La primera semana de 2026 terminó con estos títulos de los diarios económicos del viernes: “Subió un 27% la cantidad de locales vacíos en la Ciudad de Buenos Aires”, “La cadena de farmacias del Dr. Ahorro cerró sus 11 sucursales y despidió a sus cien empleados”, “Bioceres a convocatoria de acreedores sumándose a las listas de firmas agroindustriales en default (SanCor, Los Grobo, Agrofina y Red Surcos)”, “Cierra otra fábrica textil: Hilados despidió a sus 70 trabajadores”, “La industria cayó por tercer trimestre consecutivo y sigue sin encontrar su piso”, “La construcción sufrió la peor contracción de todo 2025, bajó 4,8% sobre diciembre de 2025 y 24% sobre diciembre de 2023”.
¿Qué más haría falta para confirmar que la política económica del tándem Milei-Caputo está muy lejos de ser lo exitosa que se pregona desde el Gobierno y con razonable interés se apoya desde los acreedores externos, sumado a la condescendencia de los actores económicos locales, que, a cambio de una baja de impuestos y una reforma laboral que queden para siempre, están dispuestos a soportar la reducción del mercado interno y, por tanto, el volumen de sus negocios?
La idea de que Milei gobierna para los ricos es otra aseveración muy discutible. En realidad, todo aquel que gobierne achicando el mercado interno y el consumo gobernará en contra de los pobres, pero finalmente también en contra de los ricos, porque, como sostenía Henry Ford, para vender sus autos precisaba que los sueldos de sus empleados (como ejemplo de todos los demás) permitieran que fueran consumidores.
El primer gráfico que acompaña esta columna refleja el aumento en dólares del valor de las empresas cuyas acciones cotizan en la Bolsa, primero durante 2025 y luego en el acumulado de 2024 y 2025. Lo que inicialmente hay que aclarar es que parte de ganancias y pérdidas en dólares está afectada por las diferencia de cambio de la megadevaluación al inicio de la presidencia de Milei, corrigiendo el atraso cambiario que dejó la administración económica de Sergio Massa para luego, y progresivamente, volver al mismo retraso cambiario hoy en día, demostrando que la devaluación de diciembre de 2023 no tenía como objetivo las correcciones de los precios relativos de un plan de estabilización sustentable, sino simplemente ser una herramienta de licuación de los mayores costos del Estado: sueldos y jubilaciones, para lograr reducir gran parte del gasto público y pasar de déficit a superávit fiscal.

Esto se percibe claramente en el segundo gráfico que acompaña a esta columna, donde se muestra el precio del dólar oficial a pesos constantes de noviembre de 2023, antes de Milei, corregido por la inflación, y allí se percibe que a comienzo de 2025 el dólar llegó, incluso, a costar un 10% menos que el de noviembre de 2023, cuando el dólar no oficial por entonces tenía una brecha que llegaba a triplicar al oficial.

Cualquier comparación de valor en una moneda que tuvo el efecto montaña rusa que le agregó Milei resulta una mera representación circunstancial de algo que poco tiene que ver con el valor real, distinto son los números del primer párrafo de esta columna, que reflejan cambios físicos y tangibles de menores unidades vendidas, menor cantidad de empresas o de empleos.
Pero aun hecha la aclaración del efecto de subvaluación del dólar, el cuadro de ganadores y perdedores demuestra una constante inequívoca: las dos mayores empresas industriales de la Argentina: la que fabrica acero TXAR (Techint) y aluminio ALUA (Aluar), perdieron la mitad y un tercio de su valor respectivamente en los dos años de Milei. Como explicó Eugenia Muzio en una nota ayer en PERFIL, el acero y el aluminio son los materiales con los que las distintas industrias fabrican gran parte de sus productos y un termómetro de la producción, así como la venta de cemento lo es para la construcción, o el cartón para el consumo masivo porque todo se distribuye en cajas.
Y en el podio de las ganadoras, el resultado no es por el crecimiento de su actividad, sino por cuestiones puntuales: la que más creció en 2025, CEPU (Central Puerto), fue por su asociación con OpenAI para un megacentro de datos en la Patagonia más un proyecto minero de 500 millones de dólares dentro del RIGI. La segunda, IRSA, por la mayor valuación en dólares de activos inmobiliarios (shoppings, oficinas). Y la tercera, LOMA (Loma Negra), por una paradoja: por la crisis de la caída de venta de cemento y la paralización de la obra pública, sus dueños brasileños la pusieron en venta y se supone que el comprador local –Mindlin– le insuflará nuevos ánimos.
En el acumulado 2024 más 2025, los ganadores por encima de la sobrevaloración del peso, expresada en mayor valor en dólares y cuyas pérdidas en 2025 fueron igual compensadas con creces por sus ganancias de 2024, son todos bancos: BBAR (Banco Francés), BMA (Banco Macro), GGAL (Banco Galicia), SUPV (Supervielle).
El coeficiente Merval que refleja el total del valor de las empresas que cotizan sus acciones en la Bolsa es otro síntoma de volatilidad: venía cayendo desde abril para llegar al mínimo tras las derrota del Gobierno en las elecciones de septiembre, valiendo en dólares la mitad que hoy.
Pero la cuestión de fondo es la producción, en una excelente nota del director del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales, Eduardo Sartelli, publicada ayer en PERFIL, dice: “Don Paolo no reniega de la reforma laboral, al contrario, la aplaude. Ni de las rebajas impositivas, al contrario, las recibe con beneplácito. Lejos está, entonces, de plantear algo alejado de sus intereses de clase. Pero lo importante es que incluso esos “regalos” del gobierno libertario no parecen ir al corazón de esos intereses. No. Lo que tiene más valor para el empresario más poderoso del país es la estrategia general que guía el desarrollo de la economía real. Eso es lo que está mal: abrirse cuando todo el mundo se cierra; achicar el Estado cuando todo el mundo lo despliega; retirar estímulos a la producción cuando todo el mundo los incrementa”.
Ayer, Carlos Melconian dijo: “Acá celebran la ‘derrota’ de la inflación y solo la desinflaron al 20% anual”. Agrego yo: y a qué costo.