Diagnóstico y antecedentes familiares

La enfermedad del Pontífice puso en alerta a la Santa Sede

CAUTELA. Extirparon el tumor y habrá un seguimiento riguroso. Foto: Cedoc

El diagnóstico de cáncer de pulmón de León XIV encendió de inmediato las alarmas en el Vaticano y sembró un escenario de incertidumbre sobre el futuro del papado. Electo hace apenas 18 meses, a los 69 años, el primer pontífice estadounidense era visto como una garantía de estabilidad y de un pontificado largo. Hoy, la fragilidad de su salud quiebra abruptamente ese horizonte de previsibilidad.

A diferencia de su antecesor, el Papa Francisco –quien falleció en abril de 2025 tras una serie de complicaciones respiratorias e insuficiencia cardíaca–, León XIV destacaba por su dinamismo y disciplina física.

Conocido en el Vaticano por su estilo cauto y meticuloso, el pontífice solía retirarse los martes a Castel Gandolfo para descansar, nadar y jugar al tenis. Cardenales de peso, como el secretario de Estado Pietro Parolin, reflejaron la conmoción que causó la noticia en el ambiente vaticano. “Nadie se lo esperaba”, afirmó, tras admitir su preocupación por la evolución del cuadro clínico.

Historia familiar. León XIV soporta el peso del historial de esta enfermedad en su propia familia. Existen marcados antecedentes de cáncer entre las personas más cercanas. Su hermano mayor, Louis Prevost, se encuentra actualmente en tratamiento tras un diagnóstico de mieloma múltiple, un tipo de cáncer de la sangre que afecta a las células plasmáticas en la médula ósea.   

Louis fue diagnosticado en 2017. Tras someterse a tratamientos que incluyeron un trasplante de células madre y ensayos clínicos, la enfermedad se mantuvo bajo control, pero recientemente sufrió una recaída. Actualmente participa en un ensayo clínico en un centro médico de Florida.

La madre del Papa, Mildred, falleció a causa de esta enfermedad en 1990. Y su padre, también de nombre Louis, murió en 1997 por un cuadro combinado de cáncer de colon y afección cardíaca. 

Este trasfondo genético agrega una cuota extra de inquietud sobre la evolución de la salud del pontífice.Aunque el equipo médico confía en haber extirpado la masa tumoral tras la cirugía de pulmón, habrá un seguimiento riguroso de su estado.

Alarma vaticana. Figuras cercanas como el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, adelantaron que el pontífice acatará sin dudar la recomendación de sus médicos si estos desaconsejan semejante despliegue físico.

Algunas fuentes del Vaticano creen, incluso, que la enfermedad podría “cambiar sus prioridades”. 

Lo lógico, apuntan, sería que reduzca su agenda, eliminando algunos compromisos y actos públicos, al menos durante cierto tiempo.

Desde el inicio de su pontificado, León XIV heredó una Iglesia profundamente fragmentada. Durante los años de su predecesor argentino, el Papa Francisco, las facciones conservadoras y los sectores más liberales se enredaron en fuertes disputas doctrinales e institucionales. 

Precisamente, a León XIV se le encomendó la ardua tarea de suturar esa polarización y tender puentes de concordia. Sin embargo, dentro de los propios muros vaticanos, diversas fuentes advierten con inquietud que la enfermedad del Papa puede reactivar los enfrentamientos internos entre ambos sectores.

La interrupción de la agenda papal ocurrió en medio de un importante encuentro episcopal en el Vaticano sobre el acompañamiento a las familias, convocado al cumplirse diez años de Amoris Laetitia –el documento con el que Francisco abrió el debate sobre la comunión para divorciados vueltos a casar–. La imposibilidad de León XIV de participar activamente evidenció lo frágil del equilibrio político interno en la cúpula de la curia.