el ataque contra venezuela

Petro cambia de postura sobre Trump y Lula muestra cautela

El presidente colombiano dio un giro tras la conversación telefónica del jueves con el mandatario estadounidense y en febrero viaja a Washington. Ya acordó combatir la guerrilla del ELN junto a EE.UU. El brasileño insiste en exigir una condena de la ONU al secuestro de Maduro, pero proriza el diálogo y se postula como mediador.

Postura. El colombiano Gustavo Petro y el brasileño Lula da Silva, en una encrucijada. Foto: cedoc

La reciente intervención militar de Estados Unidos en Caracas, que culminó con la captura de Nicolás Maduro, generó un terremoto geopolítico en la región. Los presidentes de las dos potencias sudamericanas, Luiz Inácio “Lula” da Silva (Brasil) y Gustavo Petro (Colombia), han liderado la respuesta continental, aunque con matices que han evolucionado drásticamente tras los eventos de las últimas 24 horas.

Desde el inicio de la crisis, el presidente brasileño ha mantenido una postura de condena institucional firme, calificando la operación estadounidense como una violación flagrante del derecho internacional.

La “línea inaceptable”. Lula fue tajante al afirmar que los bombardeos en territorio venezolano y la detención de su mandatario “traspasaron una línea inaceptable”. Para Brasilia, este acto representa un “precedente peligrosísimo” para la comunidad internacional.

A diferencia de la retórica encendida, Lula ha evitado la ruptura total de canales con Washington, centrando su estrategia en pedir una respuesta “firme” de las Naciones Unidas (ONU) y coordinando una posición conjunta con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para rechazar la división del mundo en “zonas de influencia”.

“No creo que deba ser una nación la que decida sobre otra, por problemática que esta sea”, manifestó Lula, reafirmando su rol como el mediador regional que prioriza el diálogo.

Retórica. La postura del presidente colombiano ha experimentado el giro más dramático de la semana. Tras calificar inicialmente la captura de Maduro como un “secuestro” y denunciar que EE.UU. era el primer país en “bombardear una capital sudamericana”, Petro ha suavizado su discurso tras un contacto directo con el presidente estadounidense.

Durante los primeros días de enero, Petro adoptó un tono defensivo y épico. Advirtió que cualquier intento de intervención en Colombia “desataría al jaguar popular” y llamó a las fuerzas militares a defender la soberanía nacional ante las críticas de Trump, quien lo había tildado de “hombre enfermo” por sus políticas sobre narcotráfico.

Cambio de postura. El jueves pasado se produjo un punto de inflexión. Petro y Trump mantuvieron una conversación telefónica de 55 minutos que ha redefinido la relación bilateral en cuestión de horas.

En una movida sorpresiva, Donald Trump invitó a Petro al Salón Oval para discutir temas de seguridad, narcotráfico y el futuro de Venezuela. Ayer dijo que la visita se concretará en febrero.

Tras la llamada, Petro cambió la confrontación por la calma. El mandatario colombiano destacó el “tono” de la conversación y aseguró a sus ciudadanos que disminuyó el riesgo de una escalada militar contra Colombia.

En declaraciones a la BBC este viernes, Petro admitió que, aunque percibía la amenaza de intervención como “real”, ahora cree que esta puede ser “retirada” mediante el proceso de diálogo.

Cuando se le preguntó la impresión que le dejó Trump, el mandatario contestó: “Hace lo que piensa, como yo”. “También es pragmático, aunque más que yo. A mí me gusta hablar. Su visión en muchas materias es muy distinta a la mía. Pero por ejemplo, en el narcotráfico, no tenemos ninguna distancia”, agregó.

Petro confesó que siente temor de correr la suerte de Maduro y reveló que Trump pensaba hacer “cosas malas en Colombia”. De hecho, en medio de la entrevista también reveló una de las frases que le dijo el magnate y que más le llamó la atención. “Me dijo algo que me gustó: ‘Sé que se han inventado muchas mentiras alrededor de usted, igual que sobre mí’”, contó.

Petro ya acordó con Trump realizar “acciones conjuntas” para golpear a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que viene complicando su gestión.

La región observa ahora con cautela: el éxito de esta “paz fría” dependerá de los términos que se pacten en la próxima reunión en la Casa Blanca.