"De los errores históricos no se vuelve”, dicen que dijo Perón. Un error histórico es un error estratégico. Por ejemplo, para un gobierno que ha hecho de la confianza en su alineamiento con EE.UU. una apuesta central, la actitud de Donald Trump y Scott Bessent en el pasado mes de octubre constituye un acierto histórico. Lo contrario hubiera sido fatal. El problema, para Milei, es que ningún gobierno puede vivir de su alineamiento internacional. Es necesario acertar otra apuesta, mucho más crucial aún: encajar en el escenario mundial. Por ejemplo, Carlos Menem formuló una apuesta coherente, no solo a nivel de alineamientos políticos internacionales sino, sobre todo, en relación a los procesos económicos que dirigían al mundo en un sentido preciso: liberalización de mercados, apertura de economías, flujo sin límites de capitales.
Hace unas semanas, Paolo Rocca abiertamente desafió el consenso liberal, hoy capitaneado por Milei. ¿Qué es el consenso liberal? La creencia en que los problemas de la Argentina se resuelven profundizando la liberalización y la apertura de la economía de los años 90. Es un consenso porque, con mayores o menores acuerdos, todos los partidos del régimen (lo que incluye a Cristina) acuerdan en esa agenda. ¿Qué dijo el dueño de Techint, según mi leal saber y entender? Algo muy básico y, por lo tanto, muy estratégico: la apuesta del Gobierno va a contramano del mundo. El ascenso de China (y del resto de Asia) replantea el escenario mundial. Vamos hacia un mundo en el que la competitividad se vuelve un hecho nacional, donde interviene el Estado y donde la economía mundial, más que un territorio abierto al intercambio, se reconstruye como un campo de batalla en el que la planificación de cada movimiento es esencial. Todos los gobiernos del mundo están alineándose con esa perspectiva y desarrollando las mismas armas: tarifas, importaciones controladas, agresividad en la arena comercial, etc. Trump, señala Rocca, no es una excepción. El que es una excepción es Milei. ¿Por qué es una excepción? Porque está fuera de moda, es viejo, atrasado y, por lo tanto, inútil y destructivo. Obviamente, este énfasis es completamente mío.
La relevancia de la intervención “roquista” no solo está dada por la altura del personaje, sino por la profundidad de la crítica: todo lo que se está haciendo, al menos lo que concierne a comercio exterior, mercado interno, tipo de cambio, etc., está mal. No quiere decir que Don Paolo reniegue de la reforma laboral, al contrario, la aplaude. Ni de las rebajas impositivas, al contrario, las recibe con beneplácito. Lejos está, entonces, de plantear algo alejado de sus intereses de clase. Pero lo importante es que incluso esos “regalos” del gobierno libertario no parecen ir al corazón de esos intereses. No. Lo que tiene más valor para el empresario más poderoso del país es la estrategia general que guía el desarrollo de la economía real. Eso es lo que está mal: abrirse cuando todo el mundo se cierra; achicar el Estado cuando todo el mundo lo despliega; retirar estímulos a la producción cuando todo el mundo los incrementa.
No son ideas que no estén en otras cabezas. En una entrevista con Alejandro Bercovich, Miguel Ángel Broda señaló, ahora sí, textualmente: “Estado tiene que haber. (…) Cuando uno ve los países que crecieron sustancialmente como el Este asiático, uno ve un rol del Estado muy importante.” Podríamos citar a varios miembros más del “círculo rojo”. ¿Se va abriendo paso un nuevo consenso? Creo que sí. Ese consenso empieza a decir que Milei atrasa y que está cometiendo un error estratégico. Histórico. Y de los errores históricos, no se vuelve, dijo el General. La agresión a Venezuela no hace más que confirmar las líneas generales mediante las cuales se organiza el nuevo orden mundial.
* Director Ceics.