacional. Ante la consulta sobre quién controlaría el estratégico paso marítimo, respondió: “Será gestionado conjuntamente”, y agregó: “Tal vez yo… y el ayatolá, quien sea el ayatolá”.
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A pesar de que tras la muerte de Ali Jamenei se nombró a su hijo, Mojtaba Jamenei, como sucesor, Trump afirmó que no sabe si el heredero sigue con vida y que, en realidad, Estados Unidos está negociando con figuras internas "muy respetadas" que buscan un cambio. Sin dar nombres, aseguró que se estaría avanzando hacia un posible alto el fuego que destrabe la situación en el estrecho.

Apenas dos días antes, Trump había amenazado con atacar centrales eléctricas iraníes si Teherán no reabría el paso marítimo. Este lunes, en cambio, se mostró conciliador y dio a entender que esas advertencias quedaban atrás ante el progreso de las negociaciones.
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Trump también relativizó el rol de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz al asegurar que su país no depende de esa vía para el transporte de energía. “Nosotros no usamos el estrecho. No lo necesitamos. Estados Unidos no lo necesita", sostuvo, y trasladó la responsabilidad a otros actores globales. “Europa lo necesita. Corea, Japón, China y muchos otros … ellos van a tener que involucrarse”, insistió.
El estrecho de Ormuz concentra cerca de un tercio del comercio marítimo mundial de petróleo, lo que lo ubica como un punto estratégico para la economía global.
GD / EM