Luis V. Pérez Gil:“Estados Unidos no intentará ocupar Irán, porque simplemente no puede”
En medio de la escalada entre EE.UU. e Irán y con el estrecho de Ormuz en el centro de la escena global, surgen las preguntas sobre la capacidad militar real de Teherán. En esta entrevista con PERFIL, el doctor Luis V. Pérez Gil, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, advierte que Irán conserva herramientas suficientes para hostigar la navegación y elevar el costo de una confrontación prolongada.
—¿Cuáles son hoy los principales instrumentos militares con los que cuenta Irán para hostigar la navegación en la zona del golfo Pérsico?
—Irán dispone hoy de dos activos para presionar sobre el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico: navales y aéreos.
En el plano naval, cuenta con capacidades ofensivas compuestas por fuerzas sutiles, como las lanchas rápidas operadas en enjambre: embarcaciones pequeñas, veloces y numerosas, capaces de vigilar, interceptar, inspeccionar y tomar el control de los grandes buques civiles de carga y petroleros que transitan en el golfo Pérsico. A eso se suman vehículos navales no tripulados, que Teherán ya ha utilizado en operaciones militares.
La segunda capacidad naval es defensiva y consiste en el minado de los accesos al golfo. Se trata de una opción más extrema, pensada para frenar una intervención militar o dificultar que una fuerza enemiga rompa un eventual bloqueo.
También está el componente submarino, aunque existe incertidumbre sobre su estado tras los bombardeos estadounidenses contra bases navales iraníes. Si parte de esa flota sigue operativa, pequeños submarinos clase Gadir podrían hostigar el tráfico marítimo con mayor discreción.
En el plano aéreo, Irán cuenta con misiles balísticos y de crucero con capacidad antibuque. Su efectividad quedó en evidencia en el mar Rojo, donde los hutíes –aliados regionales de Teherán– utilizaron sistemas similares contra embarcaciones comerciales.
A eso se suman municiones aéreas no tripuladas de un solo uso de bajo costo, como los Shahed-136, que pueden lanzarse en oleadas contra barcos civiles o buques de guerra. La experiencia reciente en Nagorno-Karabaj, Ucrania y Oriente Medio muestra que unos pocos pueden causar daños significativos.
—¿Qué tipos de minas navales utiliza Irán en la zona y cómo actúan?
—Irán conserva capacidad para sembrar minas navales en el estrecho de Ormuz, aunque sus medios clásicos quedaron reducidos tras la destrucción de gran parte de su flota de superficie en las primeras semanas de la guerra. Aun así, Teherán podría seguir desplegándolas desde pequeñas embarcaciones militares, barcos civiles adaptados e incluso desde submarinos ligeros.
Otra vía importante es el minado aéreo. Las fuerzas iraníes cuentan con helicópteros rusos Mil Mi-17 y Mi-171 que pueden lanzar entre dos y cuatro minas tipo Maham-2 –para aguas de entre 10 y 50 m de profundidad con 350 kg de carga– en cada salida. Pueden activarse al detectar ruido o firma magnética de un buque. Además, incorpora un sistema que le permite dejar pasar varias embarcaciones antes de explotar, lo que dificulta su detección y remoción. Más liviana es la Maham-7, con 150 kilos de explosivo y apta para profundidades de hasta 35 metros.
Irán también dispone de minas que pueden ser lanzadas desde tierra mediante cohetes de 333 milímetros disparados por el sistema Fajr-5. En un paso angosto como Ormuz –de entre 39 y 97 kilómetros de ancho– eso permite sembrar zonas peligrosas desde posiciones interiores y cambiar rápidamente de ubicación para evitar represalias. Teherán exhibió esa capacidad durante los ejercicios militares Gran Profeta-19, realizados en enero de 2025.
Antes del inicio del conflicto, la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU. estimaba que Irán contaba con unas 5.000 minas navales.
—¿Qué papel cumplen los misiles antibuque costeros dentro de la estrategia iraní?
