Polémico socio de Chiqui Tapia: la AFA cerró contratos con un empresario israelí que confesó falsear reportes
La entidad madre del fútbol argentino le entregó la imagen internacional del equipo a Gilad Somjen, quien en 2016 admitió ante la justicia de su país haber armado una red de sociedades para evadir impuestos. El contrato incluía cláusulas éticas, pero los dólares terminaron desviados hacia paraísos fiscales.
Mientras la Selección Argentina juega sus partidos, los despachos de la Asociación Argentina de Fútbol (AFA) se mueven en un terreno financiero muchísimo más pantanoso. Una reciente investigación de La Nación destapó una verdadera caja de Pandora sobre la forma en que la entidad presidida por Claudio "Chiqui" Tapia monetiza la marca de los campeones del mundo. En los últimos meses, la casa madre del fútbol selló jugosos contratos de patrocinio con Gilad Somjen, un empresario israelí que arrastra un pesado prontuario judicial por fraudes corporativos y demandas internacionales.
El currículum del nuevo socio de la AFA es, cuanto menos, llamativo para poner su firma junto al escudo nacional. En 2016, Somjen y su grupo de negocios se declararon culpables ante la justicia de Israel por armar una red de sociedades offshore diseñadas exclusivamente para evadir impuestos. Como si fuera poco, en Estados Unidos tuvo que desembolsar 165 mil dólares de su propio bolsillo para frenar una demanda colectiva que lo acusaba de vender criptoactivos no registrados. Incluso teniendo esos antecedentes, la dirigencia local le abrió las puertas de par en par.
El apretón de manos virtual se concretó el 12 de diciembre de 2025. Ese día, la AFA aceptó una oferta de "Snow Media Limited" (una firma controlada por Somjen) para que la marca de trading Hedg.com se convirtiera en el sponsor regional de la Selección en Medio Oriente y África. Lo más insólito del documento es que incluye una estricta cláusula de "compromiso ético y anticorrupción", donde ambas partes juran bajo firma que los fondos no provienen de actividades ilícitas. Una formalidad de manual que choca de frente contra el historial de estafas del pagador.
Pero la verdadera magia de este acuerdo no está en quién pone la plata, sino hacia dónde vuela. Por el sponsoreo, se acordó un pago express de 400 mil dólares que jamás tocaron las cuentas oficiales de la AFA. Según los documentos filtrados, la asociación ordenó que gran parte del dinero (280 mil dólares) se depositara directamente a nombre de TourProdEnter, la empresa del productor teatral Javier Faroni, una firma que ya viene siendo investigada por la Justicia argentina y estadounidense.
Los 120 mil dólares restantes viajaron directamente hacia una cuenta del Bank of America a nombre de CAE Services LLC, una sociedad fantasma radicada en el paraíso fiscal de Wyoming. Los registros comerciales vinculan a esta empresa nada menos que con Juan Schreiber, el intermediario de Bariloche que quedó en el ojo de la tormenta por armar la telaraña de cuentas fantasma de la AFA en Miami.
Lejos de cortar el vínculo por el riesgo, el negocio se redobló a mediados de 2026. Justo antes de la semifinal frente a Inglaterra, extendieron el contrato hasta 2027 y sumaron a otra plataforma de trading financiera. El nuevo borrador resultó tan desprolijo que las cifras ni siquiera coinciden: la versión en inglés exige 450 mil dólares y la de español apenas 275 mil. Para esta nueva facturación de 245 mil dólares, la AFA volvió a cambiar de ventanilla y mandó a cobrar a Moon Euro Management LLC, una nueva caja recaudadora radicada en Dubái.
El blooper del domicilio y el silencio de radio
Entre tanta investigación de dólares, a la gestión de Tapia se le escapó un detalle administrativo que le arruina por completo su principal estrategia de defensa legal en tribunales. Resulta que las tres facturas emitidas por la AFA (que suman un total comprobado de 645 mil dólares) llevan la dirección de Viamonte 1366, la mítica sede porteña. Este simple papel destruye el argumento que la asociación viene usando para esquivar los controles de la Inspección General de Justicia (IGJ), donde habían jurado que su sede operativa y legal ya funcionaba exclusivamente en Pilar.
El historial de la empresa pagadora también tiene sus propios fantasmas y cambios de identidad. Los registros británicos demuestran que "Snow Media" es simplemente un cambio de maquillaje corporativo. Hasta 2020, la firma operaba bajo el nombre de "Cloud With Me", la misma fachada con la que Somjen y sus socios armaron la estafa de inversiones que terminó con la demanda colectiva en el tribunal de Pensilvania.
Frente a la catarata de documentos, firmas y desvíos comprobados hacia paraísos fiscales, la estrategia elegida fue poner todo en modo avión. A la hora de las consultas para tratar de entender cómo funcionan sus supuestos "filtros éticos", tanto el empresario israelí como la cúpula de la calle Viamonte aplicaron la misma receta: bajar las persianas, clavar el visto y refugiarse en un silencio sepulcral.
TC/MSS