control de la producción

El plan Marshall petrolero para Venezuela

Trump reunió ayer a los directivos de Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips, Repsol, Halliburton y Schlumberger para definir el futuro del crudo venezolano. Sostuvo que la inversión para reactivar la obsoleta estructura productora venezolana implicará una inversión de 100 mil millones de dólares. Las compañías se mostraron renuentes a poner fondos ante la falta de seguridad civil y jurídico tras la caída de Maduro. “Si observamos las estructuras y marcos legales y comerciales vigentes hoy en Venezuela, es imposible invertir”, dijo Darren Woods, de ExxonMobil.

Planta. Actualmente, el país caribeño produce un millón de barriles diarios de petróleo. Foto: afp

En una jornada que marca un punto de inflexión para la geopolítica energética global, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reunió ayer en la Casa Blanca a los directivos de las principales potencias petroleras del mundo. El objetivo central: coordinar el desembarco masivo de capitales para reactivar la producción en Venezuela tras el reciente cambio de régimen.

No se trató solo de un encuentro comercial; es el acta de nacimiento de un nuevo mapa petrolero americano. Con una promesa de inversión de 100 mil millones de dólares, el lobby energético ha logrado ubicar a Venezuela como la prioridad número uno de la agenda exterior de Washington para este 2026.

El mandatario estadounidense utilizó su plataforma, Truth Social, para confirmar el alcance de las negociaciones que se están llevando a cabo en el Despacho Oval. Con un tono triunfalista, Trump lanzó la cifra que ya resuena en todos los mercados financieros: “Al menos 100 mil millones de dólares serán invertidos por las grandes petroleras”, afirmó el presidente.

Esta declaración no solo busca calmar la volatilidad de los precios del crudo, sino que también oficializa el rol del lobby petrolero en la nueva etapa de “reconstrucción” del país caribeño. 

Según fuentes cercanas a la administración, el plan contempla una inyección inicial de capital destinada a reparar la infraestructura obsoleta y los pozos abandonados, con la meta de elevar la producción de los actuales 1 millón de barriles diarios a los históricos 3,5 millones en tiempo récord.

Actores claves en la mesa. Los directivos a los que citó Trump representan el núcleo del poder energético de Occidente. 

Chevron: la única gran estadounidense que mantuvo operaciones mínimas y que ahora busca liderar la expansión.

ExxonMobil y ConocoPhillips: gigantes que regresan con el objetivo de recuperar activos nacionalizados en décadas pasadas.

Repsol (España) y ENI (Italia): representan el interés europeo en los yacimientos de gas y crudo liviano.

Compañías de servicios: firmas como Halliburton y Schlumberger, esenciales para la perforación técnica.

Postura crítica de las petroleras. “Venezuela necesita cambios significativos en sus sistemas comercial y legal para convertirse en un destino de inversión”, dijo tras el encuentro el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, quien añadió que espera que ese cambio ocurra bajo la administración del presidente Trump. 

“Hemos tenido nuestros activos confiscados allí dos veces, así que se puede imaginar que volver a entrar por tercera vez requeriría cambios bastante significativos”, señaló. Y agregó: “Si observamos las estructuras y marcos legales y comerciales vigentes hoy en Venezuela, es imposible invertir”.

Un nuevo orden energético. Este despliegue del lobby petrolero no está exento de controversia. Analistas internacionales sugieren que el control directo que Estados Unidos pretende ejercer sobre las ventas de crudo venezolano es una condición impuesta para garantizar el retorno de la inversión privada.

La administración Trump ha dejado claro que la seguridad jurídica será la prioridad absoluta. El acuerdo que se comenzó a discutir incluiría cláusulas de protección de activos y un marco fiscal preferencial para las compañías que asuman el riesgo de operar en suelo venezolano en esta fase de transición tras la detención de Nicolás Maduro.

Desafíos logísticos. A pesar del optimismo presidencial, los expertos advierten que la tarea es monumental.

La red de oleoductos y las refinerías de Pdvsa requieren una modernización total que podría tomar años, ya que la infraestructura está absolutamente obsoleta.

La seguridad es otro punto clave. El mantenimiento del orden interno es vital para que los técnicos extranjeros regresen al país. En esa línea, Trump confirmó ayer que, debido a la “cooperación” del nuevo gobierno interino, canceló una segunda oleada de operaciones militares, lo que despeja el camino para el arribo de las petroleras.

Trump ve las enormes reservas de petróleo del país como una ganancia inesperada en su lucha por reducir aún más los precios internos del combustible en su país, un tema político importante. Sin embargo, podría enfrentar una ardua tarea para convencer a las petroleras estadounidenses de invertir en Venezuela.