INTERNACIONAL
los cambios en el país caribeño

Trump, Delcy Rodríguez y la lógica del poder en la transición venezolana

La transición del poder está marcada más por la continuidad que por la ruptura. Si bien el presidente Nicolás Maduro ya no está en el poder, gran parte de su estructura política que lo sostuvo permanece intacta. Lejos de priorizar un cambio político profundo, el presidente estadounidense Donald Trump optó por un camino centrado en la estabilidad inmediata y en la protección de intereses estratégicos. Por qué el mandatario dejó de lado a Corina Machado.

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Continuidad. Diosdado Cabello y los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, a cargo del gobierno. | afp

A pocos días de la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos, Venezuela atraviesa una etapa de transición marcada más por la continuidad que por la ruptura. Aunque el presidente venezolano ya no está en el poder, gran parte de la estructura política que lo sostuvo permanece intacta. Al frente del país quedó Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta, una figura central del chavismo que cuenta ahora con el aval explícito de Donald Trump. La decisión de Washington de acompañarla, y no a María Corina Machado –la principal líder opositora y ganadora del Premio Nobel de la Paz–, expone un enfoque marcadamente pragmático de la Casa Blanca.

Lejos de priorizar un cambio político profundo, Trump optó por un camino centrado en la estabilidad inmediata y en la protección de intereses estratégicos. Washington pasó a definir a Venezuela principalmente en función de la migración, el narcotráfico y, sobre todo, del acceso al petróleo. En ese marco, Delcy Rodríguez ofrecía una ventaja determinante: su familiaridad con la maquinaria del Estado, considerada esencial para asegurar continuidad operativa en un escenario de transición controlada.

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Durante los últimos años, Rodríguez ocupó un rol central en la gestión económica del gobierno venezolano en un contexto de sanciones y colapso productivo. Desde la perspectiva estadounidense, fue vista como una figura con experiencia en la administración del poder económico y con capacidad para interactuar con sectores relevantes, en particular en el área energética. Ese perfil la posicionó como una interlocutora viable para Washington en un momento de alta incertidumbre política.

María Corina Machado representaba una alternativa muy distinta. Con un respaldo popular contundente y un capital simbólico reforzado por el Premio Nobel de la Paz, su liderazgo se apoyó en una postura de ruptura total con el chavismo. Durante años sostuvo que la libertad y la democracia no eran negociables, rechazando cualquier tipo de acuerdo con quienes integraban el régimen. Esa coherencia fue fundamental para canalizar el descontento social y construir una mayoría política inédita, pero terminó siendo percibida en Washington como una limitación.

En la evaluación de la Casa Blanca pesó la percepción de que Machado no logró adaptarse a una lógica política cada vez más transaccional. Su rechazo por negociar con el gobierno de Maduro –ya fuera para facilitar la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela o para habilitar acuerdos económicos– fue reduciendo su margen de maniobra justo cuando Washington buscaba interlocutores capaces de administrar la transición sin sobresaltos. Esa postura tensó su relación con el entorno de Trump y la fue dejando al margen de las conversaciones claves.

En paralelo, en un intento por no confrontar abiertamente con la Casa Blanca, Machado moderó o silenció algunos ejes centrales de su discurso, en particular los vinculados a la migración venezolana y al impacto interno de las sanciones impuestas por Estados Unidos. El resultado fue una erosión de su capital político interno sin que eso se tradujera en el respaldo externo que buscaba.

Nicolás Maduro

Trump fue directo al expresar su desconfianza. “Ella no tiene el apoyo ni el respeto necesarios para gobernar”, afirmó, en alusión a la falta de respaldo dentro de las fuerzas armadas, del empresariado y del aparato estatal que conserva el control efectivo del país. Sin embargo, anunció que planea reunirse con ella en Washington la próxima semana, en un gesto que marca una apertura en la relación.

Delcy Rodríguez, en cambio, optó por una estrategia de equilibrio. Tras la captura de Maduro, afirmó públicamente que él seguía siendo el único presidente de Venezuela, un mensaje dirigido a las bases chavistas y a las fuerzas de seguridad. Al mismo tiempo, adoptó un tono más conciliador hacia Washington. “Extendemos la invitación al gobierno de los EE.UU. a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación”, afirmó, dejando abierta la posibilidad de acuerdos económicos.

Para Trump, ese doble registro resultó decisivo. Más allá de su pasado ideológico y de su rol en el aparato de poder chavista, Rodríguez ofrecía algo que la oposición no podía garantizar: control del Estado y capacidad de ejecutar acuerdos. Desde Washington dejaron claro que ese acompañamiento no es incondicional. “Si no hace lo correcto, va a pagar un precio más alto que Maduro”, advirtió Trump, marcando los límites del respaldo estadounidense.

El presidente estadounidense fue incluso más explícito al describir el alcance de su política hacia Venezuela. Afirmó que podría haber “obliterado” al país si no hubiera cooperado, pero sostuvo que su administración estaba llevándose “extremadamente bien” con el nuevo liderazgo. En esa línea, el gobierno interino venezolano anunció el inicio de un proceso para evaluar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, mientras funcionarios estadounidenses arribaron a Caracas para explorar la reapertura de la embajada, cerrada desde hace siete años.

El desenlace deja a Venezuela ante una transición ambigua. Maduro ya no está, pero el sistema que lo sostuvo sigue en pie bajo otra figura. Para la Casa Blanca, la prioridad no fue la promoción de valores democráticos ni una transformación política profunda, sino asegurar gobernabilidad y acceso a recursos estratégicos. En ese delicado equilibrio entre principios y pragmatismo, Trump eligió a Delcy Rodríguez y dejó a María Corina Machado fuera del poder.

* Corresponsal de PERFIL en Washington