La historiadora francesa Cécile Desprairies (1957), con seis libros editados sobre los sucesos ocurridos en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 2023 publicó una novela titulada La propagandiste en Éditions du Seuil. En 2024 se publicó en inglés como The propagandist en New Vessel Press, New York, Estados Unidos. La versión en nuestra lengua, salvo capricho español inminente (algo probable: La publicista), sería La propagandista.
El libro tuvo una muy buena repercusión crítica en los dos países. Es más, en Francia estuvo preseleccionado para el Premio Goncourt de 2023, el más prestigioso del país. Según la revista Le Point, la novela es el resultado de “la tenacidad de una historiadora que ha tenido suficiente, tras sufrir el dolor de un descendiente decidido a poner fin a las mentiras”.
Pero hoy la noticia es que un hermano de la autora y otro familiar, no identificado, a pocos meses de lanzada la novela, entablaron una demanda judicial contra Desprairies y Éditions du Seuil. Y que este miércoles 7 de enero tuvo lugar una audiencia donde ambas partes presentaron pruebas. Los demandantes exigen que se retire de la venta la edición completa. La demanda es por difamación, exigiendo también la eliminación de ciertos pasajes del libro. “El resentimiento de la autora hacia las personas denunciadas se filtra en toda la obra, como una auténtica venganza familiar”.
Si bien los personajes portan nombres distintos a los de la historia familiar, el tema de La propagandista es cómo esa familia colaboró con los nazis durante la ocupación alemana entre 1940-1944. Se trata de la extensa familia Desprairies-Manevy, que presentó en la Justicia más de treinta declaraciones juradas de sus miembros denunciando “el carácter falso de las acusaciones” y “el sufrimiento que han causado a la familia, comparada en su conjunto con los pronazis persistentes”.
En respuesta, Cécile Desprairies y Seuil defienden el derecho a la ficción inherente a una obra etiquetada como “novela”, en oposición a un “ensayo” histórico. “Éditions du Seuil niega cualquier perjuicio a los demandantes por la novela denunciada. Solo pueden deplorar un enfoque que tiende a obstruir la libertad de creación del novelista y a censurar la libertad de expresión”, declaró Bénédicte Amblard, abogada de la editorial. La resolución del tribunal se conocerá durante el próximo mes de marzo.
Pero vayamos a la novela en sí, qué expresa. Se centra en la madre de Desprairies, quien colaboró con los nazis en propaganda, entre otras cosas creando el infame Affiche rouge, difundido durante febrero de 1944 en el que se justifica los fusilamientos de 23 partisanos extranjeros, entre ellos los del grupo dirigido por Missak Manouchian. Las citas que siguen pertenecen al Capítulo I de La propagandista: “Llegaron a Argelia entre los primeros colonos a mediados del siglo XIX, los más pobres entre los pobres, esperando todo de este ElDorado, que en aquel entonces consistía en tres departamentos franceses: Argel, Orán y Constantina, al otro lado del Mediterráneo. Tuvieron la sensatez de regresar a la Francia continental a tiempo, un siglo después, durante el período de entreguerras. Mi familia había evitado así la “catástrofe” de un regreso precipitado treinta años después, tras la proclamación de la independencia argelina. Lo habían perdido todo.
“Mi familia vivía en un pequeño apartamento de dos habitaciones en el distrito 15, ubicado en el primer piso, cerca del puente Bir-Hakeim, en la acera frente al Velódromo de Invierno. Las mujeres hablaban de la “redada del Velódromo de Invierno” como si fuera una ola de calor. “Traían a los judíos en autobús”, decían. Era julio y el calor era sofocante. Había mucha gente y un bullicio. Se oía a través del techo de cristal. Por una de las rendijas de la pared, un judío le ofreció a mi abuela un reloj de oro a cambio de un vaso de agua. Mi abuela había cogido el reloj, pero no había “dado el vaso de agua”. Lo dijo sin emoción. Me preguntaba si había oído bien.”
El tío Gastón: “Más tarde, cuando, ya adulta e historiadora, investigué para comprender lo sucedido, supe que este tío había sido conocido de Otto Abetz, embajador del Reich en París (pronunciado por la familia “Rèche”). También era cercano a Jean Luchaire, quien dirigía la poderosa Corporación Nacional de Prensa. Aunque inicialmente era “socialista”, su tío, un periodista eficiente y discreto, había contribuido a influir en la opinión pública francesa inculcando los objetivos de los nuevos amos, adaptando su antisemitismo a la publicación en la que colaboraba. Desde su “periódico principal” hasta los semanarios Gringoire y Je suis partout, pasando por la versión francesa de la revista Signal, su alcance era amplio. Mejor aún, se había convertido en un magnate de los medios. A mediados de junio de 1940, en un París ocupado y desierto, su tío aprovechó la oportunidad. Las autoridades alemanas lo nombraron redactor jefe del “periódico principal”, en sustitución de Lazareff, quien se había visto obligado a exiliarse.”
“Mi abuela y su hija Zizi eran recibidas en todas partes. Sorprendidas y encantadas, comenzaron a frecuentar la alta sociedad parisina –la alta sociedad parisina colaboracionista, por supuesto–, pero ¿existía otra? Las volví a encontrar en la revista de propaganda nazi Signal, desde el verano de 1940 hasta la primavera de 1944, posando a página completa, a veces a doble página. Recepciones en la embajada del Reich; paseos en carruaje por el Bois de Boulogne. Eran la personificación del desenfado. La única restricción impuesta por Gastón fue que sus nombres no aparecieran en los pies de foto. Abrumadas por esta repentina fama, tuvieron que acatar la orden.”