En una de las formidables “postales” reunidas en Vudú urbano, fechada en 1980, Edgardo Cozarinsky toma nota de dos muertes bien cercanas (cercanas al momento de su escritura y cercanas entre sí): la de Roland Barthes, que murió en París el 26 de marzo de 1980, y la de Alfred Hitchcock, que murió en Los Ángeles el 29 de abril de ese mismo año. A Cozarinsky ambas muertes lo impactaron. Algo distinto le sucedió, según el mismo detalla, con la muerte de Jean-Paul Sartre (en París, el 15 de abril de 1980); y es que no fue sino al enterarse de que había muerto, que advirtió que hasta entonces había seguido vivo.
Es evidente la vigencia incontestable de Hitchcock o de Barthes (que crearon, cada cual a su manera, una forma de mirar, ¿o no es eso lo que crea quien devela otros ángulos y otra relación entre planos; o no es eso lo que crea quien agrega, a la visión de lo que algo es o puede ser, la visión de lo que significa o puede significar?). Pero es también evidente que, para alguien como Cozarinsky, en razón de una sensibilidad estética no menos que de una disposición ideológica, el sartrismo o lo sartreano estaban en cambio para entonces ya enteramente agotados, aun sin que antes tuvieran para él valor o pertinencia. Las muertes de Barthes o de Hitchcock en marzo y abril de 1980 ponían en evidencia lo que, habiendo muerto ellos, ya no moriría de ellos; la de Sartre, en cambio, lo que ya antes había fenecido, aunque Sartre siguiera ahí.
Pero pasaron ya más de cuarenta y cinco años de todo esto. Ahí están Vértigo o La ventana indiscreta, ahí están Mitologías o La cámara lúcida; ahí está también Vudú urbano. Lo que fue pasando entretanto con la idea del compromiso o lo que fue pasando entretanto con la condición misma de la práctica intelectual, sus ámbitos y sus posibilidades, al cabo de los años de cinismo posmoderno o bien ante el aplastamiento patente del estado de cosas en la actualidad, ¿no admite acaso dar cabida a la pregunta por aquello que del sartrismo o de lo sartreano, sin pasar por alto las objeciones que les caben o le cupieron, puede pese a todo seguir interpelándonos?