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Un 4 de julio que se polarizó y convi rtió en batalla cultural

Soldado caído. Grupos de activistas, recreando la vestimenta de época, colocan una ofrenda floral. Foto: cedoc

La planificación del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos se convirtió en el epicentro de una profunda batalla cultural. Según revela el sitio Axios, la Casa Blanca y sus aliados orientan las celebraciones oficiales hacia una narrativa de oración y guía divina. 

Esto encendió las alarmas de críticos y opositores que denuncian que la conmemoración nacional se está convirtiendo en un evento de carácter marcadamente cristiano.

Para un sector de la población, el gobierno está politizando el aniversario del país. Para otro, los afines al mandatario, representa una oportunidad esperada para devolver la fe al centro de la historia fundacional.

Los organizadores del evento, elegidos por el oficialismo, apuestan por socios cristianos conservadores y un lenguaje enfocado en volver a consagrar a EE. UU. como “una nación bajo Dios”.

Una visión estrecha. Sin embargo, líderes interreligiosos y expertos advierten que esta agenda impone una visión estrecha de la identidad estadounidense en un momento en que el país es religiosamente más diverso y menos afiliado que nunca. 

Un ejemplo fue el evento Rededicate 250 en el National Mall, criticado por la ausencia de voces musulmanas, judías y de ramas protestantes afroamericanas. Robert P. Jones, fundador del PRRI, señaló a Axios la exclusión de las corrientes a las que pertenecían los propios padres fundadores.

Como alternativa civil nació Faith250, iniciativa interreligiosa que reúne a sinagogas, iglesias y mezquitas para estudiar textos históricos y celebrar la libertad religiosa de forma pluralista a nivel local.

Un choque religioso. Entre líneas, la controversia expone una paradoja histórica. Los fundadores de Estados Unidos  estuvieron más influenciados por la Ilustración que por la religión. 

Axios detalla que George Washington omitía a Jesús en sus escritos públicos, Thomas Jefferson editó el Nuevo Testamento para eliminar los milagros defendiendo la separación Iglesia-Estado, y John Adams rechazaba la Trinidad. 

Lo cierto es que este debate por el aniversario de la independencia estadounidense devela una nación fracturada entre el nacionalismo cristiano y su realidad diversa. Que es fomentada desde el propio gobierno de Trump.