primera vuelta

Presidenciales en Colombia: un país partido, con propuestas políticas radicalmente enfrentadas

La población llega a los comicios de mañana atravesada por el temor, la inseguridad y el desgaste social. Es central la disputa entre la continuidad del proyecto de Gustavo Petro y un posible giro conservador. “En Colombia, cuando crecen el miedo y la incertidumbre, la demanda de mayor protección ciudadana pasa automáticamente a ocupar el centro de la agenda electoral”, advierte el consultor político Antonio Aguilar. Los últimos sondeos.

Militarizado. Fuerzas militares controlan las calles en Colombia en vísperas de las elecciones. Foto: cedoc

Colombia llega a las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo atravesada por una de las campañas más tensas y polarizadas de las últimas décadas. Más de 41 millones de ciudadanos definirán no solo quién gobernará el país entre 2026 y 2030, sino también si continúa el proyecto político iniciado por el presidente Gustavo Petro o si se produce un giro hacia una agenda más conservadora centrada en seguridad y orden público.

El escenario electoral expone a un país partido entre dos miradas. Por un lado, quienes sostienen la necesidad de profundizar las reformas impulsadas por el oficialismo. Por el otro, sectores que consideran que el Gobierno no logró contener la inseguridad, la crisis económica y el avance del narcotráfico. En el medio, el centro político aparece debilitado y sin fuerza para romper la lógica de confrontación que domina la campaña.

“Colombia está decidiendo si profundiza una agenda de transformación impulsada desde la izquierda o si gira nuevamente hacia un modelo más enfocado en seguridad, institucionalidad y autoridad estatal”, explicó a PERFIL el estratega y consultor político colombiano Antonio Aguilar.

Inseguridad. La elección se desarrolla además bajo un clima de fuerte desgaste social y emocional. El debate público dejó de centrarse exclusivamente en propuestas técnicas y pasó a estar atravesado por identidades políticas cada vez más rígidas. En gran parte del electorado prevalecen sentimientos de cansancio, frustración, miedo e incertidumbre.

Según Aguilar, “hoy el escenario está dominado por dos grandes bloques narrativos: el cambio y la reacción al cambio”. Para el estratega, la campaña se convirtió en una disputa mucho más emocional que ideológica: “Mucha gente siente que esta votación representa sus valores y su forma de entender el país”.

Las preocupaciones de los colombianos giran principalmente alrededor de la seguridad, la inflación, el empleo y el deterioro del orden público en distintas regiones del país. El crecimiento de estructuras criminales y la expansión del narcotráfico volvieron a instalar el reclamo por políticas más duras en materia de seguridad, un tema que aparece entre las principales demandas ciudadanas. “En Colombia, cuando crecen el miedo y la incertidumbre, la demanda de mayor protección ciudadana pasa automáticamente a ocupar el centro de la agenda electoral”, sostuvo Aguilar.

En ese contexto, las encuestas anticipan una elección altamente competitiva y prácticamente encaminada hacia una segunda vuelta prevista para el 21 de junio. Para evitar el balotaje, un candidato deberá superar el 50% de los votos válidos en la primera ronda, algo que hoy aparece improbable según los sondeos.

Sondeos. Las últimas mediciones muestran una disputa muy ajustada entre el oficialista Iván Cepeda y el dirigente de derecha Abelardo de la Espriella. Según AtlasIntel, Cepeda alcanza el 37,7% de intención de voto, mientras que De la Espriella aparece apenas por detrás con 36,3%. Más lejos se ubica la senadora uribista Paloma Valencia, con 13,9%. En total, hay 14 candidatos en carrera, aunque estos tres concentran hoy las principales chances de disputa en un escenario cada vez más polarizado.

Cepeda representa la continuidad política del petrismo. Históricamente vinculado a la defensa de los derechos humanos y a los procesos de paz, propone profundizar las reformas sociales impulsadas por el actual gobierno, ampliar programas estatales y sostener la política de “Paz Total”.

Sin embargo, también concentra altos niveles de rechazo en sectores opositores que responsabilizan al oficialismo por el deterioro de la seguridad y el aumento de la incertidumbre económica.

Del otro lado emerge De la Espriella, un outsider de derecha que construyó buena parte de su crecimiento político a través de redes sociales y un discurso confrontativo contra el gobierno. El abogado propone reducir el tamaño del Estado, bajar impuestos y aplicar una política de seguridad inspirada en el modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Su estilo directo y personalista generó comparaciones con el presidente argentino Javier Milei.

Por su parte, Valencia intenta representar una derecha más tradicional e institucional vinculada al uribismo. La senadora apuesta por reforzar la presencia militar, endurecer la lucha contra el narcotráfico y recuperar la cooperación estratégica con Estados Unidos.

Mientras tanto, figuras de centro como Sergio Fajardo o Claudia López aparecen relegadas en las encuestas y sin capacidad de romper la fuerte polarización entre oficialismo y oposición.

Bajo la mirada de Washington. La elección también es seguida de cerca fuera de Colombia. Por el peso económico y geopolítico del país, el resultado será observado atentamente en Estados Unidos y en toda América Latina. Para Aguilar, lo que ocurra el 31 de mayo “mandará señales políticas hacia toda la región” y podría influir en el equilibrio ideológico latinoamericano en los próximos años.

EE.UU. aparece como el actor externo más atento, en un contexto en el que la relación bilateral es clave en seguridad, lucha antidrogas e inversión. El eventual cambio de gobierno podría ajustar prioridades y el tono del vínculo. En ese marco, el desenlace electoral en Colombia suma una capa más a un tablero regional en plena reconfiguración política.