—Los misiles antibuque de Irán cumplen, ante todo, una función de disuasión. Su valor principal no está solo en ser lanzados, sino en obligar al adversario a actuar como si pudieran ser utilizados en cualquier momento. Irán combina sistemas balísticos, como el Ghadir, y misiles de crucero, como Noor y Qader, capaces de amenazar el tránsito marítimo. Esa sola amenaza produce efectos concretos. Por un lado, muchos operadores civiles aceptan controles, inspecciones o restricciones impuestas por Teherán para reducir riesgos. Por otro, las fuerzas navales rivales evitan acercarse demasiado a la costa iraní y suelen operar a más de 300 km para minimizar la posibilidad de un ataque sorpresa. Un ataque en salva de varios misiles contra una agrupación naval o un gran buque de superficie –como un portaviones nuclear o un destructor clase Arleigh Burke– podría causar daños severos e incluso catastróficos. Por eso EE.UU. privilegia un bloqueo naval a distancia.
—¿Qué eficacia puede tener el sistema de lanchas frente a una flota como la de EE.UU.?
—Irán desarrolló esa doctrina al asumir que no puede disputar una guerra naval convencional contra EE.UU. o sus aliados. Apostó por el desarrollo de numerosas embarcaciones ligeras y desplegables, que basan su capacidad ofensiva en la velocidad y la saturación sobre el objetivo. Como se ha observado en sus operaciones navales antes y después de la guerra, una vez que se ha identificado un determinado objetivo, un grupo variable de pequeñas embarcaciones dotadas de armamento ligero, se aproxima desde diferentes direcciones. Estas maniobras pueden ser eficaces frente a barcos civiles, mercantes o petroleros, que muchas veces prefieren detenerse y aceptar inspecciones antes que escalar el incidente.
Sin embargo, su utilidad frente a una fuerza naval superior es mucho más limitada. Por eso, la verdadera herramienta disuasoria iraní frente a grandes unidades navales no son las lanchas rápidas, sino los misiles antibuque.
—¿Cuánto tiempo puede demorar una operación de desminado en la zona?
—El tiempo necesario para desminar Ormuz depende, ante todo, de la magnitud del minado iraní. Hasta ahora se detectó un número reducido –alrededor de una decena o algo más–, pero incluso esa cantidad alcanza para generar riesgo y alterar el tráfico marítimo. Por eso no puede descartarse que Irán esté utilizando las minas como propaganda: demostrar capacidad de control del estrecho sin ejecutar medidas más expeditivas.
Si la situación militar escalara, Teherán podría optar por un minado selectivo de ciertos accesos o, en el escenario más extremo, por sembrar intensivamente el estrecho y paralizar el tránsito civil y militar.
En ese caso, las tareas de limpieza serían complejas y probablemente solo podrían realizarse tras un alto el fuego o un armisticio estable. Además, exigirían una operación multinacional con recursos de EE.UU., países de la OTAN y aliados asiáticos como Japón, Corea del Sur o Australia.
Aun así, desminar por completo una zona así no es inmediato. Puede demandar semanas o meses, según la densidad del minado, las condiciones del mar y la amenaza militar existente.
Mientras tanto, el impacto económico tendría consecuencias que se desconocen pero que pueden ser comparables al impacto del cierre del canal de Suez en 1973.
—Por último, ¿cree que EE.UU. no ocupa la región porque no quiere o porque no puede?
—Hoy EE.UU. no dispone en la región de fuerzas terrestres suficientes para lanzar una invasión por tierra contra Irán. A eso se suma el desgaste sufrido por sus bases militares desde el inicio del conflicto.
Todo indica que Washington diseñó su ofensiva sobre otro supuesto: confiar en la superioridad aérea y naval, combinada con un régimen de sanciones económicas masivas, para debilitar al Estado iraní y forzar concesiones.
Sin embargo, la experiencia de los conflictos contemporáneos muestra que ni el poder aéreo por sí solo ni la presión económica bastan normalmente para rendir a un país, salvo un solo caso: el bombardeo atómico de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Más allá de algunas declaraciones del presidente Donald Trump, un escenario nuclear parece descartado en esta guerra.
Por eso, la respuesta es que, en el corto plazo, EE.UU. no intentará ocupar Irán simplemente porque no puede.
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