Estados Unidos vacía su base en el Reino Unido por una "amenaza fantasma" con sello iraní
El Pentágono ordenó retirar de urgencia toda su flota de bombarderos B-1 de la instalación de Fairford. El detonante fue un extraño episodio con camionetas sospechosas que terminó con los detenidos en libertad y desató la furia de Donald Trump.
Las alarmas sonaron tan fuerte que en Washington decidieron no pagar por ver. De un día para el otro, el Pentágono ordenó sacar toda su flota de bombarderos B-1 de la estratégica base aérea de Fairford, en el suroeste de Inglaterra, y mandarlos de regreso a casa. La mudanza no fue un ejercicio de rutina: según blanqueó en rueda de prensa el propio Donald Trump, la Casa Blanca detectó una serie de amenazas pesadas que apuntaban directamente a un complot orquestado por Irán.
Toda la paranoia se terminó de desatar a partir de un episodio casi cinematográfico que ocurrió el pasado 27 de septiembre. Un granjero de la zona llamó a la policía tras cruzarse con un grupo de hombres que merodeaban en camionetas con actitud sospechosa cerca del cerco militar. La redada terminó con cinco detenidos iniciales y un ciudadano británico-iraní capturado poco después. Aunque los investigadores no encontraron explosivos, sí hallaron una cantidad de nafta injustificable, lo que abrió un abanico de especulaciones insólitas: para algunos fue un atentado fallido, para otros un simple robo de combustible incentivado por los precios récord de la energía en suelo británico.
El escándalo diplomático estalló de verdad cuando la Justicia inglesa decidió soltar a todos los sospechosos bajo fianza. Esa decisión cayó pésimo en el Despacho Oval. Fiel a su estilo, Trump le marcó la cancha a sus aliados quejándose en público ("Yo no habría hecho eso") y dejó una dura advertencia para Teherán ante los rumores de un posible uso de drones de ataque: si se atrevieron a hacerlo, "sufrirán enormemente". En esa misma sintonía, el secretario de Estado, Marco Rubio, intentó poner paños fríos elogiando la seguridad del lugar, pero dejó en claro que la situación involucra "claramente a un actor extranjero".
Lo que más ruido hace en el tablero militar es la forma en que se resolvió la crisis. Un funcionario estadounidense le confesó a la cadena CNN que fue una medida totalmente inusual mandar a los aviones a cruzar el Atlántico de vuelta a su origen, en lugar de reubicarlos en alguna otra base europea. En paralelo, el diario New York Times sumó “picor” al revelar que la inteligencia estadounidense venía rastreando esta advertencia desde hace casi tres semanas, pero que en las últimas 24 horas la situación se volvió tan crítica que los comandantes apretaron el botón de pánico.
Mientras los B-1 hacían las valijas, en Londres intentaron bajarle el precio al drama. El portavoz del primer ministro británico, Andy Burnham, enfrentó a los micrófonos para jurar que los métodos de defensa de la base están probados y son impenetrables. El intento de calmar las aguas choca con las propias declaraciones del funcionario, que la semana pasada había deslizado fuertes sospechas sobre el rol de Irán en el incidente.
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El valor estratégico de la pista inglesa y el replanteo logístico
La retirada de los bombarderos no es un movimiento menor para la estrategia norteamericana. Desde marzo de este año, el Reino Unido le había dado luz verde a Washington para utilizar exclusivamente la pista de Fairford como plataforma para lanzar "operaciones defensivas específicas" focalizadas en Irán.
Esa habilitación política convirtió a la instalación en la única base operativa dentro del territorio continental británico autorizada para este tipo de misiones de alto voltaje. Por ese motivo, durante los últimos meses el tráfico de aeronaves pesadas se había vuelto una constante en la zona, obligando a los locales a reforzar el cerco de seguridad a niveles sin precedentes.
Ahora, con las pistas vacías y los sospechosos caminando libres por la calle, el eje Washington-Londres enfrenta el desafío de recalibrar su logística. Trump intentó restarle dramatismo a la retirada diciendo que solo movieron los aviones "un poco, no muy lejos" para evitar tentar al enemigo. Sin embargo, en los pasillos de la diplomacia internacional la lectura es otra: la sola sospecha de una jugada de Teherán logró, al menos por ahora, vaciarle el estacionamiento a la principal potencia militar del planeta.
TC/MSS
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